“Estoy frustrada sexualmente”. A los 70 años parece que nada está fuera de límites para Diane Keaton.“No es fácil en estos días encontrar citas con hombres sexualmente interesados”.

La estrella hizo esta declaración en el programa de Ellen DeGeneres, mientras promocionaba la cinta animada Buscando a Dory que coprotagoniza (como la voz de la madre del famoso pez ) con la popular comediante. La actriz no se disculpa. “Digo lo que pienso”, insiste la ganadora del Oscar.

—¿Siempre fuiste tan abierta?

—No, la confianza viene con la edad y la experiencia. No importa si eres famoso o no. Hay problemas y situaciones similares que nos unen a todos.

—¿Qué te pasaba antes?

—Creo que sufría el problema de la mujer que creció en la década de ’50. Siempre te ‘tomaba’ un hombre. Eras ‘elegida’. Y pasé mucho tiempo preocupada, pensando y obsesionándome con ellos. Estoy segura de que esto debe ser familiar para muchas mujeres de mi edad.

—¿Queda alguna marca?

—Parte de nosotras lamenta no ser una veinteañera en la actualidad, con la nueva actitud y oportunidades de nuestro género. Sólo queda hacer frente a los tiempos que te tocan vivir y lo que se cree que es aceptable. Después de 40 años en la cima de su profesión y con una historia de parejas que incluye desde Al Pacino a Warren Beatty, Keaton todavía está soltera y disponible. Tal vez ha sido demasiado pesimista sobre un futuro con los hombres. Linda y con una figura privilegiada, se ha resistido a la tentación de la cirugía cosmética. Con Nueva York en el pasado y un hogar en California, vive cerca de ese Hollywood obsesionado con la juventud.

—¿Es difícil distinguir qué es real en ese ambiente?

—Es un shock para la mayoría de nosotras darnos cuenta de que ya no podemos interpretar a ‘la chica’. Me gusta pensar que soy la misma de siempre, sólo mayor.

—¿Reflexionas sobre lo que podrías haber hecho de otra manera?

—Quería casarme con Al Pacino. Le di un ultimátum. No estoy segura de lo que buscaba más allá de saber que quería algo. Ojalá me hubiera entendido mejor.

—¿Y en cuanto a tu imagen?

—Me gustaría haber comprendido la bulimia. Vivía una gran mentira: comía mucho en público y vomitaba en privado para tener la talla apropiada y usar esos pequeños vestidos. Eso ocurría cuando era veinteañera.

—¿Cómo eras?

—No tenía estructuras, ni universitaria o de matrimonio. Nunca sabía qué hacer.

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—¿Le contaste el problema a alguien?

—Por supuesto que no. Vivía por mi cuenta, tampoco lo hice delante de nadie. Tenía problemas emocionales que eran la pesadilla de mi existencia. Más allá de mi suerte al ser exitosa en ese momento, nunca fui lo suficientemente curiosa acerca de cómo se hacían las películas.

—¿Cómo lo superaste?

—Fui a terapia porque sufría de falta de autoestima y todo lo que acompaña a aquello. Habría deseado darme cuenta de que hay que ser más lista y cuidar tu salud. Diane Keaton se convirtió en una de las más grandes estrellas femeninas de la década del ’70. A éxitos como El Padrino y Buscando a Sr. Goodbar le siguió una relación con el director Woody Allen que dio forma a su futuro. Se convirtió en su musa y escribió para ella Annie Hall (su verdadero apellido es Hall y ella siempre fue conocida por el apodo de Annie). La película le valió un Oscar a Mejor Actriz y estableció la moda por usar camisas de hombres y corbatas

—¿Cuando dejabas a Annie Hall y eras tú misma?

—Hubo mucha introspección, dudas sobre mí y horas en el terapeuta. La línea entre ambas se volvió borrosa. Ella y Allen eran una extraña pareja. A pesar de que actuó en ocho de sus películas, incluyendo el gran éxito Manhattan (1979), su historia de amor se desvaneció al igual que todas sus relaciones. La década de los ’80 fue un tiempo incierto a pesar de ganar una nominación al Oscar por Red (1981), que dirigía su entonces novio Warren Beatty. Pero, insiste, todo mejoraba con la edad.

“Al llegar a los 60 decidí pensar seriamente en el tiempo y apreciar cada minuto desde ahí en adelante. La vida es cada vez más excitante e interesante a medida que envejezco y no entiendo por qué”.

—¿Se acaba?

—Tal vez sea aquel aspecto tiempo: estar cada vez más cerca del final. El tiempo se acelera y me doy cuenta de que no hay tantos años… o días, porque nunca se sabe para apreciar las cosas.

—Hiciste una familia tarde, a los 50 adoptaste a tu hija Dexter (19) y a Duke (15).

—No estaba lista cuando era más joven. Uno de mis antiguos amantes me dijo: Te has desarrollado muy tarde. Creo que lo mismo se aplica a la maternidad. Pasé demasiado tiempo preocupándome si un hombre me quería o no. He descubierto que criar a un niño es la máxima humanización de todos los amores. Es incondicional. Su participación en Buscando a Dory es su película número 50 y no baja el ritmo. Acaba de terminar The Young Pope (El joven Papa), miniserie de ocho episodios con Jude Law, donde interpreta a una monja. Y estuvo rodando en Londres la cinta romántica Hampstead con Brendan Gleeson. Además figura en la comedia Divanation de Netflix, donde se reencuentra con sus compañeras de El club de las divorciadas Bette Midler y Goldie Hawn.

—¿Qué te provoca Hollywood?

—Me ha llenado de oportunidades. Pero también me ha hecho dar cuenta de que no podía tenerlo todo. La vida es mucho más grande que yo o mis deseos.