Ya se hacía necesaria una mirada paródica a la, a estas alturas, frondosa producción de ese subgénero, el nordic noir, que ha resultado tan rendidor. Fallet (The Case) desarrolla en 8 episodios de menos de media hora una intrincada y sangrienta trama, cuyos personajes resultan ser bastante chaplinescos, circulando por un guión que por momentos satiriza sin piedad algunas de las convenciones más obvias del policial en general.

La primera secuencia es elocuente: Sophie Borg (Lisa Henni), inspectora de la policía de Estocolmo persigue en su viejo auto por caminos tortuosos y bosques a un fugitivo. Este se baja de su todoterreno, corre a pie y termina situándose en el punto en que comparten frontera Suecia, Noruega y Finlandia. Y en cada una de las tres puntas del camino hay un policía apuntándole.

Se trata nada menos que del sospechoso del crimen (nunca resuelto) del premier Olof Palme.

Aunque su jefe le ordena perentoriamente a Sophie que lo quiere vivo, ella es gatillo rápido: le asegura que le apuntará a la pierna… y le da en la cabeza.

El asunto termina a gritos en las oficinas de la Policía de la capital sueca y ella es enviada a Norrbacka a colaborar con la policía local a resolver un horrendo crimen.

En relatos alternados, mientras Sophie metía la pata con el más importante caso de su vida, hemos sido testigos del sangriento asesinato de un hombre cuyo cadáver aparece clavado en un árbol, con una Biblia al pecho. Paralelamente a todos estos hechos, en St. Ives, Inglaterra, el muy torpe y nervioso detective Tom Brown (Adam Godley) termina de agotar la paciencia de sus superiores luego de irrumpir en la elegante mansión de un lord, mientras todos los conspicuos del condado toman su afternoon tea, con un enredo de acusaciones equivocadas.

También acaba destinado a Norrbacka.

Pero Sophie y Tom no son los peores metepatas de esta historia: la oficina policial de la que resulta ser la ciudad natal de Sophie exhibe un muestrario de personajes que parecen inspirados en Los 3 Chiflados. El jefe Klas Wall, un hombre bonachón, de muy pocas luces y pusilánime, que está a punto de jubilar; Sonja, la forense finlandesa, siempre con aportes inoportunos; y Will, un sujeto que no se sabe bien qué hace allí (tampoco él lo tiene claro).

Sophie es imprudente y ruda, pero es astuta y tiene alma de detective.

Este grupo es el que deberá resolver el crimen al que, naturalmente, a mitad de camino se sumará otro.

El quid del asunto está en un viaje de estudios en el que participó, hace casi 30 años, un grupo de habitantes de Norrbacka a St. Ives.

La intriga se complejiza a medida que avanza el relato y aparecen nuevos personajes, como la (estupenda) madre de Sophie y otros lugareños. Estos giros consiguen mantener el suspenso, a la vez que se van sumando ingredientes melodramáticos (un poco pasados de rosca, es verdad) que enredan y desenredan la madeja con rapidez… y humor.

En Fallet hay constantes citas explícitas al cine y otras más en tono de guiño (como la marca McGuffin, aquel elemento que Hitchcock inventara como parte de sus esquemas narrativos).

Puede ser que la resolución resulte un poco rebuscada, pero incluso allí se insertan muy precisamente los mejores momentos de humor.

En Netflix:
8 episodios de 25 minutos (aprox.).

 

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