Como un ángel exterminador, que dispara y arremete. Patricia Rivadeneira (53) no intenta complacer a nadie y su rebeldía se mantiene a raya. Todo parece estar intacto en la cabeza de la musa chilena de la resistencia, la marianne de la lucha contra Pinochet, la misma que daba discursos de combate vestida con globos de helio que después volaban para dejarla desnuda en el escenario. Nunca se acobardó. Hace 25 años, atada a una cruz y apenas envuelta por una bandera, fue protagonista de una acción considerada subversiva en un entonces acartonado Museo de Bellas Artes. Un muy respetado Gabriel Valdés gritaba desde el recién reinaugurado Congreso Nacional que el acto había sido “una porquería de mal gusto, vulgar, que le daba náuseas” y hasta el presidente Aylwin, en plena transición, salió al paso con una vocería diciendo que se trataba de “escenas repudiables”, indignas en un lugar público.

En el cine, en el teatro, era vista de manera opuesta. La musa de directores como Gonzalo Justiniano, Raúl Ruiz y Cristián Galaz. Una niña de belleza perturbadora, de mirada penetrante y piel pálida de Ofelia que inquietaba a una tímida pantalla de apertura democrática. Así, aprendió a tenerle indiferencia al temor. Se hizo fuerte cuando —en plenos años de incertidumbre— llegó el OS7 a su casa en busca de marihuana y cocaína. Fue procesada, defendida y liberada desde el Centro de Orientación Femenino (COF) en Vicuña Mackenna. Nada logró callarla. “No se me ocurría tener miedo”, dice. Siempre pareció ser grande para su edad. A los 18 se fue de la casa y entró a la escuela de Teatro de Fernando González, donde fue la mejor de la clase. Desde 1991 formó Las Cleopatras, un elenco underground junto a sus amigas Cecilia Aguayo, Tahía Gómez y Jacqueline Fressard. Con Jorge González, en la música, el colectivo de mujeres fue otra cachetada para un país entonces demasiado machista y conservador.

Patricia-Rivadeneira-18

Cuando fue crucificada en el Bellas Artes, en una performance creada por Vicente Ruiz, recuerda que la idea era llamar la atención en torno a la prevención del SIDA y las minorías sexuales. “Fue un hito porque una mujer joven se apoderó de un símbolo fáctico propio de los hombres, propio del Ejército, como lo es la bandera. Y la cruz también es propiedad masculina, Dios fue hombre. Eran símbolos privativos para nosotras. En ese contexto, además, nos acompañaba una procesión de homosexuales y mapuches. Quedó la grande. Fuimos criticados por gente de la Concertación y en El Mercurio me dibujaron con cachos y cola. Nos satanizaron”.
¡La niña Rivadeneira Ruiz-Tagle! ¡Cómo es posible! Era lo más liviano que se escuchaba en torno a esta ex alumna de las Monjas Inglesas y Las Ursulinas, una actriz debutante y de origen acomodado que lograba apoyo y consuelo en la clandestinidad, muy lejos de Twitter o de las redes sociales de ahora.

—Era una ‘niña bien’, pero rebelde y problemática.

—Sí, y además fui madre soltera. Eso ya era difícil.

—¿Cómo respondía su familia?

—Estaba muy alejada de ellos. La verdad no tengo idea de cómo me veían. Seguramente pensaban en mí como la madre soltera, la mujer combativa que corría riesgos. Pero era un rechazo mutuo, ellos no me aceptaban y yo tampoco compartía el modo de ellos.

—¿No se arrepentía de asumir una posición tan radical?

—No, porque eran decisiones políticas. Eran cosas profundas, como determinar, por ejemplo, qué clase de artista quería ser, en qué proyectos había que trabajar. Admito que a veces me daba pena, angustia y ansiedad. Pero sentía que tenía que hacerlo, sobre todo en ese momento.

—¿Pondría a una hija en un colegio de monjas?

—Jamás, lo pasé pésimo en el colegio, me aburría como hongo. Pero también admito que fue en el colegio donde me propuse ser actriz.

—¿Qué piensa de la elite chilena?

—Los sigo encontrando de los más rotos que hay, espantosamente siúticos. El gusto por la ostentación y la codicia siempre me ha parecido pésimo. Me carga esa valoración exacerbada del dinero. Odio a los que dicen, por ejemplo: “está forrado”. Es de muy mal gusto hablar de plata. La elite sigue siendo una casta que menosprecia a la gente. El gran pecado de la elite chilena es la codicia.

—Como diplomática en Roma, ¿alguna vez sintió vergüenza de esta elite chilena?

—Muchas veces. Hay gente muy inculta. No fue fácil, yo misma me tuve que reeducar para resistir algo que no conocía del todo.

Asegura que el destape en Chile ha sido lento y tardío. “No ha terminado y sigue siendo algo loco. Por ejemplo no he visto en otro país que la gente fume tanto pito en la calle como en Chile. Después del Caso Zamudio veo a los homosexuales tranquilamente atracando en la calle. Chile se ha liberado, hay una necesidad de mostrarse. Pienso que los destapes sólo terminan cuando se vuelve a lo de antes, como en Europa donde las mujeres ya no hacen topless, sino que volvieron a los trajes de baño antiguos”.

Patricia-Rivadeneira-56

LA RELACIÓN MADRE-HIJO

En su rol de Estela Undurraga, la mujer del malvado Armando Quiroga, en la teleserie Perdona nuestros pecados de Mega personifica la faceta de sumisión que más la descompone. Una aristócrata dueña de casa, de provincia y posición respetable, capaz de traicionar principios profundos con tal de defender apariencias en los años ’50. En esta historia, escrita por Pablo Illanes y Josefina Fernández, aparece un Chile que, en sus palabras, conserva similares estructuras de miedo y poder. “Lo siento en la calle, la gente ha logrado empatizar con el personaje. Se me han acercado mujeres con lágrimas en los ojos para manifestarme que han sido maltratadas sicológica o físicamente por sus parejas. Es una realidad que nos sigue golpeando, algo que continúa siendo invisibilizado, una gran deuda pendiente”. Esa empatía es confirmada por el rating, donde las cifras de la televisión le han dado el triunfo a esta trama de emisión nocturna, donde un sacerdote se enamora de la niña linda del pueblo, donde la misma Rivadeneira es torturada y sometida a electroshock por su marido para que olvide, no hable y se paralice.

—¿Hay ‘Estelas’ en su familia?

—Mi abuela y mi bisabuela se parecían a Estela. Eran mujeres abnegadas y entregadas a sus hijos.

—Lleva una relación larga con el diseñador italiano Andrea Orsini, ¿cómo se logra la estabilidad de pareja en estos tiempos?

—Soy la casada más soltera del planeta. Nosotros no tenemos un matrimonio convencional. Mi marido va y viene, yo también. Es lo que hay y lo vivimos como es. Es artista, diseñador, dedicó mucho tiempo a la arquitectura. Fue bueno que nos encontráramos mayores. Nos conocimos hace 17 años…

—¿Cómo se lleva con su único hijo, Adriano?

—Fantástico. El vivió mucho tiempo con nosotros, así como el hijo de mi marido también vivió muchos años conmigo.

—¿Qué hace Adriano ahora?

—Mi hijo es historiador y estudió política internacional.

—¿Qué opina de lo que pasó con la Presidenta Bachelet, su hijo Sebastián y el Caso Caval?

—Se ha exacerbado. Creo que como sociedad hemos sido muy poco sagaces en leer y poner en su verdadera dimensión lo que pasó, que no era para tanto. Sólo puedo decir que el hijo, en este caso, pecó de poco generoso con su madre, algo que ocurre más de lo que se imagina. Pero es difícil hablar de cosas tan personales como es una relación madre-hijo.

—Fuera de eso, ¿qué visión tiene del actual gobierno?

—Creo que hemos sido muy injustos. Todo el tiempo poniendo en duda las reformas. Valoro que, a pesar de todo, la Presidenta nunca se ahogó.

Patricia-Rivadeneira-49

LENTO REGRESO

Luego de estar cinco años como agregada cultural en Roma y otros cuatro como directora del Instituto Italo-Latinoamericano decidió regresar al país. “Quena Rencoret (actual directora del área dramática del Mega), me había invitado a participar del elenco de Vuelve temprano, en TVN. Y justo cuando estábamos empezando ese proyecto la Quena se fue. Para mí fue bien complicado, porque yo seguí en TVN y el canal desarmó su área dramática con su salida”.

—Además venía de un tiempo largo sin actuar.

—Claro, para mí tenía sentido volver a actuar en televisión, porque no lo hice por 15 años. Pero, a pesar de que existía un contrato, no había proyectos. Entonces apareció la opción de Mega, donde sí había muchas cosas para hacer y además estaba 
Quena.

—Alguna vez contó que en sus días en Roma ya no sentía nostalgia de la actuación.

—Al principio fue así. Pero no durante los últimos años. Actuar es un trabajo difícil, de mucha exposición y eso me tenía cansada. Además, cuando me fui había limitaciones económicas, el teatro era difícil, la televisión para mí era banal y no me aportaba como artista. Coincidió además que empezó a irme bien como gestora cultural, me metí en política con cargos diplomáticos. La verdad es que el proceso de regresar fue lento, poco a poco comencé a sentir que necesitaba volver.

—Hubo algo que detonara todo…

—En el proceso fue muy importante el encuentro que tuve en Roma con Juan Carlos Corazza, un director de teatro y gran formador de actores, como Javier Bardem. Su visión de la actuación es muy profunda y eso me sirvió mucho, es mi maestro.

—Y ahora, que volvió a actuar, ¿no tiene nostalgia de esa etapa de gestora cultural?

—No, no la extraño, Me he reencantado con la actuación y con Chile.

—¿Su regreso es definitivo?

—Se puede decir que todavía estoy instalándome. Arriendo un departamento amoblado (con vista al Parque Bustamante). Ni siquiera tengo tele, cuando esté en una casa con muebles propios creo que podré decir que estoy instaladísima.

—Pero se ve como un gran regreso. Hizo la obra Xuárez en teatro junto a Claudia Celedón y relanzaron en vinilo el trabajo de Las Cleopatras.

—Sí, Xuárez seguramente tendrá reposición, un proyecto que tiene que ver con mujeres emblemáticas, heroínas, que tienen visión política y que son independientes. En este caso, la figura de Inés en el origen de Chile como país. Y el material de Las Cleopatras fue gracias a Iván Navarro (el artista visual que además trabaja como productor con su sello Hueso Records). El nos instó a rescatar esa música que estaba registrada en unos cassettes guardados en una caja de zapatos, los escuchamos, los digitalizamos y después pasaron a vinilo. Para mí fue un hito reeditar este trabajo luego de 30 años.

—¿Cómo ve la televisión chilena hoy?

—Debe transformarse como lo está haciendo la BBC de Londres, hay un contexto mundial de crisis de la televisión que no ha sabido renovarse frente a internet y las redes sociales. ¿Cómo y hacia dónde vamos? Creo que nos acercaremos a un modelo de plataformas como Netflix. Hoy los noticieros en Chile son una basura. Aunque no miro mucha tele, cuando la prendo veo pocas cosas rescatables y varias desechables. Pero tampoco es condenable, no tiene por qué pretender más. Defiendo eso sí las telenovelas. Porque son el único formato o género que los latinoamericanos le hemos dado a la industria audiovisual. Hay que cuidarlas, por algo los turcos nunca más se desligaron de ellas.

—¿Está cómoda en Perdona nuestros pecados?

—Es una teleserie extraordinaria, pocas veces nos ha pasado a mí y a todo el elenco que terminas el libreto y esperas con ansias que llegue el siguiente. Es que todo está muy bien escrito y la historia es muy buena.

—Entre tantas grabaciones, ¿cómo logra mantenerse saludable?

—Hago yoga y biodanza. Ayuda el hecho de tener liviano el corazón y trabajar con gente en la que se puede confiar. Algo tan importante en una sociedad donde todos desconfían de todos.

—Defendió
 alguna 
vez 
el
 consumo
 personal
 de 
marihuana.

—Lo sigo haciendo.

—¿Consume?

—A veces fumo pito, pero no mucho. No es mi droga.

—¿Y
 cuál
es?

—Ahora me gusta estar sobria, pero sí me gusta tomar vino. Debo decir que encontré en la meditación y en la biodanza espacios de creatividad y de ampliación de consciencia notables y naturales.

—¿En 
drogas 
lo 
probó 
todo?

—Sí, experimenté mucho. Con hongos, LSD, MDMA, en fin…

—¿Quería
 explorar?

—Sí, es que el ser humano tiene una pulsión de potencia y las sustancias sicoactivas ayudan a explorar espacios de tu mente y cuerpo que, en estados ordinarios de consciencia, son más difíciles de encontrar.

—¿No 
cree
 que
 con 
un 
posible
 cambio 
de 
gobierno
 se 
priven
 las 
libertades
 personales?

—La democracia chilena ha madurado lo suficiente como para que haya un gobierno de derecha. De ganar Piñera sólo queda el plano de ser una muy buena oposición.

—Para 
cerrar,
 ¿qué 
haría 
si 
viera 
que 
la
 democracia
 corriere riego en 
el 
país?

—Me vuelvo activista.

—¿Se
 crucificaría 
nuevamente?

—Por supuesto.