Desde que la crisis se instaló en TVNsus teleseries han tomado un rumbo marcado por el bajo presupuesto. Algunas locaciones menores, elenco reducido y tramas sin más ambición que la repetición de ciertas fórmulas. El camionero es parte de esa estrategia, salpimentada de un misterioso subtítulo que funciona como el anuncio de un retorno a los orígenes: Vuelve el hombre.

La historia arranca cuando Antonio, el protagonista encarnado por Marcelo Alonso, recibe una carta que revela un secreto: una antigua novia ha muerto y antes de morir quiso contarle que ambos habían tenido una hija, una criatura que la mujer había dado en adopción. Hasta ahí todo podía ser una tragedia mayúscula,  ¿cómo encontrar a una niña dada en adopción cuando se supone que esos datos son secretos? Para alivio del protagonista, los guionistas resolvieron eso sumariamente, porque en la misma carta, la mujer le indica a su antiguo amor el domicilio y la identidad de los padres adoptivos de la criatura. Antonio llega en su camión al lugar, ve a su hija, queda deslumbrado con la madre adoptiva quien inmediatamente lo contrata como transportista para su negocio. Todo esto ocurre en el primer capítulo, en un par de escenas y con algunos diálogos veloces, sin que nunca se explique por qué Antonio va y viene por la ciudad en un camión enorme sin acoplado, en lugar de una sencilla camioneta. ¿Es quizás un guiño fálico amputado luego de una jornada de castración? 

Las lecturas pueden ser muchas, pero ninguna aclara el subtítulo Vuelve el hombre.

Cuando TVN anunció que su nueva teleserie estaría centrada en la historia de un conductor de camiones, los más enterados pensamos en dos alternativas posibles: La primera era que se tratara de una relectura de Carga pesada, aquella inolvidable serie brasileña protagonizada por un virilmente noble Antonio Fagundes o Dos mujeres y un camino, el culebrón mexicano que le dio una segunda vida al chicano Erik Estrada, quien después de encarnar al oficial Poncharello en Chips, se había hundido en el olvido. Ni lo uno ni lo otro. 

El camionero no recorre grandes trayectos —sus desplazamientos son entre Angostura y La Dehesa— como ocurría con la producción de Globo, ni está enfrentado a dos heroínas de armas tomar, como en el drama de Televisa. Es más bien la historia de un chileno de mediana edad que debe enfrentarse a la segunda mitad de su vida y tomar las decisiones adecuadas. Aquellas que no tomó antes, cuando vivía lo que sencillamente le tocaba vivir sin esforzarse mucho. El camión es un adorno.

La nueva teleserie vespertina de TVN no corre riesgos. Puso en la receta todos los ingredientes que se vienen repitiendo desde hace dos décadas: el choque de clases, el pituco de caricatura, la rubia discreta, la morena voluptuosa, el buen amigo cómplice, la guagua perdida y recuperada, la nobleza del pueblo sencillo y el rol corruptor del dinero. El resultado es una historia que avanza a pesar de las débiles actuaciones de la parte más joven del elenco y empujada por la voluntad de un grupo de artistas que no quieren ver desplomarse una industria en tiempos de vacas flacas.