“La esperanza es algo peligroso”. Palabras que ponen los pelos de punta —por su cuota de verdad— y que salieron de la boca de una de las internas de la primera temporada de la aclamada serie carcelaria Orange is the new Black. La cita es una de las más recordadas por los fanáticos del show de Netflix y que también tocó, indirectamente, la vida de dos de sus estrellas: Laverne Cox y Dascha Polanco. La primera, una transexual egresada de Arte Dramático, veía lejano su paso a la industria masiva. Mientras que la chica latina ya era una madre que trabajaba de planta en un hospital cuando la llamaron del programa.

No querían admitirlo. Pero fue imposible eludirlo. Pese al peligro que contenía esa afirmación del libreto, íntimamente mantenían la esperanza de la esquiva fama y reconocimiento.

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Hace pocos meses hablamos con la protagonista Taylor Schilling, quien interpreta a la historia real una burguesa que se vio encarcelada por unas correrías del pasado. Ella nos dijo: “Las mujeres hablan más que de hombres y zapatos”.  En esta oportunidad, CARAS viajó a la capital mexicana para conversar con Cox y Polanco. Era necesario. Orange is the New Black es uno de los fenómenos de la pantalla, con 12 nominaciones al Emmy que se entrega el próximo lunes 25 de agosto. Y Cox, además de postular a una de esas estatuillas por su rol de Sophia, también fue seleccionada este año por la revista Time para ser su portada como revelación y por liderar el movimiento transexual. Mientras, Polanco, de origen dominicano, es una de las promesas latinas gracias a su rol de Dayanara, una prisionera con una adictiva historia de amor tras las rejas. 

Es raro sentarse con ellas y verlas glamorosas. Laverne, sobre el metro noventa con sus tacones, muestra sus piernas eternas en un diseño lleno de brillo. Y Dascha tiene el pelo ondulado y una cintura minúscula en su vestido cruzado. Ambas están maquilladas de manera impecable. Listas para cualquier alfombra roja.

Viven la realidad de dos mundos opuestos: Hollywood  y la cárcel. Laverne, cuyo hermano gemelo la interpretó en versión masculina en el show, nos dice: “No hay prisión segura. Al final del día, te quitaron la libertad”.

—Esta serie abrió la discusión sobre los derechos de la gente en prisión.

—LC:  Hay demasiados temas que solucionar. En mi caso, trabajo sobre el tratamiento que se les da a las internas transexuales y el lugar (masculino o femenino) en que se las ubica.

—DP: Con el show te das cuenta de que hay variadas razones sutiles por las que estas mujeres caen encarceladas. Por eso hay que tener otro tipo de acercamiento.

—LC: Hay gente que está allí por enfermedades mentales o drogadicción, que es una enfermedad. Por eso es ridículo juntarlas con criminales y sobrepoblar las cárceles.

—¿Serían capaces de sobrevivir en prisión?

—LC: No.

—DP: Tendría que poner mi cara ruda.

—Laverne, confesaste que no creías que ibas a llegar al público masivo. Ahora que lo lograste, ¿cuál es tu siguiente paso?

—LC: En cuanto a la música sólo canto entre  las escenas y en la ducha. (se ríe) Espera un poco, E du jour… (entona un verso en tono soprano).  ¡Ay! Lo que sigue es la tercera temporada de Orange —que ya estamos grabando— y un rol de invitada en una serie de la cadena Bravo Girlfriends’ Guide to Divorce. También produzco dos documentales. Uno sobre CeCe McDonald, el drama de una transexual que estuvo dos años en una cárcel de hombres. El segundo se llama Transteen, para la cadena MTV, que se estrena este semestre. Además, escribo mis memorias. ¡Uff! Ya sabes por qué me veo tan cansada.

—DP:  Yo no canto, soy rapera… (y amenaza con letras de hip hop).

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—Cuando miran el impacto de la serie y sus nominaciones al Emmy, ¿cómo explicarían las claves de este éxito?

—LC: Lo que tiene esta serie es un increíble relato. Una historia que seduce a la audiencia, que espera el siguiente episodio. Creo que Debra Messing (Will&Grace) dijo: La gente no va al cine o teatro, ni tampoco sintoniza la TV para verte a ti. Lo hacen para verse ellos. Y en Orange la gente se reconoce. Establece conexión.

—¿Cuál es el rol de Sophia en la sociedad femenina de la prisión de Orange?

—LC: Ella quiere mantenerse al margen de los problemas. Toma los lazos que necesita. Trata de marginarse del drama, algo que tengo bastante en común con ella… (ríe).

—¿Qué quieres mostrar de la realidad transexual con tu papel? ¿Cómo recibiste tu nominación?

—LC: Parto comprometiéndome con la verdad: la del personaje y la mía. Que en Orange me vean luchando por mi vida. ¿Y el Emmy? Por años me dijeron que (por ser transexual) no podría cruzar a la gran audiencia. Incluso mi gemelo me aconsejaba: Eres muy talentosa, pero deberías escribir tu propio show. En mi interior siempre pensé que podría darse una oportunidad de reconocimiento, como el Emmy. Es una gran validación, aunque queda mucho por crecer como artista.

—¿Qué dice ahora tu hermano?

—LC: Estaba equivocado (sonríe). Pero es bueno tener gente a tu alrededor que te diga la verdad.

—¿Cómo fue trabajar con Jodie Foster, también nominada al Emmy a Mejor Dirección de un capítulo de Orange?

—Creo que yo no habría recibido mi nominación si no es por la mirada de Jodie Foster en el episodio Lesbian Request Denied. Fue increíblemente generosa con su sabiduría. Trabajar con ella fue un sueño hecho realidad. Pensaba que cada cosa que ella me decía venía desde Dios.