Recién tiene 35 años. Ha sido reportero, editor, conductor de varios programas de debate y conversación, panelista de un matinal y el rostro más visible –y expuesto– de cuatro noticieros. Periodista por vocación como confiesa, “no se me ocurriría ni pensaría cambiar de trinchera”.

El año 2004, a los 27, ya era editor de política y economía de Canal 13. Hizo de todo: sacó cuñas, editó sus propias notas, reporteó, creó programas nuevos, sacó al aire un noticiario y hasta en casos de emergencia, hizo cámara.

Actualmente conduce CNN prime junto a Mónica Rincón, tiene un espacio semanal de debates en el mismo canal y un programa de lunes a viernes en la radio Sonar. “Haber estado en todos esos lugares me sirvió para entender como es la pega y eso es invaluable”.

El 2007 comenzaste a conducir Efecto Dominó en C13, continuando con una larga lista de programas como Chile Debate y las ediciones de tarde y noche de Teletrece. Rápidamente tu popularidad aumentó y te hiciste más conocido… ¿Cómo viviste ese proceso?

- Para mí es súper natural porque nunca fue un quiebre. Efecto Dominó fue un programa que cree junto a Mauricio Hofmann y el productor. De hecho, al principio, no estaba considerado que yo apareciera en cámara, pero después a Mauricio le pareció una buena idea que lo acompañara. Luego hice algunos reemplazos en Telenoche, surgió un cupo y entonces me pidieron editar y conducirlo. Estar frente a las cámaras era un trabajo más, nunca sentí que hubo un cambio abrupto.

– Decidiste ir a hacer un máster de periodismo con mención en política en la Universidad de Columbia en Estados Unidos, por cerca de un año. ¿Crees que ese tiempo en que no estuviste en pantalla, te jugó en contra con los televidentes?
– Creo que uno tiene que tener muy claro hacia donde va su carrera y cuáles son sus objetivos. Si mi meta en la vida fuera ser más conocido o más famoso, no hubiese tenido ningún sentido irse a estudiar un año afuera. Pero eso jamás ha sido mi meta ni lo que me interesa en lo más mínimo. Me gusta hacer buen periodismo porque soy un enamorado de mi profesión y sentí que era muy importante perfeccionarme e ir a la mejor universidad del mundo en periodismo. Saber cómo se hace desde otras partes del planeta y conocer a compañeros con diferentes experiencias. Para mí esto era infinitamente más importante como formación personal, que estar un año fuera de pantalla. No son mis objetivos de vida ser más conocido ni más famoso ni animar un reality o el Festival de Viña. Son cosas que jamás haría porque no me interesa y porque no las se hacer bien.

No son mis objetivos de vida ser más conocido ni más famoso ni animar un reality o el Festival de Viña.

Cuando llegaste a Chile después de haber estudiado, ¿Te cambió la mirada sobre los periodistas que hacen política?
- No. Siempre he tenido una mirada –tal vez reforzada con mi estadía afuera–, que tiene que ver con la autoestima profesional que hay en otros lugares, y cómo los periodistas se entienden a sí mismos. Creo que el periodista es un representante de los ciudadanos frente al poder y ese el rol que tenemos que entender, que los estamos representando, que somos la voz de ellos y por eso, a veces, uno intenta hacer una fiscalización frente al poder. Y claro, hay  veces que esa pega se hace mejor o peor en Chile, pero creo que también nos falta un poco de autoestima. Cuando dices: “Oye, me voy a estudiar un postgrado al extranjero” y te cuestionan: ¿Por qué te vas a estudiar un postgrado? algo que nunca le preguntarían a un abogado o a un médico.

Con dos libros publicados, y un tercero casi listo, come y respira política. Su segundo libro, ‘1962, el mito del mundial chileno’, no estuvo exento de polémicas. En aquel entonces, el único sobreviviente de la organización de ese mundial, Nicolás Abumohor, lo amenazó hasta con una querella. Lo más curioso, es que el libro aún no se publicaba.

– La publicación de “1962, el mito del mundial chileno” te trajo varias críticas. Incluso se habló de querellas. Han pasado varios años, ¿Eso en que quedó finalmente?
- En nada, porque todas las críticas que se hicieron fueron de personas que no habían leído el libro, que es algo muy común en Chile. Se tiende a criticar antes de leer las cosas, y pasó eso. Mucha gente se espantó cuando vio de qué se trataba. Pero una vez que lo leyeron, se dieron cuenta que habían hecho el ridículo con sus críticas porque era serio y estaba bien reporteado. Todo eso de las querellas, que por supuesto nunca se presentaron, es una cosa casi folclórica, anecdótica de emitir comentarios o hacer juicios antes de darse el trabajo básico: leer y después hacer todas las críticas que correspondan.

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– Ya vas por tu tercer libro, y según algunos tuits estaría relacionado con la política. ¿De qué se trata?

– El libro que estoy terminando ahora y espero lanzar muy pronto, tiene que ver con mostrar el nuevo Chile en términos de la política. Habla sobre cómo va a existir un país completamente distinto en las campañas políticas, cómo se forman mayorías. Comienzo con decir que el país fue gobernado por más de 20 años por la mayoría del No y que básicamente, fue un grupo de gente que siguió votando casi igual durante mucho tiempo. Eso se acabó. Se terminó con el fin de la Concertación, con el voto voluntario que cambia todas lógicas de cómo se hace política en Chile, un escenario que todavía no está muy claro. También está la necesidad de movilizar a los electores, por un padrón electoral nuevo de gente que se siente mucho más empoderada. Todos estos cambios generan un panorama completamente nuevo en la política chilena y es un nuevo comienzo. El libro intenta mostrar esas transformaciones y adelantar en algo cómo será la política en los próximos 10, 20 ó 30 años.

Es un escenario bien curioso el de estas elecciones porque probablemente, salvo que ocurra algo muy imprevisto, da la impresión que el ganador o la ganadora, está bastante claro.

– ¿Cuál es tu opinión sobre el actual escenario político en Chile, por ejemplo, el hecho de que existan 9 candidatos en estas elecciones presidenciales?
- Es un escenario bien curioso el de estas elecciones porque probablemente, salvo que ocurra algo muy imprevisto, da la impresión que el ganador o la ganadora, está bastante claro. Sin embargo, siendo una elección con menos incertidumbre en ese sentido, hay un abanico muy amplio de candidatos que están entrando. Eso tiene que ver con nuevas fuerzas que están pugnando por participar en la cancha del sistema. Hay una candidatura armada desde el ecologismo, otra desde un movimiento que tiene una sus bases en los deudores habitacionales, como es el caso de Roxana Miranda. Hay candidaturas independientes que surgen con mucha fuerza. Todo eso indica la creación de un nuevo fenómeno que muestra a otros sectores intentando entrar al sistema.

¿Qué le falta a la clase política para motivar a la gran cantidad de personas que no tiene interés por votar?
- Falta conocer más a los votantes. La lógica del voto voluntario es movilizar a las personas y para eso necesitas saber quienes son, conocer sus problemas, sus aspiraciones y sus sueños, y luego segmentar. Por ejemplo, tengo un grupo de mujeres de estrato social C3 separadas, ¿Cómo las movilizo a ellas? Esto se parece –entre comillas– a la lógica del diseño de un producto, y de hecho tienden a imitarlas. Así se hacen las campañas de voto voluntario y en Chile se están empezando a hacer así.

– Si te ofrecieran ser parte de un partido político y lanzar una campaña ¿Aceptarías?
- Por ningún motivo. Me gusta la política desde el punto de vista del periodismo y el análisis, creo en cómo entregar más herramientas a los ciudadanos para entender y controlar un poco ese poder. Siento que es muy importante para un país tener un periodismo político incisivo, con un sentido de emisión que sea relevante. Así pasa en las grandes democracias del mundo que están consolidadas, como Gran Bretaña o Estados Unidos. Creo que es desde este lado donde puedo hacer mi contribución. No se me ocurriría ni pensaría cambiar de trinchera.