Aunque llevaba varios años alejado de los estudios, su partida conmocionó a la comunidad artística justo en minutos en que la Roja peleaba codo a codo con la selección uruguaya de fútbol por un cupo para el Mundial de Rusia 2018. Un momento de gloria para despedir a alguien que se dio por completo a la tarea de entretener a generaciones y generaciones. Para sus ex colaboradores de Más Música, Venga Conmigo y Noche de Juegos, la noticia no fue ninguna sorpresa.

Hace cerca de siete años, Eduardo Domínguez Vial, el Flaco, como era conocido, sufría de una atrofia multisistémica que paulatinamente fue mermando su movilidad y salud orgánica sin afectar sus capacidades intelectuales. Quizás eso fue lo más triste. Él que vibraba con las transmisiones en vivo como nadie, se fue apagando lentamente.

Aunque los recuerdos de esos tiempos de oro en canal 13, cuando el desaparecido Eleodoro Rodriguez Matte celebraba cada una de sus ocurrencias y su insuperable rapidez en el switch sacaba aplausos, le producían indisimulada alegría, él miraba su historia con una buena dosis de autocrítica.

“No debí haber sido tan trabajólico, pero lo pasé increíblemente bien. Literalmente tuve el mundo a mis pies y no tengo dudas de que si no fuera por la enfermedad, seguiría trabajando”, reconoció una tarde en su departamento Las Condes. Llevaba dos años enfermo y quería contar su historia.

Desde esa mañana cuando frente al ministerio de Defensa cuando vio a un grupo de gente obnubilado con una cámara que proyectaba la imagen del tumulto en una pantalla de televisión hasta el éxito que rodeó a su última creación televisiva Rojo, Fama contra Fama. El espacio busca talentos no sólo trascendió las fronteras sino que además le dio TVN ganancias millonarias.

En esa ocasión, hablamos de su encuentro con Rod Stewart antes de dirigir ese recital icónico del estadio Nacional de 1989 que marcó el fin de casi de diecisiete años de apagón cultural y de la tarde en que dirigió el clip de “El hombre que yo amo” de Myriam Hernández en las dunas de Con Con, entre muchos hitos de su prolífica trayectoria. La noche anterior, la actuación de Sting en el Festival de Viña lo había emocionado al borde de las lágrimas. “Me alegré mucho por Jaime de Aguirre”, dijo.

Poco y nada quedaba del director duro que podía pasar de ser el tipo más encantador al más frío y distante. El mismo que alguna vez fue bautizado como el niño terrible de canal 13 y que se sorprendió cuando Don Francisco no lo sumó al proyecto televisivo en Miami.

Algo que nunca comentó, en gran medida porque siempre se sintió más cómodo cultivando el bajo perfil que aprendió junto a sus once hermanos Domínguez Vial. Su salida del canal de la Universidad Católica, no estuvo exenta de polémicas que jamás se detuvo a responder con una exquisita arrogancia que fue su marca registrada.

Qué le podía afectar a él que dijeran que se iba de fiesta con las modelos después de las grabaciones que llevaron al espacio Venga Conmigo que conducía su buen amigo José Alfredo Fuentes, por todo Chile. Menos que nada. Con un estilo, mezcla entre rockero, dandy y tipo con calle, el Flaco impactaba de presencia aún sin saber que uno estaba frente a un animal televisivo de la más alta ferocidad. Crítico de la falta de originalidad de la industria, no temía reconocer que “cuando yo empecé en esto, la tv era como el lugar donde mandaban a los hijos problema”.

Le gustaba contar que fue su nana la que le dijo que se fijara en un joven y delgado periodista que hace un tiempo había debutado en las pantallas de La Red. Así fue como conoció a Rafael Araneda, quien tiempo después se convertiría en el último de sus grandes partners.

Hoy, el conductor del matinal de Chilevisión lo recuerda para caras.cl como “un hombre intenso, profesional, riguroso y muy talentoso. Le gustaban los programas en vivo y en directo, siempre con mucho humor y grandes apuestas en escena. Era de correr riesgos, de gozar con la adrenalina que produce este trabajo. En lo personal fue un tipo leal, paternal, siempre dispuesto a dar un buen consejo”.