La medianoche del pasado 31 de diciembre, cuando los fuegos artificiales iluminaron el cielo del hotel Conrad en Punta del Este, Ignacio Gutiérrez (41) abrazó a su pareja y sintió que al fin se acababa la pesadilla. Después de un año y diez meses —el tiempo en que se prolongó el juicio por discriminación contra Chilevisión y que la Corte Suprema resolvió a su favor en 2017— finalmente se liberaba del contrato de trabajo que lo ataba con su ex casa televisiva, luego de un largo proceso laboral y personal.

Atrás quedó un período doloroso. Un tiempo que puso a prueba su amor propio, su dignidad, sus afectos, sus lealtades, su fe en casi todo. Tuvo que pagar un alto costo, impensado para alguien que había hecho de los medios de comunicación su vida y que vio puesto en tela de juicio su mayor capital después de 17 años de carrera.

“Hubo un momento en que tuve la certeza de que no volvería a la televisión”, dice mirando fijo, mientras sus característicos ojos achinados brillan y se emocionan.

Cuenta que el día en que fue discriminado por parte de ejecutivos de CHV, durante una reunión de trabajo, sintió que el golpe que le asestaban era tan grande que le dolió el cuerpo. “La discriminación es una agresión física”, explica como si aún recordara el mazazo. “Lo primero que hice fue llamar a mi familia y a una amiga mía que es abogada; le dije: esto es discriminación, es lo que combato todos los días en el matinal y ahora me lo están haciendo a mí. Tengo que ir a la justicia”.

El animador ha contado que ese día, frente a todo el equipo, los ejecutivos esgrimieron que debían relevar a Gutiérrez de su rol de coanimador y poner en su lugar a Rafael Araneda porque de acuerdo a un estudio de mercado la gente no lo veía como un buen dueño de casa porque era gay.

Entonces decidió demandar al canal por discriminación y se amparó en la Ley Zamudio, una decisión sin precedentes en la historia de los medios de comunicación. “Pero sentí que era mejor quedarme sin trabajo a no hacer nada”.
No fue un camino fácil. Se sentía vulnerable. Quienes participaron de la reunión —y que lo respaldaron en ese momento— pronto cambiaron su versión. “Me sentí brutalmente traicionado, por ejecutivos del canal, por mi compañera Carolina de Moras, quien fue una de las primeras personas que me defendió y después me enteré que desconoció todo”.

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Tampoco se sintió apoyado por sus compañeros del canal: “Hubiese pensado que de todas esas personas, productores o directores, a los cuales iba a pedirles que les aumentaran el sueldo o que los defendí de no ser despedidos, al menos alguno estuviera conmigo, pero no, fíjate. Ni siquiera me llamaron”.

Tampoco él quiso ponerse en contacto o pedirles que atestiguaran a su favor. “Para qué”, dice. “No quería que nadie me hablara mucho, que se hiciera justicia luego”. Pero el proceso judicial se alargaba cada vez más. “Nunca tuve tranquilidad, ni de día ni de noche. Me sentía muy expuesto”.

Los primeros dos meses no salía de su casa. “No quería —cuenta—. No aguantaba la angustia e inicié un tratamiento psiquiátrico. Hay cosas que no puedes controlar, como lo que se dice de ti en los medios; había gente que ni siquiera estuvo en esa reunión e inventaba cosas. Y tienes que proteger tu relación de pareja, a tus papás, a tu entorno familiar. Hay un proceso de angustia donde no duermes y te preguntas ¿qué voy a hacer mañana? El canal dejó de pagarme el sueldo, lo que es ilegal. Y como tenía contrato vigente no podía irme para otro lado ni dar entrevistas”.

—¿Hiciste terapia?

—Muchas, siquiátrica y sicológica, hasta el día de hoy. Fue lo primero que me recomendó mi abogado.

Y lo primero que también le dijo la jueza Karen Atala. “Ella me recibió con los brazos abiertos. Sólo la había visto dos veces en mi vida, pero en cuanto la llamé me dijo ‘vente a mi casa ahora’. Me encontró muy mal. Me recomendó que buscara abogados y que iniciara una terapia psiquiátrica con una especialista que ella misma me aconsejó y que me ve hasta hoy. ¿Sabes cuál era mi miedo? Que no me creyeran que lo que denunciaba era cierto”.
Por ello, reitera que llegó a convencerse que no volvería a la TV. “Regalé mi ropa, mis instrumentos de trabajo. Todo… Fue un mecanismo de defensa. Cuando estás tan vulnerable te llenas de inseguridades; sientes que están todo el día dudando de ti, hasta que sale el fallo y ahí literalmente te vuelve el alma al cuerpo”.

Ese momento tiene una fecha precisa: el 12 de mayo de 2017 a las 09:13 de la mañana. “Cuando recibí el llamado de mi abogado para decirme que habíamos ganado el juicio. Ahí empezó un camino de recuperación que todavía no termina”.

En su dictamen el duodécimo Juzgado Civil confirmó la discriminación, lo que fue ratificado por la Corte Suprema que, además, amplió el fallo, condenando a la estación a una multa fiscal, el pago de las costas legales del animador por parte de CHV y la exigencia de no repetir esa clase de actos a futuro. “Este fallo cambió la industria televisiva. Durante años mis colegas han callado cuando los sacaban de pantalla por edad, por haber subido de peso o por su condición sexual. Hay que tomar conciencia de que tenemos que ser valorados por nuestro trabajo y en ese sentido el fallo sienta una jurisprudencia”.

Ignacio se amparó en la Ley Zamudio, instalando un hito en el mundo de la TV por lo que fue premiado por la Fundación Iguales en 2017. Sin embargo, a raíz de su experiencia, sin dudarlo afirma que hay que hacer cambios urgentes a la legislación. “Hay que reformularla… Si quieres recurrir a ella tienes que salir públicamente del clóset, cuando siempre he creído que una persona puede ser animador de un matinal y tener credibilidad sin que su vida personal sea tema. Y si eso me pasó a mí, ¿qué queda para alguien de regiones que debe reconocer su homosexualidad ante toda una comunidad?”, dice el flamante conductor de TVN.

Y agrega: “Esto (el mecanismo) ha influido en la baja tasa de denuncias; a nadie le gusta que lo apunten con el dedo. Tampoco puede ser que haya que partir con la Ley Zamudio y, en paralelo, el juicio civil por el tema indemnizatorio, un trámite que en promedio dura dos años y que anímicamente puede destrozar a cualquiera”.

Su pareja siempre insistió en que no se rindiera. “Es un hombre muy noble y justo, estuvo más allá del apoyo que necesitaba. Estoy muy orgulloso de lo que hemos construido. Nuestra relación salió fortalecida. Hoy día no concibo mi vida sin él”, dice sobre su relación con un reputado ginecólogo de una prestigiosa clínica del sector oriente.

—¿Piensan casarse?

—Absolutamente. Con Acuerdo de Unión Civil o con matrimonio igualitario, si es que se aprueba. Ojalá sea esto último para que tengamos las mismas herramientas que cualquiera para poder ser felices.
Fue un hecho puntual que lo llevó a pensar en el matrimonio, cuando tuvo que llevar a su pareja a la clínica por un fuerte dolor de estómago. “Me pasaron dos papeles: uno era el pagaré y el otro el consentimiento médico familiar, de salud. Sólo pude firmar el del pagaré… (silencio). Imagínate, la única persona que él tiene aquí soy yo, el único que está con él en las buenas, las malas y en las más o menos. Cuando está enfermo, cuando tiene fiebre, cuando siente angustia o alegría, ¿y yo no puedo autorizar que se haga un scanner? Agradezco que al menos exista el AUC.

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DE VUELTA A LA PANTALLA

El 8 de enero el comunicador dio otro paso importante: volvió a trabajar en televisión. “Me alegró mucho recibir otra vez ofertas”, dice por las propuestas de Canal 13 y de TVN. Se decidió por el canal estatal porque le proponían integrarse como animador del matinal, conducir un estelar y, además, su director es Jaime de Aguirre con quien trabajó en CHV. “Desde que entré por primera vez al canal sentí una energía maravillosa; como en mi casa. Nunca debí haber salido de la televisión. Lo hacía bien. Los estudios que esgrimieron, tan manoseados, finalmente no eran verdad: ahí nadie me había criticado, hablado mal de mí o cuestionado mi sexualidad. Nadie había mencionado que yo era mal dueño de casa o mal animador. No había ningún punto en mi contra. Pero la maldad supera cualquier cosa. Me hicieron caminar en el fango durante tanto tiempo de una manera injusta, pero tengo que aprender a perdonar para poder avanzar”.

—¿Y eso cómo se logra?

—Con tiempo. Por eso es tan importante para mí este retormo. Me emociona que me hayan puesto como conductor de un matinal que tiene un arraigo tan importante en los chilenos, algo que para mí siempre fue un sueño. Y que más encima tenga esta capacidad reparatoria y de sanación para mí, es algo de lo que yo voy a estar infinitamente agradecido y lo voy a retribuir con todo lo que sé hacer.