El departamento que Juan Manuel Astorga tiene cerca de Nueva Costanera, en Vitacura, está en perfecto orden. La luz entra por el balcón amplio de preciosa vista donde, cuenta, el sábado recién pasado celebró su cumpleaños 42. El bar que tiene cerca del ventanal, impecable, no delata que hubo una fiesta hasta bien entrada la madrugada. El conductor acaba de levantarse de una minisiesta y todo está en silencio y calma. Hasta que suena el timbre y entra con su torbellino de energía Andrea Vial, la productora periodística de El Informante de TVN, la dupla de Astorga fuera de pantalla, que con su ímpetu desintegra en pocos segundos la lentitud de esta tarde calurosa de verano en Santiago.

Se ponen contentos al verse y se abrazan. Se ríen juntos y casi al unísono encienden sus cigarrillos dentro del departamento. Juan Manuel y Andrea no parecen compañeros de trabajo, sino tremendos amigos que disfrutan de la compañía del otro. No me equivoco: se conocen desde 1997, cuando coincidieron en radio Duna. “Nos hicimos amigos altiro”, cuenta el conductor, que todos los años en las vacaciones llega de visita a la casa de verano de Vial y su familia. 

Tienen una complicidad enorme y eso se nota. “Estamos llenos de códigos y nos reímos de las mismas cosas”, dice Andrea, la periodista que se ha desempeñado en medios como Canal 13, Mega, revista CARAS y que fundó la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado.

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No cuesta creer, como retratan con un montón de anécdotas, que se diviertan haciendo El Informante, el programa de actualidad de TVN que debutó en 2013 y que el año pasado tuvo su segunda temporada. Dicen que en el canal, por lo menos en Prensa, hacen una dupla conductor-productora difícil de replicar. Incluso comparten oficina, algo poco habitual. “Yo tenía solo una silla y una mesa, bien pava, y un día él llegó con una caja con mil cuestiones. Lámparas, un aparato para el scotch, una corchetera, un basurero, tacitas, bolsitas de té y hasta unos monitos llenos de dulces”.

Cuenta Astorga que en 2012 se daba por satisfecho en TVN y pensaba que había tocado techo en su carrera: “Venía de reconstruirme en muchos aspectos en mi vida y mi experiencia con la televisión, hasta llegar al canal, había sido de altibajos”. En eso estaba cuando lo llamó el entonces director de Prensa, su amigo Kike Mujica, y le ofreció hacer El Informante para debutar en abril de 2013. “Le dije que tenía que salir a buscar a alguien que fuera mi contraparte. En el fondo, una persona que me cuestione mis ideas y yo se las pudiera cuestionar. Y le dije: la Andrea Vial. El Kike pensaba en el mismo nombre y afortunadamente ella, que venía llegando de Londres, aceptó incorporarse”.

La relación humana que tienen fuera del trabajo se traspasa a lo profesional, porque se consideran parte del mismo engranaje. La productora periodística estima que Juan Manuel “es el mejor entrevistador que hay actualmente en la televisión chilena, por lejos”.

El tiene otra explicación:

–Llevo trabajando desde que tengo 18 años en esta pega y hoy soy lo que soy gracias a que la Andrea explotó mis habilidades. Durante décadas –porque yo trabajo en la televisión desde 1996–, nadie había logrado sacarlas. Nunca me había ido como me va ahora y eso es por ella, es la clave. La Andrea me da confianza, me quiere, me conoce, sabe cuáles son mis debilidades y mi mal genio. Son cosas que ha ido trabajando conmigo. Ella ha logrado que mi lado menos amable vaya desapareciendo y que mis potencialidades se hayan comenzado a lucir. Mañana podría llegar otra persona, es cierto, pero no sé si va a ser igual. Y yo ¿para qué me voy a arriesgar? Si lo estoy pasando tan bien”.

Astorga se refiere a los cambios que analizaron en conjunto cuando, entre noviembre y diciembre pasado, Canal 13 le ofreció emigrar a esa estación: “A fines de 2014 estuve a punto de irme de TVN, porque tenía una muy buena oferta de personas con las que me parecía interesante seguir trabajando, como es el Kike Mujica –actual director de Prensa de Canal 13– y Cristián Bofill –el director ejecutivo–. Pero una de las primeras cosas que hice fue preguntarle a Andrea si ella iba a seguir. Si me decía que no, yo no tenía cómo proyectar El Informante”.

–¿Cómo fue eso? ¿Era para encabezar un proyecto equivalente?

–Algo equivalente, sí.

–¿Y qué pasó?

–Era más o menos obvio, no fue una sorpresa. Soy muy amigo del Kike Mujica, trabajamos juntos en la radio y él fue el que me llevó a TVN. Un orgullo que haya querido seguir trabajando conmigo. Lo mismo Cristián Bofill, que también fue mi compañero en radio Duna. Me llevo muy bien con él y me parece muy interesante lo que quiere hacer en Canal 13. Lo que pasa es que en TVN existe un proyecto que recién está naciendo y entonces, por otra parte, me pareció que era el lugar donde yo debía estar. Además, le tengo mucho respeto profesional a Alberto Luengo –el actual director de Prensa de TVN– y tenía la espina clavada de querer trabajar con él. Y ha sido una tremenda experiencia”.

–Y tú, Andrea, ¿qué le dijiste cuando conversaron sobre la oferta del 13?

–Le dije que creía que este programa, con este grado de libertad y de independencia con el que nosotros trabajamos, es difícil hacerlo en otro canal de televisión. No porque no existan los profesionales detrás para poder hacerlo, sino que porque es complicado. Tiene que ver con la propiedad de los medios: me creo a pie juntillas lo que significa Televisión Nacional para este país. Como había mucha presión por llevarse a Juan Manuel –y yo encuentro que tenía toda la razón el Kike Mujica, del que también soy muy amiga–, en un minuto además le dije: “¿Sabes qué, Juanma? Sácate de la cabeza todas las cosas personales y las relaciones y mira qué es lo que quiere tu guata”. Porque la oferta era buena e iba a trabajar con gente maravillosa. Lo tercero que le dije fue que considerara que todavía es demasiado joven. O sea, uno puede tomar una decisión y en dos años echarla para atrás o cambiar, etcétera.

Juan Manuel Astorga agrega: “También me dijiste que somos amigos y que me ibas a apoyar en mis decisiones”.

En marzo comienza la tercera temporada de El Informante, que traerá innovaciones importantes, según adelantan Juan Manuel y Andrea. Escenografía nueva y distintos formatos periodísticos, diferentes al de la entrevista y el debate, pero sin perder el sello. “Nos dimos cuenta de que este programa tiene una ductilidad que no tiene prácticamente ningún otro espacio periodístico en televisión y, por lo mismo, le queremos sacar provecho. Vamos a seguir buscando la contingencia y los temas de relevancia, pero la diferencia va a estar en la forma en que los vamos a presentar”, explica Astorga.

–¿Qué desafíos se han propuesto respecto del rating? ¿Es un factor clave o les da lo mismo?

–No, nunca nos ha dado lo mismo. Queremos marcar alto, porque sabemos que estamos haciendo un producto de calidad. Efectivamente, existe una ausencia de cultura televisiva respecto de asimilar contenidos un poco menos fáciles de digerir. Esto no es una hamburguesa de McDonalds, sino que puede ser una ensalada César. Las dos son increíblemente ricas, pero una es más difícil de vender que la otra y estamos conscientes de eso. Queremos convocar siempre a mayor cantidad de audiencia. Despojar un poco la imagen de que El Informante es un programa meramente político. En nuestro estudio ha estado sentado Johnny Herrera, Claudio Bravo, cantantes debatiendo sobre música chilena. Hemos tenido de todo. El cómo nosotros logramos atraer más televidentes es uno de los desafíos. Pero también entendemos que estamos dentro de una industria que está mutando. En 2014 nuestro promedio fue 5,9 y en 2013 de 6,9 y, proporcionalmente, nuestra disminución equivale en menos medida a la disminución del rating del canal, que pasó de primero a cuarto”, señala Juan Manuel.

Andrea agrega que El Informante, comercialmente, ha sido bien evaluado por los auspiciadores. “En dos años pudimos construir una marca con atributos que son reconocidos y valorados, por lo tanto, nuestro desafío hoy es congregar más televidentes. En ese sentido sí nos importa el rating, queremos que cada vez más gente se integre a la discusión en torno a los temas que se abordan en cada capítulo. Nosotros estamos convencidos de que estamos haciendo un programa que es importante, que marca agenda, que es un aporte a la conversación, en la búsqueda de una nueva mirada, que incentiva que la gente cuestione la realidad, las decisiones de la autoridad y los eventuales abusos del poder.” 

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Mientras fuman uno y otro cigarrillo, en esta conversación después de la sesión fotográfica, relatan el método de trabajo de El Informante. Según describen, las reuniones de pauta son dinámicas y caben todas las propuestas. “Me gusta trabajar con todas las ventanas abiertas y que aparezca desde la idea más atrevida a la propuesta más racional. Que todas estén ahí porque de repente, en ese ejercicio, salta la liebre”, cuenta Andrea.

Trabajan con mucha planificación y metodología para no improvisar y, al mismo tiempo, seguir con nervio la actualidad, que cambia a cada hora. Pero en ocasiones, como sucede habitualmente en el periodismo, se encuentran a mediodía del martes, a pocas horas de salir al aire, sin entrevistados: alguno se arrepintió, otro finalmente no aceptó ir, etcétera. Con una Coca light en una mano y un cigarrillo en la otra, Astorga y Vial se van a los patios de TVN a pensar. “No importa, Andrea, algo se nos va a ocurrir. Empezamos a caminar, a tirar ideas y ella con su celular. Esas situaciones que parecieran angustiantes, yo las valoro mucho”, dice Juan Manuel. “Yo me desespero”, reconoce Andrea.

Cuando están al aire, ella asume el papel del televidente y hace comentarios de sentido común al conductor, a través del sonopronter, para que tenga un feedback del entrevistado: “¡Qué antipático, ¡uf!, ¡qué pesado!” o “No entendí nada”. Astorga dice que de repente escucha que su compañera suelta una carcajada. Como cuando él le comenta a los entrevistados: “Estupenda su respuesta, pero no tiene nada que ver con lo que le pregunté”. En ese momento, dice el conductor, cuando escucha la risa de Andrea por algo que dijo en un programa que es serio y formal, él piensa: “Estamos haciendo bien la pega”.

Hacen un recuento de estas dos temporadas y coinciden en que una de las entrevistas más tensas de todas fue la del general (r) Juan Emilio Cheyre y Ernesto Lejderman, quien siendo un niño fue entregado en adopción por el militar después de que sus padres fueran asesinados por la dictadura. Desde el punto de vista periodístico, Astorga destaca las que le hizo al jesuita Felipe Berríos, Johnny Herrera, a don Francisco y a Sergio Lagos. A Vial también le gustaron los programas hechos en la Araucanía y la Isla de Pascua, el debate entre Andrés Velasco y Marco Enríquez, los espacios dedicados a la situación de los profesores, el aborto y la entrevista a Mariano Puga. A veces Juan Manuel le dice a su productora antes de salir al aire: “Guíame, en esta entrevista me voy a perder”. En otras ocasiones le pide lo contrario: “Déjame navegar solo”.

También han debido enfrentar situaciones complejas, como la denuncia de falta de pluralismo de la Federación Palestina luego del programa sobre el conflicto Palestino-Israelí, emitido el 22 de julio de 2014. El Consejo Nacional de Televisión acogió la idea de investigar y, luego de las descargas de TVN, retiró los cargos en diciembre por unanimidad. “Todo quedó completamente despejado. Porque El Informante puede cometer muchos errores –señala Juan Manuel Astorga– pero si hay uno que no tiene, es la falta de ecuanimidad”.

La entrevista se acaba, pero ellos podrían seguir conversando toda la tarde. 

Juan Manuel se mete a la ducha y se arregla: van juntos a recibir un premio del Círculo de Críticos de Arte. 

La dupla de El Informante parece dispuesta de dejarlo todo en la cancha para jugar con éxito esta tercera temporada.