El día de la entrevista estaba a pocas horas de partir al Festival de Cine Fantástico de Sitges en Barcelona, nada menos que como la protagonista de Maldito amor; seleccionada para la sección Brigadoon dedicada a las películas de sangre. Se trata de la nueva cinta de terror de los hermanos Badilla a estrenarse el 30 de octubre en Chile, y en que Raquel Calderón (23) interpreta a Beatriz; una colegiala que junto a un compañero de clases Arturo (Sebastián Badilla), comienzan a investigar misteriosas muertes antes de su graduación.

El viaje eso sí no fue directo a España. Kel tenía planeado pasar una semana antes por París para recorrer tranquila museos y monumentos —que en su anterior ida con su madre Raquel Argandoña en julio del año pasado visitó a la rápida—, para luego juntarse en Barcelona con el equipo de producción de Maldito amor.

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Está satisfecha con su incursión en la pantalla grande que la trae de vuelta tras casi un año de retiro voluntario de la TV y de todo lo que huela a escándalo o farándula, terrenos en los cuales antaño se movía a sus anchas. Sólo había aparecido en algunas marchas públicas en contra del proyecto hidroeléctrico Alto Maipo, en apoyo a su pareja de hace diez meses, el campeón mundial en rafting y conductor de La Odisea de TVN, Pangal Andrade, que mantiene una lucha personal en contra de la iniciativa como miembro de la familia Astorga, quienes han hecho su vida en el Cajón del Maipo.

Admite que la sobreexposición y protagonizar constantes polémicas en un minuto, terminaron pasándole la cuenta. Fue a fines del 2012 en que se le juntó su expuesto y conflictivo pololeo con Pablo Schilling, el fracaso del reality Las Argandoña, las peleas familiares y las críticas públicas de su hermano Hernán hacia su madre por contar sus intimidades en pantalla. “Llegó un momento en que no podía salir de mi casa, me seguían para todos lados. Me sentía atacada, estaba a la defensiva, mal genio, sensible. Me aburrí y alejé de todo… y me hizo bien. En esos días además terminé mi relación de tres años y medio, retomé mi círculo de amigos que tenía botado, me reconcilié con mi padre (después de dos años sin hablarse), quien tenía cáncer, que también fue un proceso fuerte. Mi vida dio un giro: volví a enfocarme en mis estudios, viajé harto y recuperé mi tranquilidad”.

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Dice que el desgaste personal en ese período fue alto. “Dejé de pasarlo bien. Cuando tu vida comienza a girar en torno a lo que dice un panel de farándula y llegas apurada a la casa a prender la tele, es porque algo no anda bien. Dormía poco, vivía enojada, en función de lo que decían de mí, miraba a todos con desconfianza, no quería salir ni con amigos a comer para que no fueran a inventar algo. Empecé a sicopatearme, a pasarme rollos, a agarrarle mala a la gente, ¡y me estresé! Comencé a evitar las entrevistas para protegerme y le di prioridad a otras cosas. Entremedio conocí a Pangal, quien es muy quitado de bulla, y me metí en otro mundo, y ahora prefiero mil veces irme un fin de semana entero al Cajón que cortar un sábado por algún evento. Depende mucho de con quién te juntas, el ambiente en que estás metida. Si no conoces otras cosas, te acostumbras a lo mismo, y cuando te agarra la rueda no tienes cómo salir. Después te das cuenta de que hay cosas más interesantes, que te llenan mucho más. Antes, si me pedían una nota la daba altiro; ahora no estoy dispuesta a levantarme de la cama, peinarme, maquillarme para salir en TV, no me interesa. Ya no siento la obligación de ir a cualquier tontera por estar vigente”.

—¿Antes quería estar en todas?

—Sí, pero he ido perdiendo el interés; quizás antes tenía más ganas de estar en televisión… Ahora estoy a punto de egresar, me interesa más mi carrera. Hace un tiempo aceptaba cualquier cosa en la tele, ahora sólo un buen proyecto como la película en que me hice el tiempo, de lo contrario, prefiero guardarme. Hace rato que con Sebastián Badilla queríamos trabajar juntos, hasta que el año pasado me invitó a participar en esta comedia de terror. Sentí que era el momento; estaba en cuarto año de derecho que es más relajado, y me lancé nomás…

—Tendrá claro que ser protagonista la expondrá de nuevo.

—Acepté con susto; es distinto actuar en una serie de TV que trabajar en el cine, y con actores con el carrete de Katty Kowaleczko, Fernando Larraín… Al principio me cohibí, y le dije a Gonzalo (Badilla, director): “Por favor, corrígeme hasta que me salga”, y funcionó todo bien… Me encantó hacer cine, tiene un lado romántico en que cada plano es súper trabajado, tienes tiempo para armar bien tu personaje. Uno siempre cree que pudo hacerlo mejor, pero estoy conforme, logramos buena química con Sebastián (Badilla), que es un gran improvisador y te sorprende todo el rato. Con él debes saber responder, de lo contrario, le puedes matar una buena talla.

Asegura que nunca había estado tan contenta y estable como ahora. “No ha sido un drama no estar en TV, al contrario. Es bacán llegar a tu casa, encender la tele y no tener idea de lo que dicen”. Reconoce que su error fue hablar más de la cuenta, “pero no lo hice con mala intención, sino por honesta y  transparente. Y opiné mucho, dije cosas que no debía. Hay que aprender a discernir qué vale la pena contar y qué no. Eso lo logras con el tiempo, nadie te enseña; aunque mi mamá me lo advirtió 500 veces, no le hice caso. Hoy mi tranquilidad y privacidad tienen otro valor”. 

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—El fracaso de Las Argandoña también debió remecerla, una clase de humildad…

—Todos pensamos que le iría mejor; influyeron muchos factores… La verdad, nunca he puesto todas las fichas en un solo proyecto, entonces tampoco te puedo decir que ese fracaso me destruyó. Fue triste, le pusimos ganas, había un tremendo equipo, pero, insisto, no fue una derrota personal. Sí creo que hubo muchas cosas injustas. Se habló de sueldos irreales, y con mi mamá no podíamos salir a aclarar. El canal jamás nos defendió, hubo muy poca publicidad, esperaban que se promocionara solo…

—¿Siente que TVN las dejó solas a causa de las críticas que recibía?

—Sí, de todas maneras. Decían que los sueldos salían del bolsillo de los chilenos, y nadie del canal se dignó a explicar que TVN es una empresa autónoma. Muchos malos entendidos, y uno se sumaba al otro, y con mi mamá nos pusimos a la defensiva. Se generó una pésima relación con la prensa, fue una mala experiencia… Al principio no le tomamos el peso… Mi mamá lo haría mil veces de nuevo, a mí me costó. Soy explosiva, reactiva y me fue difícil manejar que gente grabara todas mis reacciones, tendía a decirle al equipo: “¡Paren de grabar”! Por personalidad rechazaba lo que estaba haciendo, a pesar de que había accedido, nadie me obligó.

—Entretanto, salió su hermano criticando y pidiendo públicamente a su madre que no hablara de él en TV, ¿entendió su postura?

—Fue una arista más… Entendí lo que quiso transmitir, no era la forma ni el minuto, pero sí el proceso normal de un niño de 15 en su etapa de rebeldía, que yo también viví. Por otro lado, comprendía que para mi mamá como panelista de TV resultaba muy complicado definir la línea… En un minuto a mí igual me costó entender en qué familia estaba metida, y Hernán se “pasteleó” como yo lo había hecho miles de veces en que he criticado y hablado de mis papás en programas, y me arrepiento. Debí haber gritado todo en mi casa, pero actuaba desde la impulsividad como esa vez que llamé a SAV y me agarré con mi papá en directo. Fue nefasto, un error infinito. Lo de mi hermano fue una pelea de un niño de 15 con su mamá, pero los medios le dieron una relevancia y seriedad; yo en caliente he dicho cosas peores. Somos todos de personalidad muy fuerte, cuando peleamos, ¡peleamos! El problema es que tenemos que aprender a controlar esas emociones.

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—¿Cómo están las relaciones ahora?

—Se arreglaron, mi mamá con el tiempo entendió a mi hermano; se adoran. Todos aprendimos que ciertas cosas es mejor conversarlas en casa, ese es hoy el límite. Y no ser tan atarantados y hablar desde la impulsividad. Hernán volvió a su lugar de regalón total. Y se las sabe por libro, le dice dos cosas a mi mamá, y ella babea… Nosotras, en cambio, peleamos todo el día, sin embargo somos partners a morir, amigas de contarnos todo, con decirte que dormimos juntas porque me carga hacer mi cama, y como ella tiene una gigante, ¡solidariza! 

—¿Cuánto influye en su alejamiento de la pantalla que hoy la farándula y los personajes conflictivos estén en retirada?

—Me impresiona la baja… La gente se cansó del mismo formato, ya están todos los cahuines inventados. Las personas están desencantadas, y me parece bien que los canales tengan que reinventarse, cambiar contenidos, que la TV se exija un poco más. Ya nadie quiere el escarnio público, ver a personajes destruyéndose al estilo de Primer Plano… Y con respecto a mí, he ido creciendo, madurando; ya no soy la misma rebelde de 17 años a la que no le importaba nada y decía cualquier tontera. Mirando hacia atrás, muchas cosas las habría hecho de otra manera…

—¿Qué cosas, por ejemplo?

—Soy súper confrontacional, y el rostro televisivo debe ser menos opinante, identificarse con todo el mundo. Expuse mis peleas con Pablo (Schilling), con mis papás; cosas típicas de una adolescente con la diferencia que mi vida siempre fue expuesta. Me arrepiento de haber sido tan frontal con el afán de decir lo que pensaba, y de defenderme a mí y a los míos, de haberme peleado con muchos que no me interesaba. Me faltó ser más inteligente, debí quedarme callada, pero desde la rabia discutía y les gritaba a los periodistas de farándula, y al final entendí que los únicos que se beneficiaban eran ellos. Tu mejor arma de defensa es ser inquebrantable y quedarte callada. 

—Hoy ya no engancha…

—No, insisto, hoy lo más importante es mi tranquilidad, no quiero volver a pasar por situaciones desagradables. Hay temas sobre los que vale la pena opinar como aborto, matrimonio homosexual, medio ambiente; en eso estoy dispuesta a quemarme. Y te digo, ha sido increíble no verme en polémicas y cahuines. Muchas veces sentí que me quedaba grande la exposición, no podía salir de ahí, y mi personaje se terminó comiendo mi trabajo. La mayoría no sabía que estudiaba derecho, por ejemplo. Fíjate que cuando perdí el interés por estar en televisión, ¡me liberé! 

—¿Y qué le pasa cuando ve a su madre con un contrato millonario pero sin pantalla?

—No es que la tele no la quiera, ella es quien no acepta ciertas exigencias como cambios de reglas contractuales o ir a programas que no quiere. No está ni ahí con cambiar su contrato y perder lo que ya negoció por pantalla. Valora su trayectoria, sabe lo que vale, y hay que tener el peso y la seguridad para darse ese lujo. Si no hubiese sido tan precavida e inteligente con su plata, quizás habría estado haciendo cosas en contra de su voluntad por ganar unos pesos. La tele es ingrata, inestable; eso no me gustó, yo quiero una vida más segura. En eso corté el cordón con mi mamá, y seguí mi propio camino.

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—¿No cree entonces que la sacaron del matinal por su imagen de conflictiva?

—Puede ser, pero ella ha sido probada en todos los formatos, y calza perfecto con uno amigable; es seca para la talla, buena partner. Personajes como ella o la Paty Maldonado llaman la atención en cualquier formato.

Sus prioridades son egresar este año de Derecho y hacer un posgrado en criminología o bioderecho fuera de Chile. Pretende, además, seguir corriendo como embajadora de Brooks y continuar su relación con el deportista Pangal Andrade, a quien conoció por un amigo en común. Muchos lo ven como el verdadero responsable del cambio y del profundo reciclaje de Raquel. “Me cautivó desde el primer día; yo acostumbrada a los restoranes, sushi y cine, él me llevó a recorrer a caballo el Cajón del Maipo, a hacer canopi y rafting. Es diferente, súper sano de cabeza y también muy niño. Con ideas claras, valores bien puestos, me ha hecho sentir segura, querida y me ha enseñado a relajarme, a pasarlo mejor. Tiene, además, un lado ecologista y ambientalista que ha logrado traspasarme”.

Por ese hombre Kel ha tomado la bandera de lucha contra el proyecto hidroeléctrico Alto Maipo que hace unos días causó revuelo cuando el ministro de Energía Máximo Pacheco asistió al consejo municipal a responder algunas inquietudes. “Pangal me transmitió el amor que siente por el río Maipo, y ahora yo también lo adoro: es nefasto el proyecto, por eso me involucré en la causa”.

—Muchos se cuestionan si lo suyo es real interés ecológico o una simple “parada” para seguir a su pololo.

—Obviamente que no tenía idea de la causa de Alto Maipo porque no puedo estar al tanto de todo, pero Pangal y su familia que han luchado por años en contra del proyecto me explicaron el trasfondo, y cuando entiendes la real devastación que quedará, partiendo porque secarán el Cajón, al punto que se podrá cruzar el río caminando. Esto, sumado a las malversaciones y aprobaciones truchas, no puedes mantenerte  al margen. Alto Maipo es un proyecto que contempla dos centrales de paso (Alfalfal II y Las Lajas), con esto sostienen que generarán 531 mw de energía para abastecer el 50 por ciento de  la demanda energética de la Región Metropolitana;  ¡mentira!;  no sólo no se generará ni la mitad de lo que hablan, casi toda la energía (el 80 por ciento) irá a abastecer el yacimiento Los Pelambres en el norte, el cual pertenece al grupo Luksic, familia que además se incorporó al proyecto y compró el 40% de las acciones de la filial de AES Gener, Alto Maipo SpA, en unos US$ 50,2 millones. 

—Se ha metido bastante en el tema, por lo que se ve.

—Tomé derecho ambiental el semestre pasado, tampoco lo conocía mucho porque es un ramo de especialización, no de formación general. Sabía que iban a decir que me estaba aprovechando del tema, pero insisto, cuando conoces la realidad, te haces la tonta o te haces parte de la causa. Soy un rostro público, y aunque haya gente que me odie, puedo aportar marchando, poniendo el tema en la palestra.

—De poco ha servido, el proyecto sigue.

—La aprobación fue una vergüenza. Ocurrió en la ley anterior de medio ambiente que tenía estándares muchísimo más bajos, y los organismos con competencia ambiental no hicieron su pega, quitaron todas sus observaciones sin que el proyecto cambiara en nada. Hubo muchos marullos, con decirte que la directora regional de Conaf de entonces —María Teresa Latorre— rechazó el proyecto por vulnerar la ley de protección de bosques, sin embargo, recibió presiones por correo electrónico de la directora nacional Catalina Bau para que cambiara el informe que rechazaba la tala de miles de especies nativas contraviniendo la ley. Y te aclaro que Catalina Bau es ex mujer de Enrique Correa, ex ministro de Estado; dueño de la empresa Imaginacción que en ese tiempo asesoraba a AES Gener, la compañía encargada del proyecto Alto Maipo. Estos son sólo ejemplos de las irregularidades en la aprobación del proyecto que hacen incomprensible que éste siga ejecutándose, y que despierta tanta indignación en la gente.

—Rabia que en algunos se escapó de las manos, que terminaron agrediendo al ministro Máximo Pacheco.

—Es la muestra más clara de lo que genera la actitud intransigente de un gobierno que se ríe de la gente. Las personas están desesperadas al ver que todas las autoridades hacen oídos sordos. Es la frustración de ver que todos los organismos encargados de proteger que arreglines de este tipo no ocurran fallaron. O sea, estamos hablando de un proyecto energético cuya energía será destinada casi en su totalidad para la mina Los Pelambres, el mayor yacimiento de Antofagasta Minerals del grupo Luksic, familia que realizó enormes aportes a la campaña política de Bachelet y que además tiene una gran amistad con el ministro Pacheco. Los vínculos entre Pacheco y la familia Luksic son tan evidentes que hasta el ministro ha contado detalles de la amistad que mantenía con Andrónico, que se conocieron en Hornitos, que viajaron juntos a la Antártica, a Croacia, que subieron montañas, etc. Pacheco fue director de las empresas Luchetti y Banco de Chile, del grupo Luksic. De acuerdo a su declaración de intereses, tiene acciones del Banco de Chile por $230 millones. Es decir, ¿qué reacción esperamos?… Seguiré dando la pelea en éste y otros temas sociales en los que considero importante opinar.

—¿En qué otros pretende sacar la voz?

—En el aborto. Me parece impresentable que sigamos discutiendo sobre el aborto terapéutico. Yo creo en el aborto absoluto. Pasó a ser un tema de salud pública, porque una niña con recursos puede hacérselo en el 99,9 por ciento de las clínicas o tomar un avión y partir a un país donde está legalizado, sin embargo, una mujer pobre debe recurrir a una curandera que cobra a la mala, con riesgo de infecciones, desangrarse y morir. Entonces estos temas valóricos de la Iglesia entrelazados con lo legal me complican. En ese sentido, tampoco puede ser que los homosexuales no tengan derecho a casarse ni menos adoptar hijos. Chile es retrógrado y muy lento en asumir los cambios, no hay ningún rumbo y tampoco se legisla sobre los temas.

—¿Y su postura frente a las drogas?

—La marihuana no puede ser catalogada como una droga dura, es ser ciego. El 90 por ciento de la gente la consume. Y la ley 20 mil es nefasta, una ridiculez, no puedes comprar, cultivar, compartir, pero sí consumir personalmente, como si ésta bajara de las nubes y se materializara en tus manos, ¡ridículo! Y lo más divertido que hablar del tema está de moda, todos están por legalizar esta hierba, sin embargo, el que fuma queda estigmatizado. Tenemos doble estándar.

—¿Usted fuma marihuana?

—He fumado, ¡obvio! Como el 99 por ciento de la gente. Hay que decirlo, y dejar el doble estándar de muchos que se dicen, por ejemplo pro gay, pero si ven a dos hombres dándose un beso se incomodan o escandalizan. Es lo que hay que cambiar.