Hace unos días reventó las redes sociales con una audaz fotografía en la que aparecía con un vestido rojo desabrochado hasta las caderas, posando en topless junto a su marido Cristián Sánchez en la habitación de un hotel. Una imagen que Diana Bolocco (40) subió a Instagram una vez terminada la gala del Festival de Viña y que la mayoría del público celebró, acostumbrado a la audacia de la conductora de Canal 13, quien en sus once años de carrera televisiva no se ha hecho problemas en jugar con su sensualidad, posando incluso en varias ocasiones desnuda.

Sin embargo, esta vez su destape despertó algunas críticas en momentos en que sectores feministas —incluidas blogueras, cantantes y actrices internacionales— y movimientos chilenos como La rebelión del cuerpo han sacado la voz intentando terminar con la cosificación de la mujer. La animadora que regresó con la decimotercera temporada de Vértigo y que también se declara feminista, dice que mostrarse sugerente no la hace ir en contra de la corriente ni es contradictorio con su discurso en defensa de los derechos femeninos, sino todo lo contrario. “El feminismo es darle a la mujer el lugar que le corresponde y dejar de ser tratadas como personas de segunda categoría. Para mí eso implica dejarnos hacer lo que queramos, tratarnos como iguales a los hombres y respetar nuestra libertad. Por tanto, es mi decisión y la de cualquier mujer lo que haga con su vida, con su cuerpo. Que tus pares critiquen lo que decides ser es poco solidario con el género”.

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—¿Se ha sentido muy juzgada por las mujeres?

—Entiendo el tema de cosificar a la mujer, pero eso ocurre cuando esta hace algo en contra de sus deseos o que está reñido con lo que quiere proyectar en su carrera, vida o como género. Pero si a mis 40 años elijo libremente tomarme una foto más subida de tono, ¿cuál es el problema? Eso no me convierte en mejor o peor mujer; menos en una mejor o peor o profesional.

—Hay quienes dan la batalla para que se les deje de ver como objeto sexual.

—Para mí es un juego, nunca he basado mi carrera en el aspecto físico ni en la sensualidad. Y que lo haga no le da derecho a nadie a pedirme hacer algo que no quiera ni a otras mujeres a imponer lo que quieren que hagas como género.

—¿Ha enfrentado el acoso de algún productor que haya malinterpretado su postura?

—No sé si he estado paveando o tuve suerte, pero jamás un director o productor me ha exigido algo que no quiera para ‘avanzar’ en mi carrera o algún ejecutivo me ha invitado a salir. Quizá porque tampoco hice carrera de modelo, sino de periodista y animadora; eso me resguarda un poco. Aun así, el ambiente artístico se presta para eso; me imagino que ha habido miles de abusos y a raíz de lo sucedido en Hollywood, estos casos debieran comenzar a salir a la luz. Sí he sido acosada en la calle con toqueteos incluidos y también he conocido varios hombres pasados para la punta. Es necesario lo que está pasando a nivel mundial. Me parece perfecto que las mujeres que hayan sufrido algún tipo de abuso levanten la voz.

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—¿Es de las que rechaza o reivindica los piropos?

—El límite lo pone cada una. Es algo subjetivo, por tanto, difícil hacer una norma al respecto. A mí el piropo simpático no me molesta a diferencia de uno subido de tono, pero, insisto, ese límite lo pongo yo. Catherine Deneuve o Natalia Valdebenito tienen un discurso más duro en sus posturas y es respetable. Natalia piensa que ningún hombre que no conoce puede decirle linda; yo en cambio, si no se cae en lo vulgar, me siento halagada.

—Varias feministas se le irán en contra por esa postura.

—Muchas mujeres no estarán de acuerdo conmigo, pero, insisto, tampoco tienen derecho a decirme qué tipo de fotos puedo tomarme; eso tiene que ver con mi libertad. Entiendo que se haya eliminado el Miss Reef para no generar una imagen equivocada en las niñas y está bien, pero qué pasa con las mayores de edad que eligen libres participar en esos concursos, marcar sus cuerpos y verse lindas. O con la misma conejita playboy chilena Daniella Chávez —con 8 millones de seguidores— que trabaja con su imagen. ¿Quién soy yo para juzgarla o decirle que lo que hace no está bien? Con el discurso de la mujer objeto, pasamos a llevar el derecho de tantas de ellas que quieren dedicarse a algo distinto.

—¿Cree que nos fuimos para el otro lado?

—Hemos avanzado mucho para que se nos respete e irse al extremo es parte del proceso; a la larga se puede llegar a un equilibrio. Lo importante es entender que el cómo te muestres no debe condicionar el comportamiento del otro hacia uno ni le da derecho a mirarte diferente o pensar que puede obtener otra cosa de ti. Mostrarme sugerente no me convierte en otra mujer y por ahí debe venir el cambio de mentalidad. Que mi desnudo haya sido escándalo y generado ruido tiene que ver con los ojos con que miramos estos temas y con que se arme una opinión distinta de quien soy. Sigo siendo la misma profesional capaz y una foto determinada no me convierte en objeto sexual. En esta misma lógica respeto a aquellas que jamás se tomarían una foto de este tipo. ¡Viva la libertad!

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“LOS ROSTROS SOMOS DESECHABLES”

Intensas fueron sus negociaciones con Mega y TVN, y con un pie casi fuera del 13, Diana terminó renovando con la ex estación católica, aunque se comenta que firmó contrato solo por un año y con una cláusula especial de que podría irse cuando quiera; cosa que ella se niega a muerte a comentar. En noviembre debutó con Diana, su primer programa en solitario donde se puso a prueba como entrevistadora —que la dejó contenta aunque con varias cosas por corregir— y ahora debutó con una nueva temporada de Vértigo, que, dice, la ha obligado a reinventarse una vez más.

“Hacer televisión hoy es súper difícil y reinventar un programa como Vértigo que ha sido tan exitoso, requiere una presión extra. Es un trabajo ver hacia dónde apuntaremos los dardos, qué temáticas recogeremos considerando que las sensibilidades de la sociedad cambian de un año a otro. Lo que hablamos sobre la cosificación de la mujer, es —por ejemplo—, un tema muy potente. Tenemos que estar permeables con lo que pasa y atentos para ir corrigiendo”.

—¿Por qué se quedó en el 13?

—Tengo una larga relación laboral que al final es como un matrimonio, con cosas buenas y otras no tanto, pero con una conexión emocional súper potente. Soy feliz en el 13, siempre con nuevos desafíos como lo fue Diana. Me siento cómoda y bien trabajando con mi equipo; es mi familia.

—Sin embargo, se dice que firmó contrato por un año y con una cláusula que le permitiría partir en cualquier momento.

—Siempre he sido respetuosa de los procesos de negociación y no comento. No es justo para ningún actor de la industria.

—Se comenta que el puesto que dejó Kathy Salosny en el matinal de Mega era suyo.

—Lo que pasó con Kathy le puede pasar a cualquiera, son decisiones que toma la industria, y los encargados de hacerlo tendrán que responder.

—¿Le atrae un matinal?

—Es una súper tribuna y te da la posibilidad de hacer cosas distintas, mostrarte en tantas facetas porque navegas en todos los temas. Son programas de cinco horas, imagínate las posibilidades que te da. Siempre es atractivo para un animador.

—¿Teme que de repente la saquen de pantalla?

—Es un tema difícil, ¿quién está preparado para eso?

—Monserrat Alvarez lo tiene conversado con su sicóloga.

—La vida es una constante preparación para muchas cosas, pero yo más que planificarme, fluyo. Y así como nunca pensé entrar en la tele, tampoco tengo contemplado salir. Me dejo sorprender y me ha resultado mejor. En todo caso, soy tan inquieta y tengo tantos intereses, que si mañana me quedara sin TV tendría mil cosas por hacer. La decoración es un pendiente y también he pensado ser couch, dar charlas motivacionales sobre todo a mujeres.

—¿Sobre qué temas?

—Me llama la atención que entre las mujeres hay una crisis de autoestima enorme. Conozco a muchas que son bellas y se sienten feas; inteligentes que se creen tontas; súper capacitadas que piensan que no se la van a poder. La inseguridad pasa por la autoestima y por la sobreexigencia respecto a los roles que nos exigen como mujer. A veces me pongo plazos para partir, pero por ahora estoy feliz, no sé si en dos, cuatro o seis años diga lo mismo. Tampoco si a los 50 haré lo mismo con igual felicidad y si la industria requerirá mis servicios. Pero si Ellen DeGeneres a sus 60 años continúa con su programa, entrevistando y riéndose como siempre, demuestra que no importa la edad cuando no has proyectado tu carrera desde lo estético.

—Sin embargo, da la sensación de que hoy la gente —y no los rostros— decide quién permanece en TV.

—Los rostros siempre hemos sido desechables; quien se crea imprescindible, se equivoca. Y ahora con las redes sociales, el feedback sobre nuestro desempeño es más rápido. Y si cometes un error, puedes ser castigado muy fuerte.

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—¿Le asusta el poder de las redes? Con Lucho Jara han sido implacables.

—Lo que ha pasado con Lucho tiene que ver más con los medios que con la gente. Hemos hecho casi una campaña en su contra. Hoy todos los canales hablan de él, y si dice o hace algo, los programas de inmediato lo convierten en tema de conversación pero para mal, y eso va generando una imagen equivocada de él. A nivel de industria hemos sido muy injustos con Lucho, y eso tiene que ver con varios factores; uno de ellos es que somos chaqueteros, de pegarle al que está arriba. El matinal de Mega sigue siendo el más visto, no sé cuántos años lleva invicto. No se merece lo que le está pasando, es uno de los top tres animadores de este país.

—¿El alinearse muchas veces con el humor de Yerko Puchento no cree que en un momento puede pasarle la cuenta?

—Me ha traído costos, me tratan de cómplice y no lo soy; de hecho no conozco sus rutinas y tampoco me hago cargo de lo que dice. Cuando se rió de la Cecilia Pérez, un grupo muy cercano a ella reaccionó y lo entiendo.

—Algunos esperaban que sacara la voz en su defensa.

—Fue muy cruel, pero también creo que la reacción de ella fue equivocada. Si le das una importancia muy grande, pierdes. El objetivo de Yerko es generar debate. Y así como un día levanta una figura, al rato la hace bolsa; lo ha hecho conmigo y con todos. No podemos pensar que lo que dice es la voz de los que hacemos Vértigo, incluido Martín (Cárcamo) y yo. En varias rutinas no pienso como él, y en muchas otras sí. Con el chiste de Cecilia me pareció valioso que ella se levantara, otros opinaran y se generara debate.

—¿Pero que sea tema la belleza de una persona?

—¿Y no lo es acaso? Para bien y para mal lo estético es un tema, ¿o en una reunión social nadie comenta la belleza de otra persona? Insisto, fue un chiste cruel, de hecho no me reí, lo encontré terrible así como cuando se ríe del nivel educacional de una persona o de la palabra que utiliza otra. Me provoca impacto, lo encuentro innecesario, pero lo que genera respecto de eso no es distinto a lo que se provoca en todas partes. La gente suele burlarse de otros por su apariencia física, ¿está bien o mal? A mí no me gustaría que mis hijos se burlaran de otros por su aspecto, entonces conversemos de ese tema. Y no olvidemos que Yerko es un bufón. Y el que levante y deje caer tiene que ver con nuestra idiosincrasia; somos chaqueteros. Reaccionamos súper visceralmente cuando algo nos gusta; ¡lo amamos!, pero basta que diga un comentario con que no estemos de acuerdo, ¡y lo crucificamos! Yerko nos refleja como sociedad.