Hubo una serie llamada Lie to me, en donde un experto en lenguaje no verbal descubría criminales con solo mirar sus gestos. La serie, protagonizada por Tim Roth, intentaba ser una especie de CSI, solo que en lugar de tecnología para recoger evidencias, se concentraba en la observación de los movimientos del cuerpo de los sospechosos. Pequeñas reacciones musculares que el especialista captaba al vuelo y resolvía difíciles casos. El mismo gancho utiliza el programa El cuerpo no miente
de Canal 13, solo que en lugar de ficción lo hace en el formato docurreality.

El cuerpo no miente presenta historias de retenciones de la PDI en la aduana del aeropuerto. La policía interroga y registra a determinados viajeros en razón de una sospecha. En un pequeño cuarto una pareja de policías formula las preguntas de rigor mientras ellos son grabados por cámaras. Un especialista analiza en off sus reacciones y traduce los movimientos y posturas corporales. Las manos así representan miedo; las pierna asá, ansiedad; los ojos llorosos son efecto del miedo, etc.

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En algunos casos los rostros de los pasajeros retenidos son borroneados, en otros no. ¿Cuál es el criterio para mostrar algunos y cubrir otros? Al parecer a los extranjeros no se les concede el derecho a mantener su intimidad. Uno de los casos presentados, fue el de una mujer ecuatoriana que llegaba, aparentemente, por vacaciones. No solo la mujer fue expuesta en su nerviosismo, sino también lo fue la persona que la esperaba en el aeropuerto. Finalmente se le impidió el ingreso al país porque no contaba con los recursos para mantenerse en Chile como turista. Todo indicaba que sus intenciones eran quedarse a trabajar. Aunque no había cometido delito alguno, la sensación que quedaba era la de haber visto a alguien que transgrede la ley. En un momento del programa el experto mencionó que la manera en que estiraba la comisura de sus labios indicaban que sentía desprecio por sí misma. La historia concluía con la imagen de la mujer esperando abordar el avión que la llevaría de vuelta a su país. ¿Es ético usar la tragedia de una mujer migrante como un caso de análisis para un programa de entretención? ¿Es esta la manera más respetuosa de conocer algo más sobre el lenguaje corporal?

Aunque la premisa de El cuerpo no miente
es dar a conocer una especie de disciplina, esta parece ser una excusa. Porque el programa plantea más preguntas de las que resuelve, sobre todo porque la materia prima que utiliza es el trance de personas a las que aparentemente nadie les advierte que serán usadas como ejemplo para un programa de TV.
La selección de casos de El cuerpo no miente además sugiere que los extranjeros son sujetos potencialmente peligrosos a los que hay que vigilar, porque suelen mentir. Un matiz tan delicado que llama la atención que hasta el momento nadie haya reparado en él.