Otro día de lluvia incesante en Santiago y en el teatro Mori de Bellavista arranca la cuenta regresiva para la primera función de la galardonada obra del dramaturgo Duncan Macmillan, Pulmones. Los nervios propios de las horas previas están en el aire y Francisca los admite sin vergüenza mientras caminamos hacia una cafetería del barrio. El trayecto es breve pero suficiente para evidenciar que en la mujer que saltó a la fama hace más de una década el tiempo parece detenido. Conserva la piel lozana y esa estampa juvenil de sus inicios en la teleserie 16 de TVN. Sin embargo, a nivel actoral hace tiempo que dejó atrás a esa joven recién egresada de la Universidad Católica que daba sus primeros pasos en televisión mientras defendía su vida privada de los tentáculos faranduleros. Hoy es considerada una de las mejores actrices de su generación, camina satisfecha por la vida y hasta se ríe de las cuentas falsas que tiene en Facebook, Twitter e Instagram. “Qué más voy a hacer. No puedo hacerme mala sangre. Este es un año muy interesante y estoy feliz”, dice, con una sonrisa espontánea.

En la adaptación que dirige Alvaro Viguera y coprotagoniza Francisco Ossa, la intérprete continúa tocando la tecla de la crítica social, pero ahora desde un lugar más universal. Pulmones es la historia de una pareja que evalúa si tener un hijo o no debido a la situación del medio ambiente, entre otras preocupaciones. “Mi papel es el de una mujer de treinta y tantos que representa al tipo de persona que siempre está muy informada y aspira a ser mejor persona y un aporte para la sociedad. Como está en un diálogo y análisis constante significó un ejercicio actoral tremendo, pero al mismo tiempo tiene un humor al estilo de Woody Allen así que todo ha resultado muy entretenido. Lo que me gustó del texto es que deja muchas preguntas y reflexiones dando vueltas. Además, es completamente distinto a todo lo que había hecho hasta ahora. Han sido dos meses de gran trabajo tanto a nivel creativo como escénico”.

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—Hay algo de ti que reconozcas en el personaje
—No, yo no soy así.
Su voz es suave pero firme y está en total sintonía con los modos y gestos delicados que acompañan. Sin una gota de maquillaje, Lewin es todo lo contrario a esa imagen de la diva inaccesible y complicada. Cercana y empática, dice que está convencida de que el interés en la intimidad de los artistas es una creación de los periodistas y no corresponde a una inquietud del público. “Cuando me paran en la calle siempre quieren saber de mi personaje o de la historia en que estoy participando. Nunca me preguntan si estoy en pareja o no”, afirma, al tiempo que agradece las críticas y el debate que generó la película Vida sexual de las plantas, donde junto a Mario Horton encarna el trance de una pareja tras un dramático accidente.

—¿Te aburriste de las teleseries?
—Como he tenido la suerte de salir y entrar muchas veces, hay una construcción en la prensa en el sentido de que soy súper radical respecto del género y la verdad es que lo mío es mucho más simple. Si puedo, lo hago. Soy de las que creen que el mal del actor es que siempre dice que sí. Pensar que tengo prejuicios con respecto a las telenovelas es no conocerme. Trabajé más de ocho años ahí y aprendí muchísimo. No pienso en lo que quiero sino en disfrutar lo que tengo. Claro que me gusta estar en proyectos que generen debate e instalen discusiones que también nos permitan revisarnos”. Ese mismo sentimiento aflora cuando habla de la serie inspirada en la vida de Martín Vargas con que debutará en la estación del grupo Bethia. Pese a que aún no hay fecha de estreno, adelanta que se trata de “la lucha del boxeador por alcanzar el título mundial en un contexto social y político muy potente”.

—En el área creativa hay quienes plantean que hay que trascender los tiempos de la dictadura, pero también se escuchan voces que afirman que la gran obra sobre esos años aún no ha sido escrita.
—Eso es consecuencia del discurso de los noventa que fue muy fuerte en el sentido de que la democracia tenía que ver con llegar a consensos y buscar la reconciliación. Ahora, lo bonito es que hay muchos de mi generación que adoptaron el tema como propio. Debería ser mal visto cuestionar ese tipo de historias.

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Un hito en su agenda de este año ocurrirá en Alemania, donde se reencontrará con el dramaturgo chileno más influyente de la última década, Guillermo Calderón. La cita será durante el otoño berlinés para el estreno de Mateluna. La pieza relata la vida de un ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez que tras colaborar en el proceso de creativo de la obra cayó nuevamente en prisión acusado de un robo, en el que no participó.
La misma inquietud que muestra en las tablas frente a los temas sociales y políticos se traslada a su propia vida. Desde ese lugar, defiende el derecho a pensar un país más justo y solidario, esto la llevó a firmar para que el movimiento Revolución Democrática se convirtiera en un partido político. “Más allá que en el futuro pueda no estar de acuerdo en todo y que mi compromiso en estos momentos no va más allá de la firma, quise salir de ese lugar cómodo, donde uno está un poco como espectadora y dar mi apoyo”, cuenta.