La Gelatería, conciertos de los Vinchucas (futuros Prisioneros) en el León Prado, las calles que cruzan Gran Avenida de arriba abajo, partidos de patín hockey y eternos apagones en las protestas.

Esa era la geografía de Elvira Cristi (40) al crecer en plena década de los ’80 en San Miguel. Jovencita que partió en comerciales a los 13 años, que eligió pagarse colegio y escuela de teatro y que en los ’90 ganó el título de Rostro en Miss 17 e hizo notas para Mekano. Hoy roba cámara en TV en el papel de la sofisticada Florencia en la telenovela Preciosas (Canal 13) y en teatro cierra la obra Coronación como parte de un elenco de lujo. Notoria evolución que tomó viajes, modelar en México, relaciones profundas, maternidad y “armarse una coraza”.

La actriz —en pareja hace tres años con un director de fotografía—circula por Santiago en calidad de referente de estilo en su rol de figura local para Tommy Hilfiger, Carolina Herrera y Tory Burch. “Puede que suene feo, pero me considero una persona muy humilde”, apunta la tercera de cuatro hermanos. La única mujer, “la bonita” .

Su papá Rafael era dueño de una botillería y le enseñó desde pequeña a manejar el dinero. “Si no tienes deudas eres millonaria”, le decía. Su mamá, de vivir en el campo en Cauquenes, llegó a estudiar a la capital y se enamoró de su padre. Podría haber seguido un molde clásico, pero algo no calzaba en Cristi.

Había inquietud porque la miraban con recelo en los castings y su barrio. Con el tiempo su puzzle genético le dio respuestas, específicamente su abuela paterna Elvira Echeverría, mujer elegante y apasionada que quedó embarazada de un hombre de alcurnia que no estuvo a la altura. De ella, cree, heredó ese “ojo estético” que la hace distinguirse.

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—No es cualquier cosa llamarse Elvira.

—Fue un tema. No me gustó por mucho tiempo. Cuando chica y adolescente encontraba que era poco cariñoso, duro, con mucho carácter. Después lo entendí y tiene mucho sentido.

—Florencia opaca a las fugitivas en Preciosas. ¿Por qué tu ‘villana’ es tan querida?

—Creo que fue certera la forma en que la construí, con la venia del director Herval Abreu y del acierto de los guionistas. Parto de nunca juzgar a mis personajes. En este caso, la humanicé mucho. Lo que hace querible a Florencia es que habla desde su verdad y eso se ve.

—¿Qué hay de tu biografía que se refleje en ella? ¿Algo del clasismo que viviste?

—Se mezcla en el misterio. No decir todo el tiempo algo. Siempre fui una observadora.

—¿Eras misteriosa?

—Al inicio no me di cuenta, pero después sí: llegaba al casting, daba mi número de teléfono y todos me miraban porque partía con un 5, 6 o 7. Cosas de esa época que eran heavy. Mis amigas no me hablaban porque salía en la tele. Entonces decidí observar. Y Florencia tiene eso.

—¿Y una doble vida: luces y protestas?

—Sí, claro. También tuve un espacio de arte con el padre de mi hijo Santiago (5) y me puse a participar en Chaco y arteBA.

—¿Qué has encontrado en las rubias?

—Que las miran. Es inevitable sentirse un poco Marilyn Monroe. Le tuve mucho temor al rubio porque te ves más vieja.

—Un cambio radical desde tus días punk, ¿se liga con tu puzzle genético?

—Sí. ¡Es maravilloso! Veía a mi abuela en fotos y siempre, además de bonita, aparece elegante y con un muy buen gusto. Para mí la moda es importante. Me gusta lo vintage y cuando iba a Banderas me encantaba buscar algo especial. Con la maternidad me puse más femenina. En mi fase de ‘luchar’ entre mi casa, mi barrio, los castings y la escuela de teatro —donde también me trataban como ‘rara’ por hacer comerciales—, mi ropa era muy cómoda y con zapatillas para siempre salir corriendo. O con bototos, por si había que pelear.

—¿Sientes que con Florencia llegó tu momento, al acercarte a los 40?

—¿Te digo una cosa? Tenía ganas de cumplir 40. Debe ser porque me siento más jovial.

—¿Desde cuándo?

—Desde los 30, que son raros… O mi historia en esa etapa fue extraña. Por vocación no, porque siempre tomé el trabajo con calma. Quizá demasiada. Fui poco astuta a esa edad.

—¿Y ahora?

—Sí. Vas creciendo y sabes qué quieres. Además, tengo un hijo. Pero también debo generar mi camino. Los 40 me llevan a ser más inteligente. Quizá por partir en la publicidad a los 13 años me salté cierta infancia. Y eso no es menor. Hablo de la tensión laboral o que alguien, cuando tienes 15 años, me dijera que estoy muy gorda y tengo que hacerme masajes…

—En Instagram es tema que estás flaca.

—Sí, un programa de farándula dijo eso. Y tengo el mismo trasero, caderas y celulitis de siempre. De la cintura para arriba he sido flaca.

—Eres una mujer guapa y has vivido la presión con el tema del cuerpo.

—Sí. Voy a cumplir 40 años y recién me estoy empezando a ver… Quizás antes me escondí. Tal vez, como una manera de protección.

—Tu biografía es de relaciones largas: con un cantante punk (Alvaro España, de Fiskales Ad-Hok) y con un artista visual (Manuel Peralta). ¿Cómo vino el cambio?

—El mundo punk —comentario sin asociación a mi ex pareja— es odiosidad. El papá de Santiago es muy luminoso, pero no tiene los pies puestos en la tierra. Hilando mi historia, desde muy chica me metí en una cosa rara donde te miraban feo de allá y acá. En la escuela de teatro me hacían la ley del hielo. Fue en ese momento en que aparece esa primera relación, como vía de escape. El pololeo fue de los 19 a 29 años.

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—¿En tu banda 80 Perros había odio?

—No, no, no. Eran puros covers. Si no odio (ríe). Hoy entiendo que la vida no es perfecta. Si hubiera sido más astuta me habría puesto a actuar rápido en vez de ir a México. Hasta que me pregunté: ¿eres modelo, actriz?

—¿Cerca de los 30?

—Sí y me di cuenta de que quería actuar. Estaba metida en una vida que tampoco era la mía. Allí nos separamos. Estuve sola, no salía a carretear. Me gusta mi espacio, el silencio.

—¿Silencio con un hijo de cinco años?

—Ahora no (ríe). Tengo esos momentos los fines de semana cuando se va con el papá.

—¿Cómo se cría a un futuro hombre?

—Tener de compañero a mi hijo es el mejor regalo. Por fin siento que existe un hombre que me ama incondicionalmente. He estado en relaciones largas y… algo pasa. Santiago no es mi pareja, pero cuando él me mira sientes ese amor infinito. Nadie me va a mirar así. Es inagotable.

—¿Qué quieres post Preciosas?

—A veces (toma una larga pausa y se pone seria) me gustaría tener contrato con algún canal; contar con la suerte de algunos compañeros y vivir tranquila un rato. Y sueño con una casa para tener un perro, un gato. Volver al sur. Morir en la naturaleza. Tirar los tacos, aunque nunca lo voy a hacer porque me encantan (ríe).

—¿Ahora te sientes una Elvira?

—Sí, soy Elvira. Todavía no suena dulce. Y lo mío es Elvira Cristi… Pero con el tiempo me he dado cuenta de que no podía llamarme de otra manera. Representa quien soy.