En el mundo real pueden ser ‘zánganos’, pero sólo en Game of Thrones una madre tiene como hijos a dragones. La serie de HBO, que estrena este domingo su sexta temporada, muestra un instinto maternal en el arco más amplio: dulce, cruel, práctico y erótico.

Desde la partida —hasta el cierre del último ciclo— el show ha dejado a los fans comentando las acciones de las impredecibles matriarcas. En cada capítulo queda claro que en esa geografía de ficción jamás se redactaron manuales de sicología infantil.

Khaleesi (también llamada Daenerys Targaryen), cuyo primogénito murió por un hechizo antes de nacer, ostenta el título de Madre de Dragones en la historia creada por el escritor George R. R. Martin. En tres criaturas aladas vuelca su cariño y espíritu protector desde que dan su primer vuelo.

La relación de la reina liberadora de esclavos con estos seres voladores es lo más cercano a la crianza de una familia. Así este poco tradicional clan pasa por altos y bajos mientras los lanzallamas crecen. En una etapa de rebeldía juvenil en que éstos tienen escapadas para hacer ‘vandalismo’ —en vez de prohibirles ir a una fiesta (como pasaría con cualquier adolescente humano)—, ella encadena a dos de ellos en una oscura catacumba para protegerlos de las consecuencias de sus actos sin control. El mayor de ellos huye, pero vuelve a ella al cierre del quinto ciclo de la serie. El poder de la mamá es más fuerte.

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La disposición de fuego a mano no hace a Khaleesi la más fuerte en este círculo de reinas y madres de cuidado. Cersei Lannister se asoma, sin duda, como la más atemorizante de ellas. Enfocada en el futuro de sus tres hijos —entre ellos el asesinado joven Joffrey (cuya crueldad fue fomentada por ella), la joven Myrcella y el nuevo Rey Tommen—, hace correr peligro a cualquiera que se interponga en la supremacía de su apellido sobre los Siete Reinos.

Villana sexy, juega eróticamente con su mellizo (amante y padre de sus tres descendientes), hace y desarma matrimonios, inventa alianzas, planea crímenes. ¿Su lema? “En el Juego de Tronos tú ganas o mueres”.

Esta reina madre de Westeros no se ha salido siempre con la suya. Sus acciones y deslices amorosos fueron castigados en un juicio que la obligó a una estremecedora “caminata de la vergüenza”: tuvo que desplazarse desnuda por las calles, sin sus adoradas trenzas, insultada y como foco de agresiones de la población. Esa jugada la perdió, pero con ella nunca se sabe si fue una lección de la que aprendió o sólo el precio que pagar en un plan maestro. Todavía tiene dos hijos que utilizar.

Con un espíritu familiar más equilibrado, Catelyn Stark surge en la trama como el personaje materno más tradicional. Pero no por eso menos guerrera.

Tras el asesinato de su marido monarca, esta reina partió a apoyar a su hijo al campo de batalla y asume rango para decisiones de alto mando. Eso sin contar que, en paralelo, se preocupa por su pequeño heredero paralítico, su joven princesa en las redes de Westeros, otra niña con amor a la espada y un pequeño que desaparece.

La muerte la acosa por los flancos de sus afectos y ella resiste. Finalmente se la lleva en el sangriento episodio Boda Roja. Aunque ya no está en la defensa de su reino, el recuerdo de su nombre figura constantemente en el relato como un referente de madre para todos los reinos. No la olvidan ex amores ni enemigos.

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Lysa Arryn, al igual que su noble hermana Catelyn, también compartía ese natural espíritu materno. La diferencia entre ellas radica en una intensidad que sacaba comentarios en palacio, especialmente, cuando la veían amamantando a su hijo de casi 10 años. La leche sólo ‘se corta’ cuando la noble cae a un pozo en un ataque de celos en contra de su sobrina Sansa.

No es la única aristócrata en elevar las cejas de los telespectadores. Estos comportamientos excéntricos vienen desde hace décadas, como lo demuestra la veterana Olenna Tyrell, quien todavía conserva en frascos a sus hijos no natos y mantiene bajo llaves en una torre a una mujer enferma que sí salió de su vientre.

En los circuitos de las cortes también se mueve la guapa Melisandre. Esta pelirroja sacerdotisa da a luz, paradójicamente, a La Sombra. Este ser oscuro sale de su vientre e inmediatamente se pone de pie. Asesina y ambiciosa, la mística mujer sabe que la criatura llevará a cabo sus planes fuera de su cuerpo. Y éste le hace honor debutando con el asesinato de su tío.

Con estas mamás puede existir amor incondicional, pero sería raro desarrollar complejo de Edipo. Ni la terrible Sombra puede ser la excepción.