Más que los pasillos del área dramática de Mega parecen los cuarteles centrales de Google. Paneles transparentes, mucho vidrio, diseño moderno y el aire acondicionado a tope mientras el equipo de producción de “Pobre gallo” va de un lado a otro para dar vida a la teleserie más vista del momento. Silenciosos y disciplinados, Paola Volpato, Ingrid Cruz y Alvaro Rudolphy esperan en la sala de reuniones, los tres a un lado de la larga mesa, bien alineados, mientras el hombre de este trío devora un sándwich porque, aclara, no alcanzó a almorzar. “Pero nosotras hablamos por ti, no te preocupes”, le dicen sus compañeras con un tono entre protector e irónico que esboza a la perfección la relación que hay entre ellos.

Juntos se volcaron, hace ya dos años, a una misión incierta: integrarse a la nueva área dramática de Mega, liderada por Quena Rencoret, quien también dejó TVN para desarrollar el área de producción de teleseries en la estación privada. Le siguieron Volpato, Rudolphy y Cruz, los dos primeros luego de casi dos décadas en el canal estatal y varias teleseries juntos. En tanto que Ingrid, quien había hecho una larga carrera en Canal 13 y luego partió a TVN por un año, se sumó al final a este trío que hoy enciende la pantalla.

“Para mí tenerlos como soporte de mi historia es fundamental”, declara al teléfono Rodrigo Bastidas, uno de los guionistas detrás de “Pitucas sin lucas” y “Pobre gallo”. “Son los mejores en comedia dramática; de un segundo a otro te hacen llorar y, luego, reír. Y entre ellos funcionan perfecto, se conocen de memoria”, describe. De hecho, en la encuesta Wikén-Collect de 2016 (que mide los rostros que suben y bajan en popularidad) los tres se ubicaron en inmejorables posiciones: Ingrid fue elegida por segundo año consecutivo como “Mejor Actriz”, mientras que Paola quedó en el cuarto puesto. En tanto, en la categoría de hombres, Alvaro Rudolphy fue elegido en el segundo puesto como ‘Mejor Actor’.

Ahora, en la sala de reuniones de Mega, Paola Volpato explica la fórmula: “Básicamente consiste en aguantarle todo a Alvaro”. Ingrid se suma al juego: “Es que nuestro amigo es súper mañoso…”. Aunque más seria agrega: “Tenemos muy buena onda, somos partners”.
Para Alvaro se trata del resultado de una relación de años, especialmente con Volpato. “Es como un matrimonio. Al final un pequeño gesto, una mirada y ya sabes en qué está el otro. Hay una simbiosis. Tengo la sensación de que existe una comunión con ellas (dice ahora mirando a Ingrid). Y eso no es algo fácil de lograr en el trabajo e incluso en la vida misma”.

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“Los dos son muy talentosos, jugados —dice Paola Volpato—: proponen ideas, ayudan… Pero lo más importante es que ninguno tiene mucho ego; están al servicio de la escena —y con un tono de voz cómplice, agrega—. Porque me ha pasado que otros actores están más preocupados de salir bien en vez de hacer correctamente la grabación… Eso se da harto”.
“Aunque yo estoy pidiendo que me cambien de compañeras porque se ven muy mayores estas cabras”, dice Alvaro que, entre broma y broma, está obsesionado con el tema de la edad.

“Es que él siempre dice que somos viejas para él. ¡Una patudez porque soy diez años menor”, reacciona Ingrid.
“¡Es que a buey viejo, pasto tierno!”, contesta Paola y los tres se mueren de la risa como si esa tarde nada más les importara.

“Cuando llegamos al área dramática de Mega fue como entrar a un circo pobre: no había nada. Los tres estábamos acostumbrados a los estudios grandes pero aquí todo recién se estaba armando. Y más encima éramos los más viejos del elenco, sobre todo Alvaro… (dice Ingrid con ironía)”.
“Había mucho nervio también —recuerda Paola—, pero pensaba: ‘yo acepté esto, vamos que se puede’, aunque no sabía cómo iba a reaccionar la gente”.
“¡Para nada! —dice Alvaro—, creo que ocurrió precisamente lo contrario. Como veníamos a un canal que no estaba dentro de los primeros, las expectativas eran muy bajas. No había nervio porque además se trataba de un proyecto a largo plazo, que supuestamente tardaría tres o cuatro años en despegar. No teníamos que demostrarle nada a nadie. El estrés, la presión, la ansiedad y la angustia la tuvimos ahora…”.
Para Paola Volpato el nervio partió cuando la primera teleserie que hicieron juntos, “Pitucas sin lucas”, se transformó en fenómeno. “Ahí se echó a andar una máquina en la que, ahora sentimos, ya no podíamos parar. Y nuestras expectativas también crecieron”. “Hay una presión por mantener los resultados”, admite Rudolphy.

Tal ha sido el éxito que hoy como nunca se sienten sobreexpuestos “y no lo sé manejar, me cansa”, reconoce Paola.
En el pueblo de Hierbas Buenas, lugar en que se graba la teleserie, es donde más han sentido la presión, como lo reconoce Ingrid: “Hay una multitud que nos va a ver, pero estamos trabajando y ellos no lo entienden. Lo único que quieren es vernos, tocarnos, sacarse una selfie. Y cuando les contestas que estás trabajando creen que es de mala onda…”.

Paola agrega: “¿Te acuerdas Ingrid cuando tenías que volver a Santiago? La gente sacaba fotos del interior de la camioneta y te decían ‘¡ya po Ingrid, oye Ingrid no seai pesá que tengo que entrar a trabajar a las doce y media, ya po, que voy a llegar tarde po Ingrid!’”.

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—Alvaro: Yo creo que es un tema de educación. No tiene que ver con la clase social ni con el poder económico. Es respeto.
—Paola: Hay gente que te dice: ‘es el costo de la fama, ustedes se deben a su público…’ Me niego. Yo me debo a mi trabajo.
—Alvaro: Hace 15 años no existía la farándula; pero hoy todos los que trabajan en televisión, ya sea periodistas, políticos, deportistas, actores, estamos en el mismo saco. Por eso nos exigen cosas que antes no lo hacían.
—Ingrid: Aunque también tiene que ver con ego. Es muy fácil creerte el cuento. Hay que dedicarle tiempo, hacer tu pega bien, porque éste no es un trabajo estable. Y si te dedicas a escuchar los gritos de emoción de la gente y a ver las portadas, te pierdes. Además que hay límites, y en eso tiene razón Alvaro. El límite es el respeto.

Mientras ellos pagan el precio de bailar con la bonita, su anterior casa televisiva (TVN) atraviesa por un momento crítico. “Me da mucha pena; partí haciendo televisión ahí”, reconoce Paola Volpato. “Estuve veinte años y construí una familia con personas con quienes tuve un arraigo profundo, pero hoy muchos se han ido o los han echado. Y los que todavía están me cuentan que es tremendo ver esta área pelada… No puedo creer que algo que era tan sólido haya pasado a ser tan frágil… Espero que repunten y le den un nuevo aire. ¡Por favor, necesitamos que exista más competencia!”.

Alvaro, de análisis profundos, aporta una teoría: “Es el reflejo de los tiempos: ya nada es tan sólido como parece. Y TVN, este elefante blanco solidísimo que era como la casa materna donde todos nos cobijábamos y estábamos absolutamente seguros de que nunca nos iba a faltar el pan, se derrumbó como todo en estos tiempos: las utopías, las religiones, la política, las ideologías”. Y agrega: “Cuando dije en TVN que renunciaba para venirme a Mega, horrorizados me dijeron: ‘¿Pero tú estás loco? ¿Cómo te vas a ir de TVN si nosotros tenemos un piso de 12 puntos, nunca vamos a bajar de eso y te vas a un canal que tiene 4 puntos? Lo que me estás diciendo no tiene ningún asidero…’ Y mira lo que pasó: llegaron a marcar cero puntos… Ahora estamos bailando con la bonita pero no sabemos mañana; la televisión está cambiando muy rápidamente y es muy fácil creerse el cuento. Por eso es tan necesario que exista competencia, que se empiecen a generar otros contenidos, que el televidente cambie y empiece a exigir. ¿Qué le pasó a TVN? (se pregunta): está buscando una línea editorial que todavía no encuentra, más basada en teorías que en números o en el público”. Ingrid, quien alcanzó a trabajar ahí tres años, agrega: “Lo pasé muy bien. Pero claro, yo venía de un canal absolutamente privado, católico (Canal 13), y les pasó lo mismo: se fue al piso, echaron a todo el mundo y se volvieron a reinventar… Pero la gracia que tenía TVN era como “la” fábrica de teleseries, como que daba lo mismo que fallara una producción porque todo esto seguía funcionando. Lo raro es que se fue la Quena y todo se desarmó. Es ahí cuando tú dices: ‘Ah, mira, ojo…’ Y ahora ha sido bonito ser parte de Mega. Aquí me siento súper escuchada, hay una cercanía muy grata”.

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—¿Y por qué creen que ha funcionado bien Pobre Gallo?
—Alvaro: Es cercana, con personajes súper reconocibles. Y con humor.
—Paola: Tiene que ver con el leit motiv de la teleserie. La idea de que los santiaguinos estamos todos mal de la cabeza, que vivimos en un mundo absolutamente estresado, lleno de tecnologías. Entonces necesitamos un respiro y encontramos eso en la naturaleza, en un pueblo parecido a Pelotillehue, un lugar sencillo donde son muy felices, muy copuchentos, y las cosas pasan y pasan con mucho humor…

—Y también porque la gente hoy día quiere que la hagan reír.
—Alvaro: Si a esta teleserie le está yendo bien es porque el público y el género están pidiendo eso.
—Paola: Pero ojo, porque el humor tiene que ver con la verdad, con decir las cosas de frente, y nosotros andamos siempre con evasivas, con metáforas. Y nos cuesta muchísimo reírnos de cómo somos.
—Ingrid: Es que en Chile hay mucho chaqueteo; en vez de alentar a las personas, les dan por abajo.
—Alvaro: En el Festival de Viña lo mejor fue Natalia Valdebenito y Edo Caroe, precisamente porque se rieron de cómo somos los chilenos. Cuando uno se empieza a reír de uno se puede avanzar, evolucionar…

—Sin embargo, se dijo que Michelle Bachelet bajó en las encuestas a causa de estas rutinas de humor en Viña.
—Ingrid: A la Presidenta le está yendo mal desde antes, no tiene que ver con una rutina sino con una realidad social de país. Pobre mujer, o sea, ver tanto chiste sobre su hijo que de pobre no tiene nada.
—Alvaro: ¿Por qué el humor no puede ser contingente?, ¿por qué no puede ser político? Tiene que serlo, si es una forma de expresión.
—Ingrid: Además que estamos en Chile donde nuestra justicia, las leyes, hasta la política son para la risa. O sea, que la gente de cuello y corbata no obtenga el mismo castigo que aquel que vendió cd’s pirateados en la calle: a este último lo meten en una cárcel paupérrima, con condiciones insalubres.

Y al que le robó al país completo, le dan clases de ética…
—Alvaro: El humor nos vuelve a ubicar en quiénes somos. Es un buen espejo.
—Ingrid: Yo por ejemplo me inspiré en varias alcaldesas para mi personaje: Vicky Barahona por su personalidad para vestirse y su chasquilla que es importante. Raquel Argandoña por la idolatría que se creó cuando estuvo al frente de Pelarco porque para mucha gente era un orgullo tenerla y ella se sentía fabulosa por representar a este pueblo. Pero en la que más me inspiré para crear mi personaje fue de la Robotina, la mujer del hijo de Lavín, Kathy Barriga. Sus propuestas, por ejemplo, son darles un día de princesas a las niñitas de Maipú. ¡Y la adoran!
—Paola: Y la suboficial Flores es un poco como la Gertrudis. Pero igual tenía que verse mina. Pero es muy cartucha, reprimida…

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—¿Pero ha notado ese interés masculino en el personaje?
—Paola: Al principio mucho. ‘Llévame preso…’, me decían los camarógrafos… El día que salió la teleserie al aire, La Cuarta tituló: “La Volpaca aprendió a agarrar la luma” (risas).

—¿Qué le dicen los carabineros en la calle?
—Paola: El otro día nos pararon…
—Alvaro: Lo que pasa es que la Pao cometió una infracción y yo tuve que dar la cara.
—Paola: ¡Nada que ver! Lo que pasó es que íbamos desgraciadamente al velorio del marido de la Tere Reyes. Nos fuimos en caravana y lo pararon primero a él y luego a mí. El de mayor rango fue conmigo y me pidió los documentos, muy serio. Y cuando veo a Alvaro ¡muerto de la risa con el otro oficial!
—Alvaro: Doblamos en un lugar donde no se podía y me di cuenta. No es que me haya sacado un parte, he evitado un parte que no es lo mismo. Y bueno, influyó que ellos se han tomado nuestros personajes con mucho humor.
—Paola: Y a mis papás los pararon cerca de Yerbas Buenas. El carabinero le pidió los documentos y al ver el apellido Volpato, le preguntaron “¿Usted qué es de mi suboficial Flores?”. ‘Su papá’, le contestó. Y reaccionaron con muy buena onda. Y de repente te encuentras con carabineros que te piden un autógrafo y te dicen: ‘Oiga, la felicito’.

—¿Cómo definirían el humor que hay entre ustedes?
—Alvaro: Yo soy víctima del bullying que ellas me hacen.
—Ingrid: ¡Mentira! Alvaro tiene un humor muy ácido, pocas veces comprendido. Pero cuando uno llega a entender que son tallas, te ríes mucho.
—Paola: Sí, es un tipo muy agudo, muy inteligente y, por lo tanto, su humor es especial. Pero hay que conocerlo.
Y Alvaro cierra con una frase para el bronce: “El humor es un súper buen catalizador de las energías, es un salvavidas. El humor es amor”.