Este pareciera ser su año. Además de los buenos resultados de Primer Plano (PP), su programa Maldita Moda (la versión chilena de Fashion Police) se ha ido consolidando como uno de los más vistos de Chilevisión, lo que no sólo vuelve a situarla como una de las mujeres fuertes de esa casa televisiva, también trajo de regreso su lado más maldito e irónico. El mismo que la llevó al estrellato, con el que generó amor y odio con sus implacables comentarios y por el que se hizo llamar “La mujer de hierro”. Un papel que a Francisca García-Huidobro (41) le gusta, le acomoda, la reposiciona, con el que provoca y da que hablar, y que, sin embargo, debió guardar un largo rato por el tono más conciliador que tomó PP estos últimos años, luego de recibir una serie de denuncias en su contra ante el Consejo Nacional de Televisión.

Instalada en su departamento de Vitacura, con una copa de champaña en la mano y un cigarrillo en la otra, sabe que sus ácidos comentarios y agudas críticas en contra del look de varias famosas han calado hondo en algunas, como Javiera Acevedo, Katherine Salosny, Carola Jorquera, entre otras, con las  que ya se enfrascó en polémicas. Pero a Fran poco le importa. “Esta es mi pega”, dice, dispuesta a ponerle el pecho a la artillería que le llegue de vuelta, partiendo por el cuestionamiento de muchos sobre quién es ella para hablar del look, qué conocimientos o cercanía tiene con el mundo fashion para opinar de los demás y más encima definir a la mejor y peor vestida de la semana; decisión que en Maldita Moda recae en ella y solo en ella. “Tengo el mismo derecho a opinar que la señora Juanita sentada frente al televisor. Claro, con la diferencia que yo defino a la mejor y peor vestida. Es autoritarismo, ¡punto!”.

Se nota que lo está pasando bien, y en eso no sólo ha influido este nuevo rol televisivo con el que está dando que hablar. Mucho tiene que ver su nueva relación con el periodista deportivo de TVN Manuel de Tezanos (37, separado, una hija) con el que va a cumplir cinco meses, y con quien está intentando ser menos egoísta, temerosa y desconfiada que en sus relaciones anteriores. En eso también ha contribuido el ex comentarista de Fox Sports, quien la ha ayudado a bajar sus barreras con las que tendía a protegerse, apoyándola además en su nueva faceta estilo Joan Rivers, en un año que Fran califica como redondo.

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—Tras el fracaso del reality Padres lejanos, ¿no temió embarcarse en un nuevo proyecto?

—Mi carrera ha sido de altibajos porque funciono en torno a las oportunidades que se me presentan y a mi intuición. Padres lejanos continúa siendo un dolor heavy; sigo pensando que la culpa no fue mía, sino de la prensa, de cuando salimos al aire, en fin… Y ocurrió que hace un año estaba en Estados Unidos cuando murió Joan Rivers, de quien era fanática, y pensé que ya habiendo CHV conquistado el tema de las alfombras rojas —que fueron un gran negocio—, era una buena idea incorporar esa sección a Primer Plano. Conversé con Carlos Valencia, y la idea fue un éxito. Me permití volver a hacer este personaje más maldito y políticamente incorrecto, aunque esta vez con el humor de quien envejece y se siente con más libertad.

—Las villanas también envejecen.

—Soy una mujer de casi 42 años, voy a cumplir 20 en TV y me ha tocado hacer muchas cosas, aunque no lo he hecho todo. En el fondo, lo estoy pasando bien. Después de mucho, volví a trabajar en un programa donde no tengo pauta ni sonopronter, hecho a mi medida, donde actúo con libertad absoluta. En esta vuelta, me revisé nuevamente, por ejemplo reparé en qué momentos era demasiado irónica, porque la idea es que tu humor lo entienda la mayor cantidad de gente, aunque siempre tendrás fanáticos y detractores; es la historia de mi carrera.

—Pareciera que le acomoda que la amen y la odien.

—Me gusta generar cosas, es parte de mí; aspecto que fue muy utilizado en un momento, pero porque yo quise. Jamás he dicho que me pusieron en un lugar y abusaron de mí. Primer Plano siempre tuvo un poco de eso, aunque ha cambiado y yo he ido mutando con él. Ahora tiene harto humor, quizá por mi dupla con Julio César (Rodríguez), donde reapareció la Fran buena para la talla y el comentario ácido. Mi lengua es ácida, debe ser porque no soy buena para los dulces. Volví a permitirme ser yo. Y ojalá tuviera el talento y libertad de Joan Rivers; tengo 30 años menos que ella, me queda tiempo todavía…

—Sin embargo, mientras usted lo pasa bien, varias mujeres se han sentido perjudicadas con su lengua filosa.

—Es triste y divertido que algunos se lo tomen tan en serio. Hay una contradicción; Chile y el mundo son un exhibicionismo permanente. Con Facebook, Twitter, Instagram, todos sienten la necesidad de comentar y de mostrarle al mundo cómo anda vestido, si está o no en una relación, si está en tal lugar a tal hora. Pero cuando eso se hace público y aparece en televisión, ¡es culpa de la tele! Y en el caso de los futbolistas, se habla de perversión, humillación, bullying. Quienes van a una alfombra roja trabajan en la tele, y así como yo me preparo para salir lo más linda posible en la portada de esta revista, esa gente también debe preocuparse. Ahora, Maldita moda no es para tomárselo en serio porque hay una dictadura, soy yo solita quien elige al mejor y peor vestido.

—Muchos le cuestionan esa atribución y se preguntan ¿quién es usted para definir quién se viste bien o mal?

—¡Yo nomás poh! Soy igual que la señora Aurelia que está en su casa viendo la alfombra de los Oscar y dice: “Ohhh, que se ve mal, por qué se fue a poner ese vestido”. Esa soy yo, pero en la tele. Además, tengo algún pasado fashionista. Fui la mejor vestida durante muchos años, como también a veces fui la peor. Recordarás aquel paso por la alfombra de Viña con mi vestido de lámpara, ¡que sigo amando! También se me cuestionó cuando fui jurado de Fiebre de baile porque no era bailarina o cuando lo fui de Talento chileno, porque no tengo ninguno, ¡algún talento debo tener!

—¿Tiene algún tipo de cercanía con la moda?

—Me encanta. No soy una seguidora ferviente porque no tengo la estatura ni el cuerpo para ponerme todo lo que se lleva en la temporada, pero me gusta la ropa, las cosas lindas. Hace diez años tengo asesora de imagen, una maquilladora y peluquero. Aun así, desde que conduzco Maldita Moda, nunca más fui a un evento.

—¿Por qué?, qué injusto dirán algunos.

—Porque ahora estoy en el otro lado. Y cuando cruce la alfombra de Viña, aceptaré todas las críticas como lo he hecho siempre, sin botar una lágrima y sin insultar a nadie como lo han hecho conmigo. Solo hablamos de moda, a nadie le he dicho que es mala persona, sólo que tal vestido ¡le queda pésimo!

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—Carola Jorquera dijo que jamás trabajaría en un programa como el suyo que en vez de contribuir, destruye.

—Algunos rostros no tienen manejo y se ven atrapados por sus declaraciones. Insisto, para mí es un juego, y no falta la que se ofende y me manda recados de “oye, ubícate, yo no me dedico a la moda, sino a cosas mucho más importantes y bla bla”.

—¿Kathy Salosny fue una de ellas?

—No, ella me respondió en público que por qué no cambiaba de look, le dije que para qué si el que tengo me queda bien. Siempre contesto, no lo sé hacer de otra manera, estoy genéticamente diseñada para hacerlo sea quien sea. Ivette Vergara fue otra que se enojó cuando se convirtió en ícono de la primera temporada por usar chala con media.

—No se lo perdonó, estaba muy molesta ella.

—¡Yo no se lo perdono!, ni a ella ni a nadie.

—Le gusta provocar, definitivamente.

—Me gusta provocar pero igual represento a las señoras en sus casas que estarían felices de que le pusieran una cámara para echar la talla. Y el chileno que es súper violento en Twitter, también es de un humor muy negro e irónico. Y me di permisos para ciertas frases con repetición que van generando conceptos: chala con media, ¡no!; la que puede, puede y la que no, saque fotocopia. Y todas las semanas pongo la foto del supuesto personaje que me ayuda a escoger los looks, y me permití poner al hijo de Michelle Bachelet, a Bonini, hace unas semanas recogí del suelo a Arturo Vidal. Son cosas que por mucho tiempo no podía hacer, y hoy tengo la libertad, sabiendo que me juego el pellejo cada vez que hablo y que tampoco me voy a inmolar por tirar una talla y perder mi pega.

—¿Cuál es su límite?

—Me meto con las cosas públicas, no con la intimidad ni con los niños. Tampoco le puedes decir a alguien que parece refrigerador ni mandarle a hacerse una cirugía plástica, como le dijo Luciano Brancoli a la tía Sonia. Ahora, si a alguien le duele el alma que le diga que devuelva los zapatos al circo de Los Tachuelas, sorry, es mi opinión.

Las chilenas se están vistiendo cada vez mejor, dice Francisca. En eso siente que con su programa ha contribuido. “Es más, diría que hay que bajar un poco la preocupación porque se fueron para el otro lado, ya que muchas llegan a los eventos ultraproducidas. Sin embargo, creo que la chilena ya entendió que más vale tener pocas cosas pero buenas, que tanto cachureo. El must de este año son las zapatillas blancas”.

A su juicio, las mejores vestidas son Vanessa Borghi, Tonka Tomicic, Carola de Moras, Fernanda Urrejola y la ministra Ximena Rincón.

—¿Y las peores?

—Antonella Ríos, Maca Hamilton, María Alberó se recarga bastante, qué ganas de verla con un vestido negro y un prendedor clásico. También tendré que nombrar a la Presidenta, pero nada que hacer, bueno ha aparecido poco últimamente, ¿será por eso o porque pasa leyendo la prensa? Uf, esta talla me costará cara (ríe).

—¿Qué le aconsejaría a la Presidenta para mejorar su apariencia?

—Sería súper injusto aconsejarla en ese sentido y no hacerlo con el tropel de viejos mal vestidos que anda con ella, ¡porque habría que hacerle un fashion emergency a todos! Ella obviamente tiene un cuerpo particular, ha tenido momentos con mejores looks, pero estos tienen relación con cómo lo está pasando, y Bachelet no podría verse bien si lo está pasando pésimo. También Sebastián Piñera se vestía como las reverendas, nunca tuvo conciencia de su cuerpo. Un mandatario con sastre que le hace los trajes a la medida, ¡no se pudo haber condoreado tanto!

—Ese lado maldito que está reflotando debe exponerla nuevamente, ¿no se cansa?

—Los costos los pagué antes, cuando me importaba, en momentos que realmente me afectaba que dijeran que era mala persona porque me dedicaba a esto, que no le he ganado a nadie o que llegué a la farándula porque fracasé como actriz, de lo que me di cuenta antes que las propias áreas dramáticas. Intento vivirlo con humor, aunque no soy obtusa frente a la crítica. En general trato de obrar bien, no soy una persona mala, sino perversilla, me gusta la talla irónica, pesada, pero no me produce placer el dolor ajeno ni hacerle daño a alguien. No me solazo con la desgracia ajena. La maldita es divertida, es la villana del cuento que siempre termina un poco mal. Ando poco en la calle, mi máximo feedback con la gente es cuando voy a un mall o a la farmacia. Y me sorprende que un programa con tan pocos capítulos se haya convertido en una marca tan reconocida.

—¿Por qué pegó tan fuerte?

—Es mérito del equipo que trabaja año corrido, que vive con las antenas paradas… Y díganme pelotuda, superficial, pero a la gente le gusta la farándula también. Ver todos los días cómo te estafan, te roban, en que no puedes confiar en las autoridades ni en la Iglesia, siempre pensando que te pueden hacer un portonazo o secuestrar a tu hijo, al final del día quieres relajarte. Por eso mis programas y Morandé con compañía siguen funcionando. La entretención en este país es un pecado, y eso es lo que busco generar. No vivo la realidad del chileno, sería una ‘fresca de raja’ decirlo, y veo con angustia y asimismo con orgullo cómo se vuelven a levantar después de alguna tragedia o luego de que le han robado todo.

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Cinco meses de pololeo va a cumplir con el periodista de TVN Manuel de Tezanos, a quien conoció en el estadio San Carlos de Apoquindo, donde suele ir casi todos los fines de semana acompañando a su hijo Joaquín (9); un ferviente hincha de la Universidad Católica. “Recuerdo que nos tocó un partido complicado, en que la Católica de ir ganando tres a cero, empató a tres, y tuvo que ir a penales. Mi hijo lloraba amargamente, y de repente alguien se le acerca y le dice: ´tranquilo, ¡vamos a ganar!´. Y ese era Manuel. De ahí nos pusimos a conversar, teníamos varios amigos en común, y después de eso me invitó a almorzar. Así partió todo”.

La animadora cuenta que estos primeros meses juntos han sido extraños, de mucha distancia, porque a pesar del corto tiempo que llevan, pasaron varios períodos sin verse. “Fui de vacaciones a México con mi familia, después él tuvo la Copa América y en julio partí un mes a Nueva York con mi hijo. Recién ahora hemos tenido una relación más cotidiana, de organizarse de a dos que es lo que más me cuesta, aunque con él ha resultado fácil”.

—¿Qué ha pasado con sus miedos y egoísmos que confidenció hace un tiempo a CARAS que terminaban afectando sus relaciones?

—Estoy tratando de no ser egoísta —que es mi gran defecto como pareja—, cuando siento que el otro invade mi espacio más íntimo. Esta vez me lo he tomado con calma, porque son cosas que al final te joroban. Y entendiendo, como me dijo mi papá hace unos años, que estar con otra persona es un trabajo, en que debes hacer cosas por el otro aunque no tenga ganas.

—¿Está más dispuesta hoy a jugársela para que resulte?

—Sí, si no para qué. Tampoco soy perfecta, no pasé de ser la más egoísta a la más generosa, pero hago el intento. Por mis miedos, solía entablar relaciones con hombres más intensos que yo, que al final terminaban ahogándome. Ahora no quiero eso, sino una relación normal, que vaya de menos a más… Lo más importante es que aprendí a compartir mis tiempos. Antes todo me daba lata, era floja y buena para dormir, hoy lo acompaño sin cuestionarme, y lo paso increíble. Además Manuel trabaja de noche, entonces nuestros momentos para encontrarnos no son tan raros. Almorzamos en la semana, nos tomamos un trago a las 8 PM. Y que ambos trabajemos los fines de semana, hace que no existan reproches entre nosotros.

—Se ve un hombre tranquilo, pausado, también debe influir ese temperamento en usted.

—Es tranquilo, sobrio, pero también se sorprende. Hace miles de cosas, ahora está entrenando para la triatlón… Ha sido un súper buen compañero, y creo que he sido una mejor compañera. Con Joaquín también se ha dado todo, él ha encontrado sus espacios. Es bonito ver cuando los niños empiezan a tener sus intereses y triste darte cuenta de que por años hiciste el loco creyendo que estos cabros eran el apéndice tuyo. O sea en muchas cosas ya lo incomodo, entonces ya no me siento culpable de que le estoy quitando tiempo. Ojalá que se alinee todo y siga funcionando.

—¿Está con ganas esta vez de proyectarse?

—No lo he pensado, no llevo tanto tiempo para entrar en esa dinámica, aunque tampoco digo no, por ningún motivo. Es difícil emparejarse cuando eres más viejo, tienes tus mañas, hay que ir cediendo espacio de a poco. Y esto es mutuo, ocurre cuando se juntan dos personas con vidas distintas que hay que ir encajando.

—¿No le complica a él su mundo farandulero y que trabaje además con su ex pareja?

—Nada. Cuando conocí a Manuel ya trabajaba con Julio; era un escenario dado. No veo en él ningún problema, quizá porque sabe también que no hay conflictos al respecto. Julio, al igual que yo, debe estar feliz de que con Joaquín estemos contentos.

—¿Cómo ha sido este tiempo trabajando con Julio César?

—Tiene muchas cosas buenas y malas como lo es trabajar con cualquier compañero. Tenemos discrepancias, discusiones sobre cómo plantear ciertos temas. El es un acérrimo periodista y yo una acérrima mujer de espectáculos; tenemos visiones distintas.

—¿Cómo ha vivido la crisis económica y de audiencia de CHV, que según su propia gente ha generado una sensación permanente de inestabilidad?

—La crisis de esta industria es la misma que vive el país. Lamenté la salida de Jaime de Aguirre, porque fue él quien me enseñó que la TV no es para tomarse revanchas personales y que cuando ponía mi cara al aire, representaba a mucha gente. El nuevo director ejecutivo Francisco Mandiola fue súper abierto en su llegada, sabiendo perfecto quién era cada uno. Y como empleada de televisión, entendí que ésta debe generar ganancias, y los programas o rostros que no lo hacen, no pueden seguir operando. Tengo la suerte de trabajar en un equipo que produce recursos. Porque así como TVN no pudo seguir pagándole el sueldo a José Miguel Viñuela, CHV no podrá seguir pagando ciertos sueldos o realizando algunos programas si quiere tener números azules.

—Polémico fue el email que mandó el señor Mandiola al personal, con supuestas amenazas de despido a quien entregue información sobre el canal.

—No me llego, ¿tendrá mi email? No sé qué tipo de contratos tendrán la gente de planta, pero como rostro tengo una cláusula de confidencialidad que me obliga a no comentar los proyectos. En esta industria es fundamental, porque la competencia es feroz.

—En diciembre termina su contrato, ¿se ha planteado emigrar?

—Me gusta mi programa de moda que está recién partiendo, y mientras más vieja lo haga, más graciosa seré. Soy una agradecida, y si tengo que hacer PP 20 años más, ¡lo voy a hacer! Lo paso bien, me pagan mejor y puedo educar a mi hijo. Hay un dicho que dice: la plata no hace la felicidad, pero produce una sensación muy parecida. Estoy abierta a escuchar qué me ofrecen, pero partir del canal me da vértigo; siento que soy un poco Chilevisión.