Aparecen en el estudio fotográfico, ubicado en una de esas encantadoras casonas ñuñoínas que sobreviven con orgullo a la explosión de edificios. Tras los saludos de rigor y con todo relajo, revisan la ropa que usarán en la sesión. Marcela Vacarezza (42) se pasea con una minifalda de jeans y una camiseta negra que resalta su cuerpo tonificado que mantiene las mismas medidas de cuando fue coronada Miss Chile 1992. A unos metros, Rafael Araneda (43) saca su computador y se sienta a revisar sus emails. En unos días, viajará a Roma a conducir el piloto de un nuevo programa de concursos que la TV Azteca quiere que anime. La filmación será en el mítico estudio Cinecitá de la capital italiana (conocido como el Hollywood del Tíber, donde directores de la talla de Luchiano Visconti y Federico Fellini crearon sus obras maestras). La experiencia lo entusiasma y se le nota.

Hace cuatro años viaja todas las semanas a México. Pese a que los ejecutivos de la principal competidora del gigante Televisa no se cansan de insistirle en que se radique allá, Araneda ha optado por mantener su centro de operaciones en Santiago y continuar con su contrato en Chilevisión. Por agenda, sus tiempos de estada varían entre 24 horas y cuatro días. Sin embargo, el esfuerzo ha valido la pena. Desde que aterrizó en el DF, ha liderado algunos de los proyectos más exitosos de la televisora, como La academia, Ultima generación, El gran desafío de estrellas y Password. En uno de los países más nacionalistas del mundo, con más de 120 millones de televidentes, consiguió algo que es muy esquivo para los comunicadores extranjeros: ser líder con un estelar en horario prime. Incluso, fue convocado por la presidencia —junto a artistas de la talla de Roberto Gómez Bolaños, Maná, Emmanuel y Marco Antonio Solís— para ser ‘rostro’ del turismo mexicano, en momentos en que la industria hotelera aún sufría los estragos de la gripe porcina.

Su representante Claudio Espinoza es testigo del cariño que el público azteca siente por él. Hace unos meses, lo acompañó a grabar a la ciudad de Guanajuato, reconocida por su patrimonio arquitectónico colonial. De regreso al hotel, quisieron caminar un rato para conocer algo más, pero el resultado fue caótico. “A medida que avanzábamos, se iba agolpando cada vez más y más gente, hasta que llegó un punto en que nos vimos completamente sobrepasados. Unos efectivos de seguridad nos tuvieron que llevar directamente al hotel”, relata Espinoza. Son los costos de la popularidad y Araneda los conoce bien. En febrero del 2010, los medios faranduleros de la tierra del tequila le colgaron un romance con la actriz y cantante Ivonne Montero, quien era su compañera en el programa La academia. Incluso, algunos portales aseguraron que el animador había abandonado el hogar que compartía junto a su familia en Santiago. “Esa es la única vez que se le ha inventado algo y ocurrió porque la farándula azteca es más feroz. El venía llegando y deben haber dicho: inventemos esta cosa… En cambio, acá nadie echaría a correr un rumor así, sin pruebas concretas, porque se cae por su propio peso”, dice Marcela, mientras el peluquero comienza a jugar con su pelo. A un par de metros, el Rafa la escucha detenidamente mientras se prepara para el maquillaje. “Allá soy soltero, de hecho esa vez, el invento tenía sentido porque yo había ido a un lugar solo con otra persona; entonces me vieron ahí y ¡¡pum!! Pero no voy a quedarme encerrado en el hotel, salgo con los amigos de la tele, doy mis vueltas, voy a comer, me junto con ejecutivos mexicanos. En definitiva, uno vive la vida, aquí la vivo con la familia, allá solo”, agrega.
Los entretelones de la dinámica matrimonial de los Araneda Vacarezza, entre tantas ausencias del animador, despiertan interés en la teleaudiencia. Así quedó de manifiesto hace dos meses, cuando la sicóloga ganó un capítulo del estelar de Canal 13, Vértigo. Llegó sin ninguna expectativa, ya que en una visita anterior había pasado sin dejar rastro. Sin embargo, esta vez sorprendió y se sorprendió. En el segmento en el que los televidentes pueden participar, una señora le preguntó cómo ‘hacía las tareas’ con su marido si él pasaba la mitad del tiempo viajando, y Vacarezza respondió: “Sí las hacemos, pero el problema está en la frecuencia porque el caballero está poco por aquí”. El público aulló y a continuación Martín Cárcamo le pidió que fuera más concreta y diera la frecuencia. “Como una vez a la semana”, reconoció, y las redes sociales explotaron.
—¿Qué te pasó cuando viste a Marcela en ese capítulo de Vértigo que la convirtió en trending topic en Twitter?
—Rafael (R): Yo estaba trabajando para la Teletón así que lo vi después, pero me lo contaron a través de las redes sociales.
—Marcela (M): Se enojó…
—¿Realmente el episodio generó una pelea?
—M: El Rafa se enojó pero sabe que soy pensamiento hablado (no puede aguantar la risa). Si al final fue todo pura chacota.
—R: Pero claro que me molesté en un minuto. Básicamente, porque la gente empezó a contarme cosas insólitas a través de las redes sociales, cosas que de verdad no estaban pasando y que no vale la pena repetir, pero después tú lo ves y te das cuenta de que al final cada uno ve lo que quiere y no lo que realmente está pasando.
—M: Reconozco que hablé de más, pero soy así y soy feliz de ser así. Gané, y eso es algo que jamás hubiera imaginado, y pasó porque el público se da cuenta cuando uno es honesta y espontánea. Al final, la gente molesta a quien quiere molestar.
—R: (Con una gran sonrisa…) Pero, ¡por supuesto! La Marcela es como es y tiene sus encantos, yo los míos y ahí nos complementamos.
—Después de 15 años de relación, ¿cómo se mantiene la pasión?
—M: ¡¡¡Noooo, ya no se mantiene!!!
—R: Es que tú estás pidiendo recetas y no existen. Pero que la pasamos bien… La pasamos muy bien.
—En el estelar de Canal 13, Marcela también contó que había comprado algunos juguetes sexuales para hacer más entretenido el cuento.
—M: Uno habla ciertas cosas en el contexto del juego al que te invitan en el programa, pero cómo se te ocurre que voy a entregar más detalles. Son cosas nuestras, pero obviamente uno va buscando sus cositas para ir innovando.
—R: Es difícil hablar de lo que se da en el terreno de los gestos, de las sensaciones.
—¿Qué momentos dejan para la seducción?
—M: Las prioridades van cambiando, pero buscamos espacios donde estar solos. Puede ser que lo acompañe a algún viaje o nos coordinamos para escaparnos. Es rico darse un tiempo y hacer algo distinto.
—R: Siempre buscamos los momentos. ¡¡¡Pero cómo se te ocurre que voy a hablar de eso!!! (ríe)
—Pero si la distancia es un tema, ¿no han pensado vivir en México definitivamente para estar más cerca como familia?
—R: Radicarme en el DF es una posibilidad latente pero cuesta mover al lote, en especial a la Marcelita.
—M:  Todos me dicen que me estoy perdiendo la maravillosa experiencia de vivir fuera en familia. Además, imagínate estaríamos al lado de la Riviera maya, México es fantástico, y cuando viajo lo pasamos increíble, pero a mí me encanta Chile. Claro que en el futuro, si hay que hacerlo, nos vamos todos.

VOLVAMOS A MEDIADOS DE LOS NOVENTA, cuando dos veinteañeros se paseaban por los pasillos de La Red. El Rafa hacía su práctica en el departamento de prensa que dirigía Fernando Paulsen y Marcela trabajaba como una de las modelos del debutante Kike Morandé en Cóctel. El está comprometido para casarse y ella pololea, pero sin muchas expectativas. “¿Que cómo la conocí?”, repite el actual animador del Festival de Viña mientras se acomoda en la silla, se arregla el pelo como lo hacía Luis Miguel en los noventa y dice una broma de las muchas que dirá a lo largo del encuentro: “Yo cuando era chico la veía en la tele”, dice y lanza una estruendosa carcajada.
—¿Cómo fue la primera vez que se vieron?
—R: Nos topábamos en el canal pero me acuerdo que una vez conversé más contigo en una grabación en la ex Oz, ¿te acuerdas no?
—M: Olvídate, esa fue una grabación de un programa. Quizá te dejé marcando ocupado, pero yo ni me acuerdo. Fue mucho después que comenzamos a hablar.
—R: Igual ella me miraba harto
—M: ¡Estás loco, si yo estaba comprometida!
Suena Madonna y la pareja se entrega a la cámara. Ella coquetea con el lente y él con ella. Bailan, se ríen y siguen con las bromas. Si estuviéramos en el colegio, Marcela sería la popular del curso, indiferente, inalcanzable y Rafael, el galán que lucha por conquistarla. Sin embargo, la historia entre ellos fue diametralmente opuesta.
—¿En qué minuto se produjo el flechazo?
M: Fue mucho después. Comenzamos a vernos más cuando yo empecé a hacer unos enlaces para su programa Revolviéndola. Más tarde, a él le devolvieron el anillo y ahí nos acercamos. En esa etapa yo pensaba: con este tipo me voy a casar algún día, pero aún no es el momento, no sé si me gustaba tanto pero todo tenía sentido, él terminado… yo también.

 

Lea la entrevista completa en la edición del 15 de febrero.