Llega a Canal 13 y va saludando al portero, periodistas y a un par de obreros que le gritan “¡sin censura, sin censura!”. Eduardo Fuentes Silva (38 años, casado, sin hijos) lleva unos meses en una cuidadosa “operación retorno”. Desde su salida de la estación televisiva, a fines de 2010, luego de seis años en el canal, tuvo la chance de reinventarse en La Red, donde llegó primero a reemplazar a Juan Carlos “Pollo” Valdivia y a punta de resultados terminó transformándose en el rostro más potente del canal, con Mentiras verdaderas.

Pero ahora la historia es diferente. Vuelve a Inés Matte Urrejola como rostro del recién estrenado Alfombra roja prime, el primer estelar de farándula que competirá directamente todos los viernes con Primer plano de CHV.
En el intertanto estuvo a punto de animar el late de Mega Más vale tarde —ahora conducido por Alvaro Escobar y que “levantó” a casi todo el equipo con el que trabajó en La Red—, pero la vitrina, una mejor oferta económica y una muy bien disimulada revancha lo tienen de vuelta donde él quería.
Disimulada porque para Fuentes, su carrera en televisión no ha sido precisamente explosiva, aunque muchos lo crean. Partió en 1997 en Megavisión como asistente de producción, hasta que de tanto insistir, terminó dando el informe del tiempo, espacio donde se disfrazaba, desmayaba y hacía otras “acciones de arte” para llamar la atención. Estaba ganándose su espacio ahora frente a la pantalla. Algo inédito para un hombre nacido y criado en La Legua, hijo de obrero y dueña de casa.

LUEGO DE AÑOS DE SER CONOCIDO COMO EL “CHISTOSO” del informe meteorológico, Canal 13 se fijó en él para animar, a  las 5:45 AM, el programa 3X3. Después vendrían Alfombra roja y Control remoto. Todo en seis años. En medio se casó, se separó, murieron sus padres, conoció a la directora de la revista Vanidades, Andrée Burgat —su actual señora— y juntos se acercaron al budismo. Se cambió a una casa en Chicureo y maneja un Audi. Pero justo antes de que quedara Luksic a la cabeza de la estación, Fuentes se encontró sin proyectos y sin contrato. Luego vendría la “oportunidad” de La Red —para él “tomar” las opciones que aparecen en la vida funciona como un mantra— y hoy la noticia de su regreso, en menos de dos años, al canal que lo había despedido.
—¿Volver al 13 es para ti un karma?
—No, ni un karma ni era una tarea pendiente ni nada. Karma sería si yo sintiera que le hubiera fallado al canal y tengo que volver para tratar de subsanar lo que hice mal. Yo siento que en su momento hice todo lo que tenía que hacer, de la mejor manera posible, y respondíamos a las necesidades de “ese” Canal 13. Pero ahora es muy distinto, me gusta mucho más, es más abierto, no hay censura ni temas vedados y eso permite generar estos espacios. Yo veo en mi regreso una gran oportunidad más que una espinita que me saco… No estoy renaciendo acá, porque siento que lo hice en La Red, porque ahí llegué con los bonos a la baja y ellos me permitieron volver a mostrar lo que podía ser.
—¿Te has topado con los mismos que estaban en la administración anterior y que te despidieron?
—El mismo gerente que a mí me trajo desde Mega, Patricio Hernández, fue quien me tuvo que decir que no me iban a renovar contrato y me trajo de vuelta ahora… Pero es parte de esto nomás, esa es su pega, contratar y despedir, entonces no tengo rollo con eso.
—¿Cómo te funciona esto de ser budista y rostro de la tele?
—El otro día se lo trataba de explicar a alguien en un foro de internet, donde la gente es muy descarada y dura para opinar. Me decía algo así como ‘budista al peo, que anda en un Audi y vive en el barrio alto…’.
—En Chicureo.
—Yo vivo en Colina… Entonces para él, al parecer son muy importantes las marcas, que yo ande en un Audi o que me vista con Cortefiel que es mi auspiciador, o que viva en Chicureo. Yo le decía ¿es tan importante para ti la marca que amerita que opines sobre lo que hacen los demás? ¿O acaso crees que por ser budista uno tiene que usar hojotas, vivir en la calle, comer mendrugos y andar pelado…? Yo sigo una línea del budismo que habla de cómo puedes serlo en un mundo occidental normal. La filosofía budista habla del dolor, de la pérdida, del desapego, de no quedarse en la pequeñez, de cómo a través de la meditación tú puedes de alguna manera gobernar tu mente y disfrutar el momento presente, habla de ese tipo de cosas. No hay que ser ni vegetariano, ni un santón…
—Por eso es la pregunta. La televisión está llena de excesos, ego, sueldos exorbitantes…
—La televisión para los rostros es una ensalada de egos, donde todos los días te dicen eres el mejor, o que estás más bonito, más flaco y te puedes ir comprando esa cuestión y creértela, pero eso no es verdad. No estás más rico, no estás más flaco, ni más gordo ni más alto, ni más chico, ni eres más bonito que antes, porque la televisión te adorna con eso. Entonces tienes que trabajar diariamente esos temas. No olvidar nunca de dónde vienes ni para dónde quieres ir, además esto yo no lo logré por arte de magia, hice terapia para entenderlo.
—Porque tú no siempre fuiste budista…
—No poh, no siempre fui budista.
—Y antes el paradigma era diferente, me imagino.
—En algún minuto tú te ves con más plata, la gente te hace sentir algunas cosas y de pronto te empiezas a creer un poco el cuento. Afortunadamente eso no me agarró en la etapa más popular de mi carrera. Cuando percibí que por mi trabajo estaba siendo más conocido, coincidió con esta búsqueda y apareció Manuel Díaz, este sicólogo budista, y con él hicimos una terapia, donde hablamos de cómo la televisión se puede convertir en una boca de lobo que te puede comer.
—La producción de Alfombra roja prime ha dicho que van a hacer un programa de farándula sin escándalos, juicios ni encerronas. ¿Se puede?
—Es nuestra declaración de principios. Nosotros no vamos a hacer encerronas, no pretendemos hacer juicios morales ni traer una persona para exponerla en un ring frente a otra, eso es parte de nuestro credo. No queremos ese tipo de farándula. Piensa en la definición de farándula de la Real Academia Española: es el mundillo nocturno compuesto por deportistas, políticos y actores. No está involucrado necesariamente ni el escándalo, ni valorar moral y éticamente con quien se acuesta o no se acuesta una persona, etc. Es una derivada de cómo lo abordas. La farándula es eso y mucho más, entonces cómo te aproximas al tema hace la diferencia.
—Por ejemplo.
—Jamás voy a quedarme con decir ‘lo que pasa es que el futbolista “X” actuó mal porque se acostó con estas tres niñitas, y que dónde está la moral y la ética…’. Me carga meterme en las sábanas de la gente.
—¿Y cuál es tu opinión sobre los programas que aplican ese formato?
—No es lo que a mí me gusta. Hay gente que prefiere esa farándula más argentinizada, con el escándalo y los gritos y la mujer que ojalá se pare y trate de pegar y salga corriendo hasta el estacionamiento. Pero nosotros vamos a hacer otra cosa, porque no nos queremos quedar en eso, pretendemos abrir el espectro. Nuestra ambición es que el espacio genere una conversación y una discusión rica, entretenida, que nos vayamos ganando el derecho de abordar otras temáticas sociales. De pronto la farándula tiene que ver muchas veces con la agenda ética o agenda moral de la sociedad, sobre el divorcio, sobre el aborto, el matrimonio homosexual… La farándula no escapa a cualquier otro producto cultural, quizás algunos la ven como un lepra de la sociedad, pero es parte del constructo cultural de un país.
—Es básicamente lo que somos hoy. Por algo tiene el espacio que tiene…
—Pero a la gente lo ve con distancia. A LUN en el barrio alto lo compran y lo meten adentro de El Mercurio, y lo esconden, porque les da vergüenza que digan que también les interesa saber de este tipo de cosas. Yo trabajo haciendo eventos corporativos y ahí me relaciono en reuniones con los máximos directivos de esas empresas y también con los trabajadores que están en la última línea de producción, y todos preguntan.
—Te piden la última copucha.
—El trabajador dice: ‘Oiga, harto rica la Vale Roth…’ y el gerente por el otro lado comenta: ‘Oye, esta niñita Valentina ¿cuánto?… Es bien disparatada ella, ah. Y parece que el hermano quiere cambiarse de apellido’. ¡Saben todo! El acercamiento es distinto, pero la farándula es un tema transversal. Primer plano ha tenido una predominancia en el segmento ABC1 muy importante siempre, entonces son un poco hipócritas.
—¿Cómo piensan ganarle en rating a Primer plano?
—No hemos pensado cómo ir a pelearles porque queremos ser distintos. Es farándula, vamos a ser el referente más cercano, pero nosotros queremos abordarla de otra manera. No pretendemos estar haciendo ese ‘Ah, ellos trajeron ahora a un mimo que se comió a un payaso, entonces nosotros traigamos al trapecista que violentó al domador’.