Contesta su teléfono en plena gira por el norte de México con la obra teatral ¿Por qué será que las queremos tanto?, adaptación de una comedia argentina llamada 4 de copas, que esa misma noche presentarán en Mexicali y al día siguiente, en Tijuana. Es el México profundo, un mercado que por dos décadas se ha convertido en plataforma de operaciones para Cristián de la Fuente en el showbiz latino y bilingüe de Norteamérica, donde se radicó a fines de los ’90 después de algunos años de figuración televisiva local en telenovelas y espacios como Venga conmigo con José Alfredo Fuentes.

Dejemos que YouTube se encargue de informar sobre los méritos y deméritos de aquellos años de nuestra televisión, pero a Cristián, rostro de  la campaña Día del Padre de Ferouch, la idea de buscar horizontes más amplios siempre le había rondado la cabeza. Por eso cuando Luis Balaguer, productor de Salma Hayek y actual manager de Cristián, le escribió para decirle que había una oportunidad, no se lo hizo decir dos veces.

—¿Cuáles han sido los hitos que más valoras de estos 20 años fuera de Chile?

—Aunque no tiene que ver directamente, creo que el hito más grande de mi carrera ha sido convertirme en papá, porque a partir de ese momento comencé a tomar mis decisiones con otra perspectiva, desde el lugar donde vivo hasta los proyectos que hago. Haber firmado un contrato con Televisa tiene que ver con ser papá, y llevar una vida menos nómade. Dicho esto, el hito más decisivo de mi carrera han sido sin duda hacer Driven, porque para mí siempre habrá un antes y un después de trabajar en cine con Sylvester Stallone. Junto con eso, creo que haber hecho un sitcom en inglés con uno de los escritores de Friends y el director de Will & Grace (The Class, 2006) también marcó mucho mi carrera.

A los 44 años, tras 16 casado con la modelo y conductora de televisión Angélica Castro y padre de una hija de 13 por la que se desvive, la familia es un tema recurrente en sus respuestas. Cristián fue el único hijo de la relación entre el químico farmacéutico Hugo De la Fuente y Adriana Sabarots, él de ascendencia vasco-española y ella, vasco-francesa. Tiene cuatro mediohermanos, por el lado paterno. “Por haber sido el hijo fuera del matrimonio y por haber crecido viéndolo solo en las tardes y un día del fin de semana, la mía no era una familia muy normal. Pero mi padre nunca dejó de ser un gran papá, tal como mi mamá fue una excelente madre. Que ellos no hayan funcionado como pareja no tuvo un efecto directo en mí. Y eso es algo de lo que siempre estaré agradecido, porque muchos padres se separan o tienen relaciones fuera del matrimonio y después usan a los hijos como moneda de cambio. En el caso de mis papás eso no ocurrió”.

—Tus dos padres ya murieron. ¿Cómo es la relación con tus mediohermanos?

—Me llevo muy bien con la menor de las mujeres, María Angélica, la hermana que me ayudó durante todo el periodo de la enfermedad de mi mamá cuando yo estaba afuera. Y estuvo a su lado cuando ella murió de cáncer, en 2014. Yo estaba trabajando y venía cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, pero lamentablemente cuando murió no pude llegar sino hasta el día siguiente. Fue algo bastante paradójico, porque María Angélica estuvo en la muerte de la ‘otra mujer’ de mi papá y también en la de su propia madre.

—¿Tu mamá alcanzó a disfrutar a su nieta?

—Sí, pasaron mucho tiempo juntas y para Laura ella siempre fue su Tita, la única que conoció, porque cuando nació los papás de Angélica ya habían muerto y mi papá también.

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—Habiendo nacido y crecido en Miami, ¿cómo es la relación de Laura con Chile?

—La Laura es chilena y así lo siente. De hecho, si alguien le pregunta de dónde es, ella responde: de Vichuquén. Y por supuesto se le quedan mirando con cara de dónde estará ese lugar…

—¿Qué fue lo que más cambió en ti con su nacimiento?

—El sentimiento de ser papá es bastante difícil de explicar, sobre todo para alguien que no lo ha sido todavía o lo va a ser por primera vez. Recuerdo una vez que estábamos comiendo en la casa de Stallone y le conté que iba a ser papá, entonces él me dijo: “Vas a experimentar algo único en la vida. Vas a sentir que tu corazón empieza a crecer y que tienes una capacidad de amar que hasta ahora no conocías”. Y eso es, literalmente, lo que pasa. Uno se da cuenta de que es capaz de priorizar la felicidad de ese ser humano antes que la propia y la de tu mujer. Y eso solo ocurre cuando el corazón nos crece. Gracias a Stallone, ese día finalmente pude poner en palabras el significado de ser papá.

—Las circunstancias te hicieron crecer como hijo único. ¿Ves alguna analogía con tu hija Laura?

—Tener una sola hija no es algo que hayamos elegido. La vida nos mandó a Laura y si no vinieron más hijos fue porque así lo dispuso. Cuando nació, su mamá estuvo hospitalizada con un problema médico que incluso la tuvo cerca de morir; después fueron pasando los años y dado que no llegaban más hijos, terminamos aceptando que la vida había decidido por nosotros. Por eso no hay una correlación con el hecho de yo haber sido hijo único. Yo en cierta forma fui un error del destino, porque mis padres no habían pensado en tener un hijo juntos y llegué igual…

—¿Error del destino?

—Nací cuando los hijos de mi papá ya eran grandes, por lo que me convertí en una especie de nieto de mi padre y a la inversa, para mí él era una mezcla entre papá y abuelo. A su edad ya no trabajaba tanto como antes y eso me permitió pasar mucho tiempo con él. Si bien su relación con mi mamá no prosperó como pareja, él nunca me falló como papá y me enseñó todo en la vida. Por eso cuando nació la Laura sentí que tenía una vara bien alta, tenía que hacer muchas cosas con mi hija, tal como mi propio padre lo había hecho conmigo. Ese fue mi modelo. Ahora, sé que no todos los papás son iguales y que no existe una sola manera de ser buen padre. Muchos papás trabajan todo el día y llegan tarde a la casa, casi sin tiempo para estar con sus hijos. Yo ahora estoy de gira con la obra de teatro, pero al volver es probable que pueda pasar un mes completo con mi hija, llevarla al colegio, irla a buscar, acompañarla, hacer cosas juntos… Este régimen de trabajo me da la posibilidad de tener una relación especial con ella, donde además de sentirla como una prioridad máxima en mi vida, tengo la suerte de poder estar harto con ella.