Los años setenta fueron el preludio del exceso, la antesala de ese mundo de plata dulce que surgió en los ochenta orbitando alrededor de un capitalismo que recobraría bríos de la mano de Thatcher y Reagan. Mientras en algunas zonas marginales del mundo la Guerra Fría sembraba golpes y desgarraba estados, en el corazón del imperio los hijos de la burguesía de posguerra sucumbían al encanto del consumismo en su versión más rentable y peligrosa: Las drogas. Dueños del paraíso, escrita por Pablo Illanes, indaga en los años en que una generación de norteamericanos se rendía a la satisfacción instantánea provocada por la coca, la nueva golosina que les llegaba del sur a través de Miami. La teleserie de TVN en coproducción con Telemundo retrata el surgimiento de un grupo de traficantes latinoamericanos que forman su propio emprendimiento narco, en el país de las oportunidades, liderados por una criminal heroica. El imaginario de la producción es un cóctel que mezcla Pink Flamingos con Dancin’ Days y La reina del sur con Fuera de control. 

Dueños del paraíso es un pastiche encantador y adictivo de géneros y obsesiones, lo más parecido a un gesto colonizador del formato de la telenovela latinoamericana en el de las series de acción norteamericanas, es el desembarco de la princesa de culebrón en un planeta diferente al del amor romántico almibarado: el universo del narcotráfico y las balaceras. La notable Kate del Castillo encarna a Anastasia, la mujer de un mafioso que se sobrepone al maltrato de un marido traicionero que la abandona a su suerte en el peor momento. Ella no olvida y decide montar su propio negocio de distribución de droga bajo las palmeras de Miami escoltada por dos novatos en el mundo del narco. El primer gran golpe de Anastasia es el asesinato de su principal competencia: el propio marido. Nada como una viuda negra para sembrar el caos con estilo y estiletos.

El relato de la vertiginosa trama creada por Pablo Illanes se ve entorpecida por momentos por la decisión de TVN de hacer una edición especial para Chile. La versión local privilegia las historias de los personajes encarnados por actores nacionales —Jorge Zabaleta, Tiago Correa—, una decisión que a la larga no hace más que entorpecer el ritmo de un relato intenso y colorido.

En contraste con el éxito logrado en Estados Unidos la serie ha cosechado una discreta audiencia en Chile. La nueva teleserie de TVN parece ser la última víctima de la crisis del canal, pero también una bocanada de oxígeno para la industria nacional entrampada en las malas decisiones de ejecutivos y en la repetición de fórmulas añejas y predecibles.