Francisca García-Huidobro (39) está terminando de decorar el departamento que compró en Vitacura, donde se cambió en enero con su hijo Joaquín (7). De muebles sobrios, con enormes espacios y ventanales, fue allí donde la animadora de CHV se refugió tras el terremoto personal que vivió a fines del año pasado.

En octubre, las malas relaciones al interior del equipo de Primer Plano y sus diferencias con el productor ejecutivo Carlos Valencia —por quien no se sentía escuchada ni valorada—, hicieron crisis. Se habló de renuncias de los conductores, del productor, y hasta una acusación al sindicato del canal en contra de Francisca por maltratar al equipo. “Fue doloroso ver ese quiebre, y que uno de nosotros nos traicionara e hiciera daño haciendo públicos los problemas. No lo soporté; me afectó, lloré… Se dijeron muchas mentiras que no sólo me afectaron a mí, sino al programa”, cuenta la animadora, quien recuerda que en esos días estaba tan mal anímicamente, que le pidió a su jefe (Pablo Morales, director de contenido) seguir con el espacio hasta diciembre, y luego tomarse libre enero y febrero, desmintiendo de plano una supuesta marginación de pantalla. “Estaba mal, no quería ir al canal. Todos los viernes me dolía la guata, me daba fiebre. Tenía que parar, si no lo siguiente era una licencia médica”.

Cuando la crisis laboral estaba en su clímax, Francisca enfrentó la ruptura con su pareja Felipe Assadi, en medio de rumores de infidelidad por parte del arquitecto, aunque también está la versión de que él quería formalizar la relación, y ella se opuso. García-Huidobro reconoció el quiebre, sin embargo, no ahondó en las razones.
En enero se dedicó al cambio de casa y en febrero se recluyó en la playa junto a su hijo. Alejada esos dos meses de la TV y de los rumores que insistían en su supuesto castigo, vinieron las revisiones personales, cuestionamientos, mea culpas y conversaciones con su padre, hermanos y amigas… Y la apodada ‘mujer de hierro’ llegó a duras conclusiones que hoy sin pudor se atreve a compartir: “Hay muchos aspectos de mi vida que debo trabajar. En lo emocional, tengo una pega pendiente; es mi gran talón de Aquiles. En mis relaciones de pareja algo no estoy haciendo bien. Soy muy difícil para emparejarme, y si no tomo cartas en el asunto y de una vez por todas no cacho quién soy, siempre fracasaré en ese ámbito”.

Wp-Fran-193-2“Soy demasiado egoísta, la otra persona debe sumarse a mi vida, planes, horarios, familia, amigos… Y vivo con el terror al compromiso, de que no funcione, a que te duela y te hagan daño”.

—Es que lo ha pasado mal.
—Pero también lo he pasado bien, no he tenido experiencias feroces de vida en que me hayan maltratado. Unas más bonitas, otras más tristes, pero no dan para tanto terror. Cumpliré 40, tengo que hacer una pega ahí. Lo más probable es que no cambie en un ciento por ciento, pero al menos ver qué me pasa, de dónde viene ese temor.

—¿De dónde cree usted?

—No sé, sólo tengo claro que me he farreado a personas demasiado lindas, ¡y ya no más! Tuve tiempo de parar, de mirar desde afuera y preguntarme ¿por qué? Concluí que todo es culpa mía, es mi responsabilidad. No puedo seguir pensando que el resto lo es, ni continuar con esa parada de que no me interesa la pareja, que no estoy ni ahí, que lo único importante es mi casa, mi hijo y yo…

—¿Está con terapia?
—Sí… Me hice consciente del tema.

—¿Qué tan difícil fue retomar su vida tras el quiebre con Felipe Assadi?
—Partir sola nunca se me ha hecho difícil, lo complicado viene después… Por suerte tengo un contingente de personas que me conocen y saben cuando estoy mal y deben aparecer.

—Quedó en el aire el rumor de que su ruptura fue a causa de una infidelidad de él.

—No me parece justo hablar de Felipe. Se bancó demasiado por ser mi pareja como para seguir bancándose por ser mi ex…

—¿Verdad que usted no quiso formalizar la relación?

—He vivido los últimos siete años con una idea fija: mi vida es mi hijo y yo. Cuando nació Joaquín descubrí ese amor exorbitante y sentí que no podía querer a nadie más, que quien llegara sería secundario. Armé mi minifamilia en la que nadie se metería; tenía miedo de que alguien quebrara ese equilibrio perfecto donde también está incluido su papá (Julio César Rodríguez).

—Pero a costa suya.

Wp-Fran-193—Claro, y de eso me di cuenta ahora. Tengo derecho a tener pareja, más allá de si a mi hijo le guste o no. Descubrí mis errores como madre también. Soy muy culposa, sobreprotectora. Trato de hacerlo lo mejor posible, me he equivocado mil veces, pero no me debe neurotizar que alguien entre a mi casa y quiera una pieza, un espacio. Si Joaquín va a crecer, se irá, ¿y qué voy a poner en su pieza?, ¿un gimnasio? Llegó el momento de preocuparme de este tema.

—¿Se abre a casarse, a tener más hijos?

—No, no tiene que ver con casarse, sino con abrirse, con darse, dejar de tener la puerta abierta con cadenita, esa es mi pega ahora. No puedo ir tan chora por la vida. Empezaré a salir más, soy muy de mi casa, guardada, a los eventos voy casi por contrato. Quiero conocer gente, estar más abierta, ser más generosa con mi tiempo y tener más momentos para mí. Tengo que ser más mina, más mujer, ¡ese es el gran aprendizaje! Estoy en una etapa crucial: cumpliré 40 y termina mi contrato con CHV. Debo ser lo suficientemente mujercita de hacer un cambio en mi vida ahora.

Me arrepiento de haber sido tan ciega en todo. Estaba tan metida en mí, en lo que me importa, me duele y me hace feliz, tan yo-yo que no fui capaz de ver lo que pasaba a mi alrededor. Y no sólo lo digo en lo afectivo, fui incapaz de ver también lo que le pasaba a mi equipo de Primer Plano.

Me arrepiento de haber sido tan ciega en todo. Estaba tan metida en mí, en lo que me importa, me duele y me hace feliz, tan yo-yo que no fui capaz de ver lo que pasaba a mi alrededor. Y no sólo lo digo en lo afectivo, fui incapaz de ver también lo que le pasaba a mi equipo de Primer Plano. Debo abrir más los ojos, estar más despierta, ser más empática, ponerme en el lugar del otro… En un momento Carlos Valencia (productor) pasó a ser el malo de la película, quien nos maltrataba, y resulta que él no es ni famoso. Imagínate lo que significó para él tener todas las cámaras afuera del canal; jamás pensé en eso, menos que él también lo estaba pasando mal. Para mí, todos ellos eran los malos, que se relamían los bigotes y se sobaban las manos.

—Con la perspectiva del tiempo, ¿qué desató en definitiva la crisis del equipo?

—En un momento dejamos de entendernos. Cada uno tenía otros proyectos, hubo un desgaste en las relaciones. Me sentía fuera de los contenidos, muy de adorno. Antes, mis ideas o planteamientos eran aceptados, llevados al aire…

Lea la entrevista completa en la edición del 24 de mayo