El cine y la televisión han establecido convenciones culturales difíciles de eludir: los detectives suelen usar impermeables, los médicos de urgencia tienen vidas privadas ruinosas, una rubia que entra en una ducha corre el peligro de que un asesino la espere detrás de la cortina de baño. Pequeños destellos que ordenan el mundo en detalles minúsculos: todos sabemos que existe un spray que hace visibles los rastros de sangre que han intentado ocultarse de la escena del crimen y que si el asesino es educado, amable e inteligente sin duda es un sicópata y suele matar de forma compulsiva y de curiosas maneras.

Los detectives suelen usar impermeables, los médicos de urgencia tienen vidas privadas ruinosas, una rubia que entra en una ducha corre el peligro de que un asesino la espere detrás de la cortina de baño…

Criminal Minds (AXN) es el CSI de la sicopatía criminal. Superpone varias convenciones del género de serie de acción. La primera es la del equipo de expertos de personalidades exuberantes que se complementan por un objetivo común que les apasiona: atrapar asesinos en serie. Hay un líder curtido por la experiencia, un experto en conductas antisociales, un galán aguerrido y una cubano-americana a cargo de las tecnologías de información y rastreo. La serie tiene una fórmula de ambiciones discretas que le ha servido para sobrevivir ocho temporadas pese a las deserciones de su elenco. Ha explorado asesinos de distinto tipo sin manifestar mayor predilección por ninguno de ellos. El sicópata en este caso guarda un discreto segundo plano, restringido a escenas con escasos diálogos y la profundidad sicológica de un hachazo en la oscuridad. En el extremo opuesto está Hannibal.

En una de las escenas de Hannibal (AXN) uno de los personajes le dice a otro una frase en la frontera del insulto y del halago: “Eres un cóctel de neurosis y trastornos de personalidad”. La serie que estrenó este año su primera temporada es una precuela de la vida del siquiatra caníbal de El Silencio de los Inocentes. Todo lo que en Criminal Minds aparece descrito en trazo grueso y desde la perspectiva policial, en Hannibal tiene la parsimonia de una sesión de sicoanálisis. Aunque la estructura a primera vista parece clásica —un detective, un experto borderline y un asesino amigable y brillante—, la bestialidad es tratada bajo un tenue manto de refinamiento burgués.

Aunque la estructura a primera vista parece clásica —un detective, un experto borderline y un asesino amigable y brillante—, la bestialidad es tratada bajo un tenue manto de refinamiento burgués.

Esta opción estética está representada en la metáfora de una mesa bien dispuesta por Hannibal en su rol de anfitrión amante de la gastronomía. Camuflado en civilidad extrema nadie sospecha la velada crueldad del siquiatra foodie. Quizás el mejor momento de este raro maridaje ocurre en un episodio en el que Hannibal prepara una elegante comida para sus cercanos —intelectuales, siquiatras, artistas— y les advierte que todo lo que comerán allí no es apto para vegetarianos. Los invitados ríen y él clama juguetón “bon apetit” sin advertirles que aquello que les preparó con tanta dedicación no es exactamente carne animal sino trozos de sus propias víctimas.

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