Dio la pelea para quedarse con la conducción del reality Padres lejanos que le significó a Francisca García-Huidobro (40) bajarse de los tacos, olvidarse un rato del maquillaje y de su vida urbana para instalarse por casi dos meses en pleno campo en Lonquimay. Allí, montada a caballo, entre tierra, pastizales y el arreo de vacas, sin señal de celular ni whatsapp, debía intentar la reconciliación de seis padres e hijos con relaciones quebradas, algunos de los cuales arrastraban incluso historias de abuso y violencia.

Quería partir, probarse a sí misma y a los ejecutivos de CHV que se la podía con un programa que no fuera farándula, aunque eso le significó dejar a su hijo Joaquín (8) con su papá (el periodista Julio César Rodríguez) y pasar su cumpleaños número 40 rodeada de animales. “Me vi en esa situación, ¡y me dio ataque de risa!; era mi cumpleaños, cumplía 40, ¡y nadie le había enseñado a esas vacas a cantar siquiera el cumpleaños feliz!”, dice riendo. “Pero fue simbólico… ¿Cuándo iba a pensar que en términos laborales estaría tan desprendida?”, reflexiona.

Hace rato que la actriz y animadora de Primer Plano —tras un proceso de revisión personal, mea culpas y cuestionamientos—, venía precisamente despojándose de miedos, egoísmos y ciertas actitudes que —según ella— le afectaron en sus relaciones laborales y le impedían consolidarse con una pareja. Se impuso entonces abrirse, empatizar, girar menos en torno a ella, ser más mina y mujer, y no ir tan de “chora” por la vida para permitirse estar con alguien sin culpa y temores…

—¿Lo logró?
—Poco, entonces no sabía que estaría tres meses viajando, entre las vacaciones que me tomé con mi hijo, fui a España a buscar a una participante para el programa y luego partí a Lonquimay. He tenido la cabeza en otra cosa, sin el tiempo de conocer a alguien. Por supuesto mi posición hoy es distinta, pero nadie aún me ha motivado a hacer la pega…

—Dijo que el egoísmo cruzaba su vida, ¿está haciendo un trabajo en ese sentido?
—Mucho, sobre todo en lo laboral. Lo más tangible fue aceptar hacer Padres lejanos. Es una licencia extranjera y no todos le tenían fe, pero me la jugué, aun cuando estaba en plena negociación de contrato e implicara salirme de mi zona de comodidad y partir a campo traviesa; soy muy santiaguina, ¡muy de peluquería!

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—¿Qué la motivó?
—Me mató el formato. El director Carlos Valencia y la producción pensaron que nadie asumiría el desafío, y dije: “yo lo hago, ¡y lo hago sola!”. Me enamoré hasta las patas del programa, lo último que me importó fue cómo me veía. No llevé peluquería, maquillaje, ni vestuario, y los que me conocen saben que para mí es heavy… Me puse a disposición del equipo. Miraba cómo trabajaban, hacían reuniones de pauta hasta muy tarde, se distribuían los turnos, y pensaba: “¡cresta!, y yo que estoy acostumbrada a llegar a los programas cuando están listos”. Allá debí hacer de todo, desde recoger micrófonos hasta recortar figuritas, ¡éramos todos iguales!

—¿Le costó pasar a ser una más del equipo?
—Me encantó. A veces los que trabajamos en TV perdemos esa noción; estamos acostumbrados a tener cuatro personas girando en torno tuyo. Me costó volver a Santiago, a los bocinazos, a los tacos. En Lonquimay a las siete de la tarde están todos en su casa, y el único ruido es el perro que ladra en la plaza o el gallo que se equivocó de horario.

“Tanto pedir un proyecto diferente; ¡éste me cayó del cielo! Acostumbrada a lidiar con personas conocidas, que saben del juego de la TV, aquí estuve con gente que no había visto en mi vida, que no manejan los códigos televisivos. Tenía que estar ahí, retarlos cuando se salían de madre, consolarlos cuando no eran capaces de reponerse y hasta saber responder cuando reclamaban por comida. Fui todo: mamá, sicóloga, amiga”.

Padres lejanos se trata de un viaje de 200 kilómetros que hacen seis padres con sus hijos con relaciones totalmente quebradas, en el cual deben arrear 200 cabezas de ganado desde Lonquimay hasta la frontera con Argentina. La idea es que en ese recorrido hagan terapias con sicólogos expertos y se reconcilien. “Antes de hacer el programa leí El encuentro con la maternidad y Tu propia sombra. Creí importante comprometerme con las historias, pero no pretendía hacer mi propia terapia en la tele. Estaba demasiado vulnerable, no quería hacerme daño… pero fue imposible, habían historias demasiado potentes”.

—¿Alguna que la tocó de manera especial?
—Me sentí reflejada en que yo también soy hija de padres separados, pero por fortuna me trajo puros beneficios: papás más felices, nuevas familias…

—Tiene un tema con su padre que cada vez que lo nombra se emociona.
—Las hijas somos unas enamoradas de nuestros padres, y en una mayor o menor medida, la relación con los hombres dependerá si la tienes resuelta con tu papá. El mío, un par de veces, se ha acercado a decirme  —como cuando me compré este departamento—, estoy súper orgulloso de ti, de lo que has conseguido, de cómo reinventaste tu carrera. El me vio en el fondo del pozo cuando me quedé sin pega como actriz, y con la impotencia de no poder sacarme de ahí, de que todo dependía de mí. No sabía hacer nada más, hoy tampoco; no soy periodista ni abogado, pero al menos sé lo que quiero. Me di una vuelta muy larga eso sí; me costó entender que no servía para actriz. No era carismática ni talentosa, por eso fui siempre la del montón.

Entre las historias de padres e hijos que Francisca conoció en el sur, le impactó la de un joven homosexual que se prostituye sin necesidad, y su madre no puede soportarlo. Hay otra chica que hace 15 años no veía a su papá, y en medio de las terapias salió una historia de violencia intrafamiliar y abusos… “Pensé que mis limitaciones serían físicas, soy la menos indicada para andar arriba de un caballo, sin embargo, mi dolor más heavy fue ver cómo los hijos trataban a los padres y cómo éstos tampoco los entendían a ellos”.

—Una falta de comunicación transversal.
—Al igual que nuestros padres, pertenecemos a una generación que debió dejar a sus hijos por salir a trabajar, y después se encuentran con ellos ya grandes y no los entienden; y éstos a su vez tampoco respetan a sus papás porque no estuvieron para límites o reglas. Es como un criar de nuevo, con hijos que no son tan distintos a lo que somos…

—Lidiar y manejarse en relaciones tan conflictivas no debió ser fácil.
—Los participantes se encontraron con una mamá, una hermana, una inspectora de colegio. Pedí trabajar sin “muela” en la oreja para ser más espontánea, y hubo un par de situaciones límites en que me salí de madre, ¡no sé cómo lo van a editar! Aun así, me llamó la atención el respeto que me tenían. Había gente mayor que me pudo decir “qué te metes tú mocosa ridícula”, porque además yo sin taco, ¡me veo enana! De hecho la concursante española que era estupenda me miraba con cara de “¿y ésta es famosa en Chile?, ¡qué pobre el espectáculo chileno! Hubo momentos de enojo, de mandar y poner orden, otros de vulnerabilidad… Ellos conocieron a mi hijo cuando fue a verme, me cantaron el cumpleaños feliz, lloraron en mi hombro, se emputecieron conmigo, reímos…

—¿Cómo fue cumplir 40 allá?
—Tenía organizada una tremenda fiesta, quería tirar la casa por la ventana, porque la gente ya no baila, sin embargo, lo pasé de la manera menos esperada. Pero fue simbólico. Estar allá fue lo máximo; a mis 40 una vez más le torcí la mano al destino. Podría haber seguido en Primer Plano para siempre, como jurado en programas y ganarme así las lucas, ¡pero no! Aposté por algo distinto y demostré que podía, aunque la negociación y renovación con el canal no fue fácil; soy sandía calada en un ámbito, para qué apostar e invertir por mí en un reality si no sabían si iba a funcionar.

—¿Le costó llegar a acuerdo con el canal por dinero o por espacios que no querían darle?
—Gano mucha plata, lo que quiero ahora es ser feliz. Ahora no transo mi tiempo. Descubrí que me gusta mucho viajar, mi tranquilidad. He ganado mucho en CHV, pero también me he roto el lomo trabajando; ya no quiero hacer seis estelares al año, sorry, estoy más vieja. Hoy la negociación pasa por proyectos, no por plata; la pelea entre lo que yo quiero hacer y lo que ellos quieren que haga. Mira, Padres lejanos puede resultar un gran fracaso, pero ahí tengo puestas todas mis emociones para este 2014…

—Finalmente no resultó ser tan de hierro.
—No, y eso la gente lo sabe. Esa imagen se formó de la mano con los medios, porque soy puntuda, tengo una manera de hablar, de expresarme, con un look más duro, y a pesar de mi 1.60 metro, ¡taconeo la patúa! Eso lo traigo de mi casa donde el que no era de lengua rápida, ¡fregaba! Fue un personaje que me sirvió, que lo dejaba cuando quería, como ocurrió en Talento chilenoQuiero un cambio y ahora en PP estoy muerta de la risa.

—¿Cuál fue el costo de mostrarse tan dura?
—Los costos los pagué cuando me separé de Julio César siendo opinóloga de SQP, y el año pasado cuando me peleé con mi equipo de PP. Pero han sido costos más externos, como llegar a un lugar y que te digan “usted me da miedo”, pero jamás me lo he tomado en lo personal. Lo pasé bien como la dama de hierro, pero también me encanta el giro que di ahora. No puedes ser yegua todo el rato, está bien de vez en cuando.

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“Me agotó el taco alto, estaba chata del personaje de TV con sentido del espectáculo. El proyecto del sur me dio energías para volver a ponerme la pestaña postiza que también es parte de lo que hago”.

—¿Necesitaba matizar?
—¡Exacto!, en TV todos hacemos lo que nos apasiona y también para lo que servimos. Sirvo para PP, y está demostrado; hace como cuatro años que quieren sacarme, ¡y ahí estoy! Y te repito, para mí era súper cómodo quedarme ahí, arrendar una casa en la playa, irme los sábados y volver los jueves. Pero no soy tan vieja para echarme en un sofá, jubilarme y cobrar el cheque a fin de mes. Como actriz no tuve la ambición ni herramientas suficientes para hacer más, ahora las tengo, y soy capaz de jugarme por un proyecto e hinchar las pelotas hasta que me lo den. Todavía tengo energía, ánimo para hacer cosas, y si me pego el tremendo porrazo con Padres lejanos, será a mucha honra; salí ganando desde todo punto de vista.

Así como se cansó de ser un producto televisivo, también se aburrió de ir de “chora” por la vida, de aparentar que todo le da lo mismo, que no está ni ahí y se la banca sola. “Es un personaje que igual me tenía agotada; necesitaba mucho más cariño del que estaba dispuesta a reconocer, ya fuera de pareja, familia o amigos”.

—¿Ha tenido la oportunidad de demostrar ese cambio de disposición con algún pololo?
—Salí con dos personas el año pasado, y te prometo que quedé curada de espanto. Hay cada pastel… Un día uno llegó con una caja de chocolates y una botella de champaña que cuestan ¡tres sueldos mínimos! Y al día siguiente me manda de regalo una cartera Louis Vuitton. No sé con quién creyó que salía, tal vez una cabra más chica se obnubila, yo no. Por supuesto la cartera fue devuelta y los chocolates regalados.

—Parece que no está fácil el mercado para las mujeres de 40.
—Estamos hasta el moño. Me jubilo escuchando a mis amigas solteras o separadas de mi edad que salen con cada pastel como el recién separado, que nunca lo ha estado o vive con la señora mientras está en el proceso. El segundo pinche que tuve quería casarse y tener hijos altiro. Estoy más dispuesta a la pareja, ¡pero nunca tanto! No está fácil para nosotras, además que los heterosexuales no han aprendido nada de los gays…

—¿En qué sentido?
—Como cacharon que tienen más mercado, están más feos, hediondos, con el pelo mal cortado, guatones… Los gimnasios y centros de depilaciones están llenos de mujeres de 30 poniéndose lindas para el tropel de feos.

—¿Le preocupa la escasez de mercado?
—Hay mujeres dispuestas a transar con tal de apoyar la cabeza en un hombro peludo, para que les regalen lujitos o paguen las cuentas. Hay otras como yo que trabajamos, que nos mantenemos solas, que queremos un compañero, y no a un jefe, un papá o un hijo, y esas son las que estamos solas. Yo necesito un partner, con su vida resuelta en todos los ámbitos, y lo suficientemente seguro y adulto para sobrellevar mi carácter y lo que represento: una mujer sola de 40, ¡y dama de hierro!

—¿Ha ido variando su tipo de hombre?
—Sí, cambió mi forma de verlos. Como era egoísta, buscaba un muñeco, que me siguiera en todas. Que fuera príncipe y sapo según mi conveniencia; quería un escolta, pero al final me encontraba con puros pelmazos. Perdí gente valiosa buscando otra cosa… Mi papá me dice que “ya llegará alguien”, y si él lo dice, ¡le creo! No me ha faltado, a nadie le falta, por eso me da rabia esa manía de los hombres de insultar a las mujeres diciendo que les falta sexo. Aquí en Chile la que quiere tener sexo, ¡lo tiene! Si para pegarse un polvo, ¡cualquiera!, el tema no es si te tocó o no te tocó, a una le toca cuando quiere, pero de ahí a que se convierta en una relación importante, es otra cosa.

Negoció no hacer Primer Plano en enero y febrero, y parar un mes en invierno. Por eso Francisca volverá a la conducción del estelar farandulero en marzo, esta vez acompañada de Cristián Sánchez, tras la renuncia de Jordi Castell e Ignacio Gutiérrez.

—Se dijo que usted se iba de PP, pero tras la partida de Castell y Gutiérrez debió regresar para evitar la crisis del espacio.
—No es cierto. Yo soy la conductora, y el rumor de que me voy existe hace mucho. Me imagino que PP interesa y marca rating, pero me sorprende que nos inventen al menos tres crisis por año.

—Pero que dos de tres animadores se vayan, no es menor. Castell habló de sus diferencias y decepción con el director de Contenidos Pablo Morales
—Las relaciones con los ejecutivos son siempre complicadas, y Jordi tiene el derecho a manifestar sus desilusiones; todos hemos pasado por eso. Es complicado comentar el tema porque Pablo Morales es mi jefe. Jordi tenía además una oferta de TVN imposible de rechazar, y me consta porque fui parte de ese proceso. Además PP no era suficiente para él, y tiene razón. Y Nacho es el conductor con más trabajo en CHV: conduce el matinal, viene con dos estelares nuevos, ¿qué quieren?, ¡¿que trabaje de lunes a domingo?! Es natural que alguien quiera descansar de algún proyecto, y PP no es el más importante para él.

—¿Y a usted no le dan ganas de descansar de Primer Plano?
—Sería muy fresca, no hago un matinal diario, al contrario, debería ser más vivaracha y quedarme solo ahí. Soy la única que pude salir dos meses del programa, que tiene seis semanas de vacaciones al año, y ahora la idea es no hacerlo en verano y volver en marzo. PP es un programa maravilloso, pero cansador. He tratado de lograr un equilibrio para que el canal haga su negocio y yo el mío, y lo logré con Talento chileno, con Quiero un cambio y ahora con Padres lejanos… Le torcí la mano a la industria, pero eso significa que debo seguir en lo que demostré que sirvo, y eso es Primer Plano.

—¿Es el costo que debe pagar para hacer lo que realmente le gusta en TV?
—Decir que es un pago, sería muy barsa. Lo pasé increíble estos últimos cuatro años con Nacho y Jordi que son mis amigos, a pesar de lo que digan. Y entiendo que se hayan aburrido de ser los edecanes, porque siempre se dijo que el programa era mío en desmedro de ellos. Me encanta trabajar con hombres, ser la única mujer del grupo…

—Ya dejó de serlo con la llegada de Lucía López. ¿No es riesgoso dejar su puesto dos meses?
—Yo trabajé con Lucía, estaba lista para reemplazarme y Bibiano Castelló me la levantó y se la llevó al 13. Ella me encanta, es inteligente, buenamoza, culta, con discurso. Hace cuatro meses que venía convenciéndola que se viniera, entendía sus resquemores, pero le expliqué que no es un simple reemplazo: será conductora tres meses en el año, y si al reality Padres lejanos le va bien, en noviembre me voy otro mes, o sea estará casi un tercio del año a la cabeza. Estoy feliz de que llegue…

—Cristián Sánchez dijo que PP no es su programa ideal e impondrá su sello.
—Fue una frase desafortunada, no existen programas ideales, para nadie. Lo conversaremos en su momento, y le daré su raspacacho. Lo único que le digo a Cristián es que se sume al equipo y se ponga a trabajar.

—¿Qué le parece que CHV haya escogido a Carolina de Moras para conducir el Festival en desmedro de otras figuras como usted que llevan más tiempo en el canal?
—No hacer el Festival es una decisión mía, de nadie más; ¡no me interesa el festival! Sigo sin entender por qué tantos rostros creen que el escenario de Viña es el posgrado u objetivo máximo de un animador. Yo el cuarto día que estaba en Lonquimay descubrí que ese era mi Festival de Viña, y se lo dije al equipo, ¡eso es lo que quiero hacer!

—Y un espacio político también está dentro de sus intereses, ¿lo conseguirá algún día?
—Me encantaría así como conducir un late, pero sería una malagradecida no reconocer todas las oportunidades que me ha dado el canal. En este gallito, no me puedo quejar.

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—A propósito de política, ¿votó en las elecciones?
—Sí, en blanco. Voté por Michelle Bachelet la vez anterior, luego por Sebastián Piñera, pero me arrepentí, la política es un negocio miserable. Opté por ellos, pero no por los que están detrás: Girardi, Escalona, Lavín, Longueira… Al final terminas votando por ese tropel de pelmazos que están apernados y agarrados como koala a sus cargos. Y si no salen senadores, les pasan un ministerio.

—Tan decepcionada, y eso que pensó en incursionar en política.
—Tuve ganas de una carrera política, de ir a pelearla como senadora o diputada, pero ahora digo, ¿para qué? ¿Qué gano con gritar como una enferma mental en el Congreso, peleando con esos dinosaurios? El otro día se pospuso la discusión del AVP, ¡por culpa de la UDI! No, a los dos meses, ¡me quemo a lo bonzo! No tengo carácter para transar tanto, no podría dormir tranquila. Camilia Vallejo dijo que no estaba con Bachelet, ¡y después llama a votar por ella!

—Se nota que le indigna.
—Camila Vallejo no es tan distinta a Bachelet ni a Evelyn Matthei; transarán con sus partidos. Nadie en política genera sus propias ideas. ¿Quién va a apoyarme en mi postura sobre libertades personales, matrimonio homosexual, aborto terapéutico, despenalización al autocultivo de la marihuana?, ¡nadie!

¿Bachelet cumplirá los cambios?
—En los que a mí me importa, ¡ninguno! Ojalá haga cambios para los más necesitados, a ellos finalmente le cambia la vida el gobierno de turno con los bonos chao suegra, chao marzo, bono tres hijos… No les afecta el cambio de Constitución, sino la plata que les den para vivir. Y creo que Piñera sí hizo cosas, pero ni él ni su tropel de secuaces tuvieron el carisma de transmitirlo, a diferencia de Bachelet, que donde más votos sacó fue en la región del tsunami. Y pienso distinto a la doctora Cordero, porque creo que el voto de la señora Bertita debería valer más que el mío; ella usa el Transantiago, Fonasa, y tiene a sus hijos en escuelas públicas. Debiera valer el doble mío, y el triple que el de la doctora Cordero.