CUERO Y MODA

Se declara cada vez más fanática del cuero. “Me encanta; es versátil, te da un look juvenil, moderno; con una chaqueta te sientes altiro rockera. Me da la sensación de juventud y desenfado; tiene eso de ‘aquí estoy yo, esto es lo que soy; al que le guste bien, y al que no, ¡también!’… De adulta estoy más rebelde, ¡qué ganas de haberlo sido cuando adolescente!, era muy responsable, matea, en una etapa en que puedes hacer tonteras, no cumplir reglas, ¡y no pasa nada!… Hoy estoy más relajada, me muevo de manera más orgánica, ya no quiero ser la madre ni señora perfecta, que se viste impecable, que es súper medida, ¡no, eso no va conmigo! En la imperfección está el aprendizaje; meto la pata, a veces se me olvida el nombre de un invitado, pero eso al final es mi plus. En mis comienzos me dijeron que era mal visto que una animadora dijera tallas de doble sentido, ¡pero no me resultó!; mientras más normada, peor lo hago, no soy feliz. Cuando entendí que tengo un lado liberal y otro conservador, me reconcilié conmigo, y comprendí que me convierten en una mujer versátil. Tengo un poco de chaqueta de cuero y otro de chaqueta de tweed”.

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¿HASTA DÓNDE LE DA EL CUERO?

En febrero debutó en la película “Mamá ya crecí” —de los hermanos Sebastián y Gonzalo Badilla—, y hace poco Diana comentó abiertamente sus ganas y disposición de animar el próximo Festival de Viña. “¿Te das cuenta lo honesta?, muchos lo piensan, pero nadie lo dice… Obvio que me gustaría animar Viña, ‘me da el cuero’ para mucho rato y para cosas distintas… No sé lo que es desperfilarse, elegí muy bien el área en que me desempeño, porque para un lector de noticias sería más fácil salirse del perfil, aunque hasta por ahí nomás porque Polo Ramírez ha demostrado lo contrario. Mientras más experiencia tengas, ¡mucho mejor! No les tengo miedo a los programas ni a los formatos, y Viña me encantaría porque es el escenario más importante de Chile; sería graduarte como animadora, pone a prueba tu temple. Obvio que tendría que prepararme, como lo he hecho siempre, con los desafíos que cada proyecto implica, pero no le temo; me siento capaz… Tengo pocos límites profesionales, hasta pensaría incluso conducir el noticiero de CNN; mi propia carrera me ha demostrado que en TV es bueno probar. Coincido con Marilyn Monroe: ‘una buena chica conoce sus límites, una mujer inteligente sabe que no tiene ninguno’… ¿Si me da el cuero para otro hijo?, sí quiero, tal vez el próximo año. Cristián no espera nada más de la vida, me encanta eso de él; nos identificamos, pero siempre hablamos de tener otro, más por Facundo que por nosotros. Para él sería enriquecedor tener un hermano de su edad, ya que los mayores son casi como papás. Yo estoy pagada, tengo tres hijos increíbles, buenas personas, con conciencia del otro. Cuando los miro y escucho pienso que no lo hice tan mal”.

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‘CUERO DE CHANCHO’

“No tengo ‘cuero de chancho’, apenas una capita, ¡soy un chancho tierno!… Claro que las críticas me importan, sin embargo, me dejaron de afectar hace un par de años, una vez que me validé en mi trabajo. Cuando estás segura de lo que haces, de tus esfuerzos, de lo profesional que eres, te sientes tranquila… Estaba en la mitad del ciclo de Quién quiere ser millonario cuando dije: ‘¡me la pude!’. Pensé que no, o que no lo haría bien, hasta que sentí que mi trabajo aportaba a ese formato, que mis características como animadora tenían peso y podía demostrarlo, incluso en un programa tan esquematizado como ese. En lo interno me validé, sentí que el trabajo que había hecho no era en vano, y cuando te validas como profesional deja de importarte la mala leche. En un comienzo, la falta de experiencia te impide manejar la crítica y mirar con objetividad; te invalida al punto de pensar en dar un paso al lado. Tras mi incursión en Locos por el baile, la crítica se concentró en mí, fue entonces que pensé: ‘¿pa’ qué me presto para esto?, no me la puedo, no sirvo…’. He tenido otras veces ganas de abandonar, cuando me he sentido sobrepasada de trabajo o con ganas de tener más tiempo para mi familia. Cuando tuve a Facundo quise parar, concentrarme en la maternidad… Y no temo irme de la TV, puedo vivir de tantas otras cosas, desarrollarme en otros ámbitos, sin embargo, mi trabajo me gusta, me entretiene y hace feliz. Como te decía, las críticas que surgen me importan, pero no me afectan. Lo único tiene que ver con mis hijos (Pedro, Diego y Facundo); si alguno anda triste o le pasa algo en el colegio penetra en mis capas, en mis energías”.

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CAMBIO DE PIEL

“En un momento me miré al espejo, y no me gustó lo que vi: irritable, pesada, ¡vieja!, y tenía 28 años… Es muy potente esa sensación; necesité cambiar de piel. Quise dejar atrás a esa mujer que hacía lo que se esperaba de ella. Durante un período muy largo viví para los otros y no para mí. De pronto me vi en un estado de hastío, principalmente conmigo; no quería seguir siendo pesada, bruja, regluda, prisionera de mí, de mi descontento personal y con las opciones que había tomado en mi vida. Tuve la lucidez, estaba atenta a las señales, tomé decisiones, me separé… Quedé un buen rato ‘en pelotas’; es una muy buena sensación porque estás permeable a encontrar la piel que más te acomoda. Y en esa etapa, cambié de profesión y entré a la TV, mi cambio de piel fue muy expuesto y público, por eso fue tan duro. Quizá si hubiese tenido mi lado personal más resuelto, mi parada habría sido distinta. La TV fue un experimento, tenía ganas de explorar, de equivocarme, y con esa piel me siento tan cómoda. Procuro ser lo más transparente, no hay nada más liberador… Y si me equivoco, decir: ‘ay, ¡la embarré!’ o no tener siempre todas las respuestas. Tiene que ver con eso, con no tener las soluciones ni los caminos tan definidos. Hoy vivo de forma más orgánica, natural, sin tanta planificación. Eso me identifica más, esa es mi nueva piel”.

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¡CUERAZO!

 

“El cuerpo es siempre un arma de poder; lo que más te empodera en todo ámbito es sentirte cómoda contigo. Soy demasiado consciente de éste, sé exactamente lo que me pasa. Me preocupo mucho, trato de sentirme bien con esta piel que construí, pero por mí, no por el resto. De repente le digo a Cristián (Sánchez, su marido) ‘estoy tan incómoda con esta parte de mi cuerpo’, y él me dice: ‘Sólo tú lo ves’; ¡lógico, si soy yo la que convive con él las 24 horas!… Agradezco demasiado a mis genes, pero también me cuido con alimentación sana; estoy convencida de que eres lo que comes. Y soy matea en esto. Consumo lo menos procesado posible, no como masas ni carbohidratos, y si lo hago, prefiero el arroz integral o el cuscús. El pan lo reemplazo por galletas de arroz, evito el azúcar y no me gustan los chocolates. Soy de mucha fruta, verduras y proteínas: huevos, leche de soya, pollo, pescado. Trotaba mucho hasta que me lesioné el tobillo, ahora practico yoga, Pilates y descubrí el TRX en que tonificas los músculos con tu propio cuerpo… No tengo límites para mostrar. ¿Si haría una foto desnuda?, si es bonita y artística, no tengo problemas”.

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DESCUERAR

“El pelambre, el ‘descuerar’ a otros es parte de nuestra sociedad, ¡nuestro deporte nacional! Es terrible, y todos caemos de vez en cuando. ¿Te has fijado que si encontramos regia a una mujer decimos: ‘¡qué yegua!’?; ¡eso nos refleja de pies a cabeza! La envidia está en todos lados, no la circunscribo sólo a la TV. Ese doble estandar es parte de nuestra idiosincrasia, quizá porque somos menos confrontacionales y no nos atrevemos a decir las cosas. Al principio fue brutal, era el momento para ‘descuerarme’, y cargué con los prejuicios de ser la hermana de Cecilia… Pero lejos lo más doloroso fue cuando me entrevistaron en una gala de Viña, y después se dijo que estaba pasada de copas. Se argumentó que como estaba recién separada me había vuelto loca y caído al trago. Cuando leí ese artículo en un diario lloré a mares, que criticaran mi voz era válido, pero atribuirme conductas por mi separación, no correspondía. El ataque fue desproporcionado e injusto, porque en esa época tomaba cero alcohol, ¡ahora tomo! Mi trabajo es expuesto y escaso, por lo mismo muy codiciado. Mi estrategia frente al pelambre es seguir trabajando y no echarme nunca a morir… Obvio que yo también siento envidia, como de mis amigas que no trabajan, que viajan; tiene que ver con el tiempo, la libertad, con pescar tus cosas e irte”.