En 2010 un documental sobre un fenómeno nuevo se hizo popular. La película se llamaba Catfish y la trama —totalmente verídica—, era simple: una mujer contacta a un hombre a través de Facebook, establecen una amistad. Ella le cuenta detalles de su familia y le presenta, virtualmente, a una hermana soltera de la mujer, con la que el hombre entabla una relación a través de las redes sociales.

Poco a poco los detalles hacen sospechar al hombre de que hay algo extraño, le cuenta la situación a su hermano y comienzan una investigación que termina convertida en un documental sobre embaucadores por internet. Personas que usan las redes sociales para engañar a otras y hacerles creer que sostienen una relación amorosa: crean una historia de fantasía, toman retratos de otras personas y se resisten a un contacto directo.

Catfish se transformó en una serie de televisión de MTV que mantuvo ese esquema básico de la película: dos investigadores que indagan sobre la verdadera identidad de un contacto en redes sociales de una tercera persona, quien acude a ellos buscando ayuda. Hombres y mujeres que se enamoran a través de Facebook, Instagram, Skype o salas de chat y que nunca han visto en vivo y en directo al objeto de su afecto.

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Espías del amor (Chilevisión) es la adaptación nacional de Catfish. La versión chilena añade a la dupla de investigadores a Julio César Rodríguez como conductor. Este pequeño cambio le resta la carga documental que mantenía la serie original de MTV y le otorga un matiz que lo acerca a los espacios de telerrealidad. Una frontera más identificada con el sentido del espectáculo que con un registro social.

Espías del amor es un programa que se nutre de la soledad y el desencuentro. La esperanza de hombres y mujeres —la gran mayoría de clase trabajadora— que acuden a la televisión, para dar detalles de la manera en que una carnada virtual les quita el sueño y los remece, como nunca antes les había sucedido: Una mujer de mediana edad de un pueblo pequeño que espera la llegada del norteamericano rubio y atlético, que le ha jurado amor eterno, y que resulta ser el personaje creado por un estafador internacional; un joven marino mercante que esperó años para conocer al amor de su vida, que no es más que el invento de una mujer perturbada; una chica coqueta entusiasmada por los halagos de un joven que en realidad es otra chica que la amaba en secreto. Aunque hay historias que resultan ser relaciones en donde no hay mentiras de por medio, el foco son los engaños que terminan desgarrando en cámara a la víctima.

Espías del amor es la clase de golosina televisiva que provoca culpa sintonizar y que nos enfrenta a la miseria ajena y a la propia.

Twitter: @OscarContardo

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