Desde el 11 de marzo en Paramount Channel. (10 capítulos).

Temporada disponible en Blu-ray en tienda Fílmico, Paseo Las Palmas.

Se oyen sirenas. Por una carretera bordeada de bosques un hombre conduce nervioso un auto, mientras al lado, su mujer (Elisabeth Moss) intenta calmar a su pequeña hija que va en el asiento trasero. La familia huye de su destino cierto: Gilead, el estado totalitario que ha reemplazado a la democracia en EE.UU. Esas son las imágenes con que abre la serie que más premios ha recolectado en los últimos semestres, El Cuento de la Criada (The Handmaid’s Tale) y que llega finalmente a Chile, con su carga de violencia, espanto y suspenso en una producción espléndida y lujosamente filmada.

Basada en la novela de 1985 de la prestigiosa escritora canadiense Margaret Atwood, su creador Bruce Miller pone en pantalla una distopia donde la barbarie transcurre —la mayor parte del tiempo— en espacios más bien refinados, perfectamente ordenados y límpidos, donde se conversa en tono reposado y bajo.

Un contraste escalofriante que, en todo caso, no impide que de vez en cuando presenciemos escenas de un salvajismo medioeval, asociadas a “entrenamientos” o a castigos “divinos”: cercenamiento de miembros, lapidaciones muy organizadas, cadáveres pendiendo desde las hermosas murallas de Harvard que dan al río, mientras los ciudadanos vuelven de compras por la costanera. Como en Ciudad Juárez. O en la era del terror tras la Revolución Francesa.

Pero estas son las calles de la ciudad de Cambridge, Massachussetts. ¿Cómo se ha llegado a esto?

En un futuro impreciso, la alarmante baja en las tasas de natalidad debido a la infertilidad femenina —causada por la contaminación ambiental— desemboca en un caos social y una guerra civil. En ese contexto, el Congreso de EE.UU. es clausurado y su gobierno depuesto por un grupo bien organizado que instaura una dictadura teocrática, un nuevo orden social perfectamente estratificado: Gilead.

En esta pirámide están primero los Comandantes (o más bien una elite de ellos); sus esposas, dueñas de casa infértiles, que visten de azul; las criadas, jóvenes fértiles destinadas a procrear, cubiertas de capas y vestidos rojos; las Marta, asignadas al servicio doméstico, de verde; las tías, de café, encargadas de entrenar y preparar a las criadas, con la crueldad y el celo de un carcelero torturador.
Todo, ciertamente, apoyado por un ejército brutal.

El relato lo escuchamos en la voz en off de la protagonista, son sus pensamientos, su único espacio de libertad, porque todo está diseñado para que cualquier cercano sea un o una delatora. Las criadas salen a comprar de a dos (una forma de vigilancia). Y cada una es asignada a una casa. Quien alguna vez fuese June Osborne (Moss) es ahora Defred (u Offred), como todas las que han sido alguna vez destinadas a la casa del Comandante Fred Waterford (Joseph Fiennes) y su esposa Serena Joy (Yvonne Strahovski).

A través de racontos (algunos, excesivos) conocemos la alegre vida anterior de June-Defred y cómo, ante la incredulidad de todos, y casi de un día para otro, todo se volvió un infierno.
La única y remota posibilidad es escapar a Canadá. Pero para las rebeldes hay opciones mucho más crueles y disuasivas que la muerte.

El pretexto siempre es Dios y la Biblia, especialmente inspirado en la historia de Jacob y sus dos esposas, Raquel y Lía, y las dos criadas de éstas.
Un Dios protestante, puritano: vemos las ruinas de Saint Paul y sabemos que Saint Patrick, en Nueva York, ha sido destruida.

A pesar de esta estructura rígida de la que parece imposible siquiera salirse de los márgenes, a lo largo de la historia los personajes se van desarrollando y aparecen los matices, sus contradicciones, pequeñeces, grandezas, debilidades y fortalezas.

Esto hace rico el entramado social que crea la autora y contribuye al suspenso y tensión que mantiene en vilo al espectador.
La estructura creada por Atwood es tan coherente que resulta verosímil y por ende, escalofriante y claustrofóbica.
¿Cómo se sale de ese cepo? Es lo que el espectador espera vislumbrar episodio tras episodio.

QUÉ INSPIRÓ A MARGARET ATWOOD

Cuando Atwood escribió su novela, estaba en el Berlín dividido (1985). En El Cuento de la Criada , Canadá es la Tierra Prometida, como Berlín Occidental lo era para quienes quedaron atrapados tras el Muro de Hönecker.

En el prólogo de la última edición de la novela, la autora recuerda: “Durante mis visitas a diversos países del otro lado del Telón de Acero —Checoslovaquia, Alemania Oriental— experimenté la cautela, la sensación de ser objeto de espionaje, los silencios, los cambios de tema, las formas que encontraba la gente para transmitir información de manera indirecta, y todo eso influyó en la manera en que estaba escribiendo”.

También el haber nacido en 1939: “Sabía que el orden establecido puede desvanecerse de la noche a la mañana. Los cambios pueden ser rápidos como el rayo. No se podía confiar en la frase: ‘Esto aquí no puede pasar’. En determinadas circunstancias, puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”. (Como que se aparezca un Muro de la noche a la mañana en la mitad de una ciudad).

POR QUÉ LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

La autora estuvo muchas horas en la biblioteca donde, en la novela, funciona el Servicio Secreto de Gilead. La Universidad es una entidad liberal y prestigiosa, pero en otros tiempos, relata, fue un seminario teológico para los puritanos.

POR QUÉ LAS MUJERES Y UNA DICTADURA TEOCRÁTICA

“El control de las mujeres y sus descendientes ha sido la piedra de toque de todo régimen represivo de este planeta”, afirma la autora.
Y añade, sobre lo que ella misma define como una versión extrema del patriarcado: “El régimen usa símbolos bíblicos, como haría sin la menor duda cualquier régimen autoritario que se instaurase en EE.UU.: no serían comunistas ni musulmanes”.

“En el libro, la ‘religión’ dominante (…) consigue aniquilar las denominaciones religiosas que nos resultan familiares. Igual que los bolcheviques destruyeron a los mencheviques para eliminar la competencia y las distintas facciones de la Guardia Roja luchaban a muerte entre ellas, los católicos y baptistas se convierten en objeto de identificación y aniquilación”. Y aclara: “El libro no está en contra de la religión. Está en contra del uso de la religión como fachada para la tiranía”.
 

OTROS DATOS

—“Nada de cachivaches imaginarios, ni leyes imaginarias, ni atrocidades imaginarias. Dios está en los detalles, dicen. El Diablo también”. Margaret Atwood sobre la construcción de su universo distópico.
—La novela ha sido traducida a 40 idiomas; en 1989 se hizo una película; luego un ballet, una ópera y una novela gráfica.
—Margaret Atwood hace un pequeño cameo en la serie: “es una escena en la que las Criadas recién reclutadas se ven sometidas a un lavado de cerebro, al estilo de los que practicaba la Guardia Roja” y ella golpea a una de las prisioneras.
—La segunda temporada llega en abril a Hulu, la plataforma que dio vida a la serie. Estos episodios se desligan de la novela.

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