Game of Thrones
Irlanda, fantasía y realidad

Desde su estreno, en 2011, este drama épico se convirtió en furor mundial. El capítulo final de la V temporada fue visto por 8.1 millones de espectadores en Estados Unidos y 188 mil en Chile. Y los fanáticos ya esperan la nueva entrega que relata la lucha por el poder de los ficticios continentes de Westeros y Essos. Para ponerle imagen a estos territorios los creadores eligieron a Irlanda del Norte como escenario principal. 

Los magníficos lugares que el país europeo le prestó a HBO para grabar la serie, son una postal que realmente deja boquiabiertos. Es la hora del ocaso y tras resplandores de sol intermitentes, nos detenemos fuera de Portballintrae, cerca de la Calzada del Gigante, en la costa norte de Antrim. Sobre la base de basalto en donde chocan las olas, se erigen las ruinas del castillo de Dunluce, o Pyke, que pertenece a la Casa Greyjoy de la serie.

Aquí —fuera de los límites de la ficción de George RR Martin— fue donde Sorley Boy MacDonnell de la cercana Escocia, derrocó al clan McQuillan en 1584. Fue, además, el lugar en donde el escocés señor de la guerra le juró lealtad a la reina Isabel I y su hijo Randal se convirtió en el primer conde de Antrim.

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Hoy Game of Thrones (GOT) lleva al país visitantes de todo el mundo y al igual que los tantos ejércitos que abarrotaron estas tierras, los equipos de producción de la serie han colonizado un portafolio de pintorescos sitios desde su cuartel general en el barrio Titanic de Belfast. Los cazadores ya han ampliado su radio —a Croacia, España, Malta, Marruecos e Islandia— pero la capital irlandesa del norte y sus interiores sigue siendo el centro. Los espectadores se han convertido en verdaderos ‘turistas de pantalla’ e incluso la reina —como en Windsor— ha visitado el set. Gracias a ello, la economía de la provincia ha ido en exponencial aumento y la creación de empleo en las artes y la recreación ha crecido a una velocidad de más del 12 por ciento, es decir, tres veces la del Reino Unido en su conjunto. GOT le da trabajo indirectamente a miles de personas. En Glenarm, por ejemplo, los joyeros Steensons elaboran las coronas, tiaras y collares que adornan las dinastías enfrentadas de Westeros de Martin. La venta de productos sin sello HBO se ha vuelto un tema, pero es inevitable que ocurra.

Los paisajes, sin embargo, no llevan la marca. El Castillo de Ward, o Invernalia en la serie, es parte del Clearsky Adventure Centre que hace excursiones para los fanáticos de Game of Thrones. La mayoría de los clientes son estadounidenses y así como muchos son thronies, también hay gente que va sólo por el grandioso paisaje. 

Hay cientos de lugares que se pueden recorrer por cuenta propiay por donde sea que se avance —ya sea en auto o en bicicleta— aparecen espectaculares postales como los senderos del Tollymore Forest, donde todo comenzó con una escena que tomó diez semanas de preparación con el fin de sofocar la zona con nieve artificial, o la torre del Audley’s Castle del siglo XV. A esto se suma el increíble camino costero de Antrim o la famosa Avenida de las Hayas —Camino del Rey en la serie—, lugares conocidos previamente y que hoy consolidan su popularidad. Pero también nos topamos con sitios como las cuevas marinas en Cushendun en donde la hechicera Melisandre dio a luz a una criatura monstruosa o el puerto en Ballintoy —Puerto Noble en las Islas del Hierro para los thronies— que nunca habrían aparecido en un mapa turístico si no hubiera sido por la serie.

Los aficionados visitan estos paisajes para hacer de su fantasía, una realidad. Hablamos de lugares cargados de historia, a veces tan irreales como extraídos de la serie. Un ejemplo es la famosa masacre de 1979 en el Narrow Water Castle de Warrenpoint que dejó 18 soldados extranjeros esparcidos en pedazos entre los árboles. Esto no fue un truco y es inevitable que con las crudas escenas de asesinato, venganza y sacrificio de GOT, el pasado reprimido surja nuevamente. 

No todo es color de rosas, pero de todos modos esta situación le ha traído más beneficios que perjuicios al país. Y aunque la serie no será eterna, los seguidores continuarán encontrando simbolismos y similitudes entre la geología de Westeros y Essos e Irlanda del Norte. 

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Sense8
Esparcidos en el mundo

La original propuesta de los hermanos Wachowski, en conjunto con Joe Michael Straczynski, para Netflix narra la historia de ocho desconocidos que se conectan mental y espiritualmente con el propósito de salvar a la raza humana. Son 12 episodios filmados en distintos países y que permiten al espectador viajar por el globo sin despegarse del sofá. Los propios Wachowski se han encargado de rodar siete de ellos, los restantes han quedado en manos de Tom Tykwer, con quien colaboraron en Cloud Atlas: la red invisible, James McTeigue, para quien escribieron su adaptación de V de Vendetta, y Dan Glass, supervisor de los efectos visuales de las secuelas de Matrix, la trilogía que impulsó a la fama al dúo de hermanos. En su variado reparto figuran nombres como los de Daryl Hannah (Kill Bill), Naveen Andrews (El paciente inglés) o el español Miguel Angel Silvestre (Velvet).

Pero lo mejor de Sense8 es que nos permite viajar a distintos puntos del globo y conocer diferentes realidades. Chicago, San Francisco, Londres, Berlín, Seúl, Bombay, Ciudad de México, Nairobi y Reikiavik fueron las ciudades escogidas para grabar las escenas. Repasaremos las dos últimas de la lista para hacernos una idea de lo que nos encontraremos a lo largo de los capítulos.

Nairobi o ‘Ciudad verde en el sol’, es la capital de Kenia y la cuarta urbe más grande de Africa. A pesar de ser la más joven de la región, es una de las más influyentes e importantes de todo el continente y sede de numerosas compañías y organizaciones. Mantiene una fuerte influencia británica, lo que se revela en la gran cantidad de barrios ingleses como los famosos Hurlingham y Parklands, y la estética filtrada por Hollywood a través de los largometrajes basados en las novelas de Hemingway, Karen Blixen y Hunter.

Nairobi es el más claro ejemplo de la extraña mezcla de la modernidad implantada en una sociedad primitiva de estructura tribal que hoy ya es un punto cosmopolita dentro del continente africano. Capheus conduce un microbús entre las poblaciones repletas de pandillas. En el ‘Van Damme’, recorre barrios pobres donde inmigrantes de India, Pakistán, Somalia y Sudán comparten hacinamiento con clanes aborígenes. Son calles que contrastan con los imponentes rascacielos y también con el Nairobi turístico con lodges de lujo al que llegan cada año miles de turistas seducidos por la gran oferta de safaris. De hecho, el corazón del Africa negra ha salido del anonimato, casi solo gracias a sus más de 50 parques naturales.

En el otro extremo del planeta existe un desierto frío, legendario y volcánico en los confines del Atlántico, llamado Reikiavik. La leyenda cuenta que la capital más septentrional del mundo fue fundada por un vikingo llamado Ingólfur Arnarson, quien encontró este lugar perdido al que llamó Reykjavik o Bahía Humeante, por las fumarolas que salían de sus tierras. 

Islandia es un país moderno y avanzado con un fuerte espíritu vikingo y de un entorno natural que mantiene casi intacto su aspecto primitivo. A finales de la II Guerra Mundial, obtuvo la autonomía total de Dinamarca y Reikiavik se convirtió en la capital de la nueva nación, albergando a tres de cada cinco islandeses.

Desde el fin de la Guerra Fría Islandia se ha convertido en un inusual destino turístico. Incontables artículos promocionan su desenfrenada vida nocturna y miles de turistas llegan cada año en busca de los legendarios bares y discotheques. Increíble si pensamos que la prohibición del consumo de cerveza se levantó apenas en 1989.

Durante el día, Reikiavik es un lugar tranquilo con un ritmo de vida relajado. El territorio está repleto de géiseres, cascadas, fuentes termales y ballenas. Pero los mayores espectáculos  naturales se dan entre los meses de junio y julio con el sol de medianoche —ese sol visible las 24 horas del día tanto en el Artico como en la Antártica— o en septiembre, cuando comienza la temporada de la espectacular aurora boreal. Así nos sorprende un país que a ratos no duerme, que poco a poco asume su identidad cultural y que ahora estará a la vista del mundo gracias a Riley, la dj de Sense8.

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Breaking Bad
La ruta del mal 

Basta llegar a Albuquerque para sentirse dentro de un capítulo de la serie Breaking Bad. El cielo siempre azul y en las afueras las montañas y el desierto como el gran protagonista.

En sus seis temporadas los fanáticos no se perdieron la historia de Walter White (Bryan Cranston); un frustrado profesor de química, padre de un joven discapacitado y casado con una dueña de casa embarazada (Anna Gunn). Cuando le detectan cáncer terminal y para asegurar el futuro económico de su familia, se asocia a un ex alumno, Jesse Pinkman (Aaron Paul), para fabricar y vender metanfetaminas. Todo transcurre en Albuquerque, Nuevo México, hoy lugar de procesión para los amantes de esta serie. 

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Con varias empresas que se dedican a realizar el tour por las más célebres locaciones, el punto de partida es la casa de Walt (Piermont drive #3828),  un barrio de clase media, tranquilo y sencillo. Le sigue el lavado de autos (9516 Snowheights Cir NE), adquirido por ellos como fachada para blanquear dinero del tráfico de drogas. 

Y cómo no, hay que parar en Los pollos hermanos (4257 Isleta Blvd), que en realidad se llama Twistter. En el fast food donde venden comida típica de Nuevo México, desde hamburguesas a burritos. Ideal para juntar energías y seguir paseando.