No se fue. Volvió. ¡Y un sábado! Ya no hay chacales de trompeta, pegajosos jingles ni coreografías para solteras en busca de un hombre ideal. Mario Kreutzberger (a un mes de cumplir 75) reapareció en pantalla haciendo lo que más le gusta: andar en auto.

“En Estados Unidos siempre me invitaba a hacer paseos”, cuenta su pelirrojo nieto Ilan Numhauser (28), hijo de Vivi y director de la productora Colorín Buenasuerte. En Miami el animador nunca tuvo chofer y le encantaba llevarlo a recorrer carreteras. Hoy los dos no sólo se turnan al volante, también comparten créditos en el programa Usted no reconoce a Chile, espacio donde el hombre más internacional del showbiz nacional —quien dio fin a Sábado Gigante el 19 de septiembre de 2015— da clara señal que tras una era de 53 años, quiere seguir en la veleidosa televisión.

La leyenda continental se entregó a este proyecto sin dudarlo, pese a que se ponía en manos de un debutante como Ilan. El joven lo sorprendió hace pocos días al revelarle que postuló en secreto a la escuela de cine de la USC (universidad y cuna de directores como George Lucas, James Ivory, Ron Howard y Robert Zemeckis). “Si le hubiera dicho que quería entrar, me habría querido ayudar. Habría pedido que gente llamara por mí ”, cuenta Ilan.

Hacer otra cosa habría estado en contradicción con ese “gen K”: el veinteañero tiene al frente al ejemplo de la ‘autogestión de sueños’. Por algo se entienden. Entre ambos hay una confianza particular. Así como conversan por horas, también están en cómodo silencio. Se recomiendan películas. Se enseñan uno al otro.

Hay tuteo y hasta bullying, con fotos que Ilan le toma en la intimidad de su casa, sin maquillaje, hasta sacando jamón con la mano en el after de la despedida de Sábado Gigante. “Tenemos una cercanía especial. Pero aunque hoy yo sea más alto que él, es imposible que lo vea distinto a cuando yo era niño: es imponente. Por otro lado, como todos en la familia, le digo Marito. Fuera de cámaras es distinto. Nadie se imagina que cada domingo va en pijama, todo chascón, a prepararse sus huevos revueltos y café para desayunar”.

Esos paseos largos de Miami a West Palm Beach fueron sólo el inicio de esta relación entre abuelo y nieto. Cuando Ilan tenía 12 años el vínculo se hizo más estrecho aunque ya no era necesario que el animador se preocupara de buscar tenidas idénticas a su look para vestirlo a él y a su hermano Amir como si fueran el Trío K. “Tenía esos detalles…, él no es de piel, pero se hace sentir”.

“Pero mantiene esa fijación por la ropa y accesorios. Hoy está entretenido con comprar calcetines vistosos, con diseños divertido y que mezcla para pasarlo bien”. Para la sesión de fotos, mientras lo maquillan y peinan en un traje impecable, Kreutzberger se encarga de levantar su pantalón para mostrarnos su prenda fetiche de color morado con “monitos”. “¿Qué te parecen?”, pregunta.

wp-donfrancisco-4501

Luego juega con Ilan frente a la cámara. Se nota que no quiere opacar a su nieto. Lo guía. Pero es imposible. El click lo transforma en Don Francisco automáticamente. “¿Cuándo partimos la entrevista?”, pregunta. Ahí le decimos que no nos sentaremos a hablar, porque tenemos un enviado especial que estará al otro día con él en el sur, mientras trabaja en Usted no reconoce a Chile. Será Ilan.

Detiene un segundo su paso. “¡Ah!”. Se toma menos de dos segundos en evaluar el formato. “Distinto”, aprueba y sigue la marcha por los pasillos de Canal 13.

Mientras suenan cubiertos y platos, frente a un fiordo cerca de Castro, los dos toman desayuno en una mesa que les da intimidad.

Ilan —Estamos terminando el último episodio del programa. ¿Tienes idea cuántas cosas has hecho en la TV, Marito?

—Ni una… (largo silencio).

—(Risas). Para mí fue una experiencia increíble. ¿Por qué te gusta trabajar con gente joven?

—Tenía un material único. Cuando hice el programa (entre 1982 y 1988) nadie imaginó el esfuerzo que significó realizarlo. Y este que grabo contigo es un testimonio histórico. Importantísimo: muestra el cambio de Chile durante treinta y cinco años en la gente, familia, entornos. Apreciamos cosas que, quizá, no dan rating. Ejemplo es el gran problema dental en el país. O que en los pueblos pequeños la juventud quiere irse a las grandes ciudades. Pero tu pregunta iba por otro lado. Sólo quería aprovechar de dar algunos de estos datos (mi abuelo no pudo evitar partir como el comunicador). ¿Hacer este proyecto con una nueva generación? Esto se basa en el éxito de Homenaje Gigante, ya que la gente se puso contenta de ver imágenes antiguas. Entonces me pregunté: “¿Qué visión tendrás tú, que quieres ser director de cine, y los compañeros de tu edad con respecto a mi generación (que estuve en el mismo sitio hace tres décadas)?”. Por eso hacemos esa reflexión en cámara entre nosotros. Son tres partes: las escenas de antes, las de hoy y nuestra conversación. En la última está esa generación que se va… Y la tuya, que toma el poder.

—¿Te imaginabas así al país?

—Jamás pensé que volvería 30 años después.

—¿Qué sacas de nuestro trabajo luego de cerrar Sábado Gigante? ¿Este ‘nuevo comienzo’? Te veo diferente a Don Francisco.

—Siento que en esta época lo que tengo que hacer es ocultar mis debilidades y aumentar mis ventajas…

—¿De qué manera?

—Por ejemplo, me he preparado para la televisión por 50 años y creo que estoy calificado para dar contenido. Quizás hoy estoy menos capacitado para entregar ese entretenimiento físico, más dinámico, violento. Entonces, tengo que hacer una combinación, porque en este momento me estoy reinventando. Una mezcla entre algo con buena aceptación del público —vale decir, un rating aceptable— y algo que aporte. Y este ciclo modesto que va a las cinco de la tarde un día sábado cumple esa segunda intención.

El canal quería emitir Usted no reconoce a Chile en horario estelar. Mi abuelo no quiso. Peleó motivado por un tema significativo: que fuera a la misma hora de Sábado Gigante.

—¿Tu reinvención partió el 20 de septiembre, al otro día de tu despedida, o antes?

—Fue ese 20. Porque no te puedes anticipar o pensar en lo que podía hacer y en lo que me sugerían —espacios de conversación, desarrollar programas para otros, ver formatos que ideamos como equipo—. Comenzó ese “día después”.

—Esa ‘mañana siguiente’, ¿cómo amaneció Mario y cómo lo hizo Don Francisco?

—Los “dos” amanecimos juntos y muy contentos… Sí, porque creo que el ciclo no podría haber terminado de mejor manera.

—En ese último episodio, ¿estuvo al aire 100% Don Francisco o se asomó Mario?

—Siempre estuvieron juntos. Públicamente está Don Francisco, pero Kreutzberger está “detrasito”.

—¿Cuáles fueron tus pilares para estar 53 años en TV?

—Lo que te he estado aconsejando: mi perseverancia y preparación. Estar siempre listo ante algo que deba hacer. Pensarlo, analizarlo, evaluar alternativas. Por ejemplo, para Chiloé imaginé distintas opciones para grabar si llovía. ¡Afortunadamente el tiempo no fue problema!

—¿Qué quieres hacer en el corto plazo?

—Reinventarme, pero todavía no sé cómo. Todavía negocio en Estados Unidos para ver qué realizaría. Pero quiero hacer menos. Me gusta este programa de viajes, pero también los de conversación, producir y hacer coaching.

—¿Después de la Teletón tomarás vacaciones largas o un período sabático?

—No.

—¿Y jubilarte?

—La jubilación va a venir sola. Cuando el cuerpo lo pida.

wp-donfrancisco-4505

Chiloé es uno de los lugares preferidos de mi abuelo. Siempre le gustó. Esta vez se le queda su iPod y no puede poner su música en el auto. Le encantan las canciones mexicanas, las marchas alemanas. Con o sin cámara, siempre pregunta todo. Le encanta saber lo que más puede de flora y fauna. En este viaje está seducido por una flor del sur que hace tiempo no veía y no recuerda su nombre, hasta que lo averigua: rododendro.

Se ve entusiasmado. En cada astillero en que nos detenemos, cotiza los precios de una barcaza chilota. Es su nueva fantasía: quiere recorrer los canales en algo típico, nada lujoso. Extrañamente para mí, mira hacia adelante.

—Eres bien fatalista. Siempre piensas que lo próximo será lo último…

—Siempre pienso que las cosas llegan hasta ahí no más. Ahora, que no me rinda es otra cosa. Pero siempre creo que algo no lo voy a conseguir, que no va a suceder o no va a ser tan bueno.

—¿Pero jamás te acostaste diciendo: “Mañana no hay nada que hacer”?

—No (deja el tono reflexivo y suena tajante).

—Entonces, ¿de dónde viene este pesimismo? ¿Alguien era así en la familia?

—Mmmm. A mi papá (Erick) no lo veía así. Tampoco a mi mamá (Anna). Viene conmigo.

—¿Qué tienes de tus papás?
—De mi padre la perseverancia, el trabajo, ese orden mental. De mi mamá la vocación artística y todas las enfermedades… También de mi papá saqué la fuerza física, ¿se fijaron que, triplicándolos en edad, resistí más?

—Cuando llegaste de estudiar confección en Nueva York y te diste cuenta de que la TV significaba el futuro, ¿tu papá te apoyó o creyó que estabas loco?

—Él nunca coartó las libertades de nadie, todo lo contrario. Al volver de Estados Unidos me di cuenta de que había aprendido algo muy importante: programarme. Vi que era un mal negocio llegar tarde, entrar por donde dice salida, hacer tres cosas a la vez y no focalizarse. En ese país me encaucé más como persona, que como técnico modelista. Es otro sistema.

—¿Cómo?

—En Chile un tipo se siente feliz cuando entra al Estadio Nacional por una reja sin que lo vean. Yo aprendí que había que sentirse orgulloso de comprar una buena entrada, llegar como Dios manda y a la hora. Y salir cinco minutos antes para evitar el taco. Ser metódico. Lo que te reclamé antes de esta entrevista: “Dejaste lo más importante en el auto: el aparato con que vas a grabarme”. En mi caso se me puede quedar todo —cinturones, reloj, teléfono—, menos aquello con lo que voy a trabajar.

—Aprendizaje gringo.

—Sí y también seguir mi frase emblemática: “La preparación es la base de la improvisación”.

—¿De dónde viene esa máxima?

—Acuñada con el tiempo. Por lo que aprendí de mis maestros, colegas, la gente y solo.

—En estos treinta años, ¿has avanzado con Chile o más rápido que el país?

—Chile ha avanzado, pero en desigualdad. Hay ciertas cosas que son fundamentales para crecer. Pienso que las oportunidades o, al menos, la cercanía a tenerlas no existe, no se logra. Y lo más difícil que no se alcanza en este país es la “sensación”. Llevo 30 años en Estados Unidos y allá cuando le pregunto a alguien: “¿Qué cree que puede ser en el futuro?”. Si es un mozo, me responde que va a ser el dueño de un restorán o una cadena de locales. Si trabaja en una tienda, piensa que va a ser el presidente de la firma. En cambio aquí, no existe esa “sensación”. Las personas ven que se quedarán en el mismo lugar o mejorarán un poquitito. Las oportunidades de la educación tienen que mejorar, también la salud. ¡Y muchísimo! Hay que construir esa “sensación” en la gente de que va a poder salir.

—¿No tiene que ver con que el chileno prende la TV y ve noticias como las colusiones?

—No lo creo. Todos los países sufren sus problemas. El punto es tener oportunidades similares. Y, como país, tenemos una brecha muy grande.

—Con la revelación de colusiones tan cerca de la Teletón, ¿temiste por la credibilidad que se construyó en estos años?

—Cualquier dificultad que toque a Chile le afecta a la Teletón. Esta campaña no la hago yo, la hacen todos los chilenos.

—Te veo más conectado con la realidad nacional y problemas sociales.

—Sí (nuevamente enfático). Siempre las dije en un marco no político. No del punto partidista. Hablé desde una opinión personal, en que pude tener muchas equivocaciones o aciertos de un comunicador. Decía lo que sentía y eso aplicaba a la más rancia izquierda o a la más turbulenta derecha. Hablaba lo que pensaba, pero no me involucraba en las cuestiones contingentes. Pensé que no debía hacerlo.

—¿Te lo pidieron?

—Muchas veces. Pero he tratado de equilibrarme en cada cosa que hago porque yo tengo que sumar telespectadores y no dividirlos.

wp-donfrancisco450-3

—Desde el punto de vista más íntimo, ¿alguna vez pensaste tener esta familia numerosa y aclanada? ¿Te viste como abuelo?

—Todo esto es virtud de mi señora Temmy. Ella se dedicó a la familia, yo siempre andaba como “en el aire”. Cuando había algo duro o dramático, me preocupaba mucho y lo trataba de sacar adelante. Pero para hacer este trabajo uno tiene que estar “volando” en cosas que no son terrenales, media fantasiosas.

—¿No te imaginaste una familia?

—Me veía con familia. Pero como nunca tuve abuelo, no me imaginé cómo era ser uno.

—¿Para nada?

—No. Tenía el concepto de una familia inmigrante, temerosa… Esa que no sabía si podía quedarse en Chile. Yo nací en total libertad. Era un niño que iba donde quería. Andaba en micro. No como ahora… Me subía al tranvía e iba al centro. El mundo era más bueno, las ciudades más amigables. Y en ese contexto, me críe con muchos sueños. Caminaba por la cordillera imaginando ser Tom Sawyer… De hecho, mis ganas de hacer tantos reportajes en la selva era porque ¡yo me creía Tarzán!

—(Risas) ¿Te hubiera gustado que tus hijos fueran aventureros y te acompañaran?

—No, después todo se puso más complicado.

—Cuando fueron llegando los hijos, tres finalmente, ¿creíste que no ibas a poder lidiar con la familia y la tele?

—(Silencio largo) No, no lo pensé. (Lo “salva” el sonido del teléfono).

—¿Con los nietos fue distinto?

—Claro. Era mayor. Tenía la experiencia, ya había cometido muchos errores. Después fui más cuidadoso. Y con los nietos hombres tenía más comunicación, cosas que hacer. Como tampoco tuve hermanas, no sabía qué se hacía con las nietas. Con ustedes era diferente: no quería influirlos, pero sí mostrarles lo que sabía.

—¿Qué te gustaba de esos viajes que hacíamos los tres con mi hermano Amir? ¿Era una iniciativa tuya para saldar lo que no hacías con tus hijos Pato y Pancho?

—En parte era eso. También tenía más tranquilidad… Vi más la importancia que tenía la formación de una vida. De un hijo, de un nieto. Ayudarlos en eso. Ver en los jóvenes un futuro.

—Entonces, ¿era para nutrirnos en cosas nuevas y tus experiencias?, ¿o era para pasar más tiempo con nosotros?

—Era todo junto. Me encantaban esos paseos de nosotros tres. Todavía me gustan.

En estos días Marito anda con dos celulares y se comunica por FaceTime con mi abuela.

—¿Cómo has asumido la tecnología?

—Me sentí visionario porque fui el primero en proponer un programa continental: Sábado Gigante Internacional. Cuando apareció el satélite, vi que la TV iba a ser global.

—¿Por esa renovación duraste tanto?

—Tenía esa visión. Pero ahora me preocupa la protección del contenido… O sea, un capítulo de Usted no reconoce a Chile —que costó mucho dinero— al otro día está en todas las redes sociales gratis. Se lo “roban”. Eso se tiene que reglamentar o el contenido se va a ir perdiendo.

—Esta “Era Netflix“, del on demand (lo que quieras, cuando quieras y donde quieras), ¿le está haciendo bien o mal a la tele?

—Yo siempre me refiero a Graham Bell y Marconi. Los dos presentaron el teléfono el mismo día, pero la gente ya llevaba como seis meses hablando entre los pueblos gratis. Sin ningún control. Fue rentable cuando empezaron a cobrar por llamada. Si no hay negocio, las cosas no funcionan.

wp-donfrancisco-450-2

—Recién me inicio en esta industria del contenido. ¿Cómo ves el futuro del sector?

—Cuando se cerraron las salas de cine en Chile, pensé que ese medio se había terminado y se lo había comido la televisión. Y me equivoqué. El cine se reinventó: aparecieron las multisalas, películas con otro tipo de producción —sin la cantidad de extras de Quo Vadis—. El cine nunca desaparecerá. El contenido nunca se va a terminar. Sí se tiene que regular, porque es parte de la entretención de la familia. Si lo llevas a otro campo, es como la “denominación de origen”. Todos quieren proteger lo suyo.

Extiende su punto a la plataforma a la que ha dedicado su vida: “Una de las razones porque la TV ha perdido nivel es porque hay un descontrol en el contenido, ya que hay muchas señales que se dividen la misma torta publicitaria”.

—¿Qué me aconsejas en esta carrera?
—Tengo mi “decálogo del éxito” para la vida y el trabajo. No me lo sé de memoria. Está aquello de la preparación. También esa frase “La soberbia dura hasta el último fracaso”. Pero en la estructura que me armé, ubiqué en primer lugar la perseverancia. Luego, ponerse metas en el corto y largo plazo. Descubrir oportunidades. Revertir los fracasos y no deprimirse; hay que volver para hacer algo mejor. Escuchar la crítica y ser modesto; no contestarla, desmenuzarla hasta encontrar lo que te sirva y eliminar lo que no. Oír con humildad los consejos. Correr riesgos, pero controlado; como es el caso de este programa. También algo que no te va a gustar: levantarse temprano y hacer deporte. Gastar menos de lo que ganas, no pedir plata; hay que arreglarse con lo que tienes. Tener una familia y para eso sólo bastan dos; no importa la característica de ese núcleo, pero que exista.

—Están para libro.
—Los lees en Entre la espada y la TV. Ahora voy a escribir un tercer libro que resumirá lo aprendido en mis 53 años en la televisión. Es mi vida como comunicador.

—Desde el 20 de septiembre, ¿eres Mario o Don Francisco?

—Siempre soy el mismo.

Capítulos de usted no reconoce a chile en www.canal13.cl