Es martes, mediodía. Mario Kreutzberger (72) está de vacaciones. Tenía planeado tomar un crucero con algunos de sus nietos y su mujer Temmy Muchnick (con quien cumplió 50 años casado), pero una repentina entrevista con la familia de la reciente fallecida cantante mexicana Jenni Rivera para Sábado Gigante, lo obligó a postergar sus planes hasta quien sabe cuándo, ya que contaba con sólo una semana libre.

Acaba de cumplir también medio siglo a la cabeza de Sábado Gigante, actualmente fuera de las pantallas de Canal 13  —y sin fecha de regreso aún—; noticia que despertó la curiosidad de los televidentes y que molestó al propio don Francisco, ya que se filtró antes de que la estación lo comunicara. “Teníamos un compromiso con el canal, pero al parecer alguien de allí o del departamento de ventas se anticipó a contar; no me pareció la forma en que lo expresaron”, cuenta el animador, quien adelanta que está preparando un ciclo chileno de Gigante, el que volverá a las pantallas nacionales en invierno y que será diferente al de Estados Unidos. Regresará además con una nueva temporada de Atrapa los millones y de Caras de La Moneda, donde ahondará en la historia de los candidatos presidenciales.
Hace 26 años que produce el espacio desde allá para América Latina, y hace dos décadas que se radicó en Miami. Actualmente vive en la exclusiva isla Indian Creek, en la zona de Miami Beach. Uno de los lugares más sofisticados de Estados Unidos, que cuenta con embarcaderos, una de las mejores canchas de golf y donde residen acaudalados deportistas, empresarios y artistas como Julio Iglesias, Beyoncé y Gloria Estefan, entre otros.

Instalados en el living que ofrece una maravillosa vista al jardín y embarcadero, y a poco de empezar la entrevista, aparece su mujer a saludar. De impecable pantalón y chaqueta, es ella quien pone la cuota hogareña y de calidez a esa enorme residencia donde predomina el blanco, sillones clásicos que combinan con cuadros más modernos. Temmy es quien cada tanto reúne en casa a sus tres hijos y nueve nietos, y la que hasta hoy recorta y conserva cada una de las entrevistas que aparecen de su marido, y que guarda en el salón-museo junto a un sinfín de premios que ha recibido el animador a lo largo de su carrera. “Este es el último”, dice ella mostrando el reciente reconocimiento del libro de Record Guinness a Sábado Gigante por ser el programa de más larga duración en la historia de la televisión.
—Mario, hay rumores de que tiene ganas de dejar Sábado Gigante.
—Mi último contrato lo firmé hasta el 2015; un honor a estas alturas del partido. La idea en EE.UU. es desarrollar nuevos talentos porque creen que el formato de Sábado Gigante es muy bueno, y que puede sobrevivir a las personas. Llegará el día que yo no quiera o no pueda, por lo que habrá que preparar a gente nueva. En esta etapa me interesa mucho trabajar con mi hija, darle mi experiencia, mi apoyo, ponerme a su disposición en lo que pretenda.
—En concreto, ¿qué significa exactamente ponerse a su disposición?
—Si ella me pide ideas, que le sugiera algún formato, le voy a dar mi opinión, aunque siempre ha manejado su carrera en forma independiente.
—¿La quiere como su sucesora?
—En este trabajo no hay sucesores. Pienso en ella porque es mi hija, porque trabaja en TV, pero no necesariamente para Sábado Gigante. He hecho muchos formatos, la idea es prepararla a ella y a otros, aunque me gusta la Vivi.
—¿Le duele verla fuera de la TV?, ¿cree que no la han valorado?
—Es que se ha dedicado a una cosa que hoy casi no existe en la TV: la conversación. Ya no hay programas de este tipo, están en el clóset. Estamos en un momento muy especial en el mundo donde hay mucha información, con nuevas tecnologías y formas de comunicación. Hoy la gente conversa a través de WhatsApp, Twitter, Facebook; hay muchas alternativas de interactividad que la televisión antes no tenía, pero en algún momento se tendrá que estabilizar, llegar a un equilibrio. La gente los está extrañando, tienen que volver, y los que vengan deberán ser mucho más profundos.
—¿Ve posibilidades de algún late para Vivi en Univisión?
—La situación acá es similar a la de Chile, ¡no hay programas genuinos de conversación! A ella le gusta esto, y va a encontrar su espacio.
—Usted que es un gran conversador, también ha salido damnificado con todo esto…
—Bueno, hoy solo hago entretención. Como están las cosas para hacer un espacio de conversación, éste tendría que ser muy agresivo. Los únicos que tienen buenos resultados son los violentos, de farándula; la humanidad ya no vende en la TV abierta. Yo trato de adaptarme, pero no a cualquier costo.
—¿La salida de Sábado Gigante responde en parte a esta nueva era más agresiva e ‘inhumana’ de la TV, en la que al parecer Canal 13 tras la venta al grupo Luksic— también ha caído?
—No sé si corresponde a la época de Luksic;  todos los canales tienen que aggiornarse, hacer lo que hay que hacer porque esto es un negocio. Además de dar un buen servicio al telespectador, tienen que tener financiamiento y utilidades. Me imagino que Luksic querrá hacer la mejor televisión que pueda, con el mayor éxito posible; lo mismo Canal 11, 9, TVN…
—¿Cómo es su relación con Luksic?
—No lo conozco en profundidad. Hemos tenido una relación mucho antes de que llegara al Trece por el apoyo que como uno de los dueños del Banco de Chile nos ha brindado a la Teletón. Tengo una muy buena opinión de él.

“ERA NECESARIO QUE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA VENDIERA su parte del canal; la televisión que se hacía ya no le acomodaba. La TV partió siendo universitaria, había dos canales (de la U. de Chile y Católica), después se agregó TVN y así estuvieron 20 años, entonces se reinvertía toda la utilidad en la programación. Luego hubo que hacerla sobre la base de la Misión y a la audiencia, pero cuando se privilegiaba la primera, el rating caía tanto que se perdía plata. Llegó un momento en que la UC no podía seguir financiando un canal que no le daba lo que necesitaba. La solución era el subsidio para seguir con su Misión o que se transformara en una estación enteramente comercial, y se optó por ello”.
—Muchos estiman que en este camino por alcanzar números azules, Canal 13 se fue al otro extremo. Daniel Alcaíno afirmó a CARAS que hoy hay ‘chipe libre’.
—Bueno, sí hay mucho ‘chipe libre’, en un momento éste tendrá que equilibrarse con el contenido, el rating y el financiamiento de la estación. Cuando se encuentre ese justo equilibrio, será un gran canal.
—¿Concuerda con que la mano está demasiado blanda?
—No sabría decirte, no veo Canal 13, sólo la señal internacional de TVN.
—Pero estará al tanto de lo que pasa con éste, donde el propio periodista Andrés Caniulef se quejó del trato recibido por Yerko Puchento.
—Eso sí lo supe… No voy a opinar de la política programativa de éste ni de otro canal, porque la desconozco. No soy responsable de los éxitos ni las derrotas de ninguna estación.
—¿Cuál debieran ser los límites para conseguir rating?
—Te puedo hablar de los míos, no el de los demás. Mi límite es hacer el tipo de entretención que la gente ya conoce, y que en un momento también fue criticada. Cuando alguien me ofrece hacer algo más agresivo; lo rechazo, porque estoy en condiciones de hacerlo, a diferencia de muchos. Estoy seguro de que más de alguno está haciendo una TV que no le gusta. Yo también he tenido que ceder frente a las necesidades, porque soy un profesional de esto.
—¿Conduciría un reality, por ejemplo?
—No me gustan los realities. Someten a las personas —que no son actores— a la misma trama de una telenovela, para ver cómo reaccionan frente a la soledad, el dolor, el sexo. Hay una exageración que no me agrada. La TV tiene que ser más cuidadosa en lo formativo. Yo trabajo en una muy distinta donde no se pueden decir malas palabras, hacer chistes de género, religiosos o racistas. En EE.UU. está mucho más normado.
—¿Fue entonces un error del 13 contratar a Mauricio Israel, con varios juicios por estafa?
—No lo sé; desconozco la historia y los problemas que ha tenido Mauricio Israel, así como los términos de su contrato. Más que hablar de otros, me gusta hacerlo sobre mí, y sobre la base de ello dar mis opiniones que no significa que esté en lo correcto. No me gusta que a través mío saquen cosas sobre otras personas, programas o canales, eso sería caer en la chismología. Prefiero que les pregunten a los responsables del programa.
—A la gente le importan sus opiniones.
—Pero no soy opinólogo, sino un trabajador, animador y productor de TV. También un hombre que se debe someter a los límites que ésta impone. Tampoco soy un luchador por los derechos de ésta; no quiero ponerme un apellido que no tengo.
—¿Se cambiaría de casa televisiva?
—Sí, soy un profesional, tengo que estar en el mercado. Y recibo ofertas constantemente.
—¿En qué condiciones partiría?
—Depende de las oportunidades, porque si no hay, agacho la cabeza nomás; si hay algunas, la agacho menos; y si son muy buenas, ¡la levanto!

VOLVERÁ A LAS ENTREVISTAS POLÍTICAS, con Caras de La Moneda, donde el animador intentará mostrar el lado desconocido de los candidatos presidenciales. La política le ha apasionado siempre, no por nada era la carta presidencial de consenso para las elecciones del 89’, pero él se resistió. “No es lo mío”, se excusó. Votó por primera vez a los 22 años por Arturo Alessandri, y desde entonces nunca más dio a conocer su postura. No está de acuerdo con que los comunicadores se tiñan de algún color, por eso aunque estruja a sus entrevistados, él no suelta prenda.
—¿Cómo ve el clima político en Chile?
—No tengo una sensación, y creo que nadie debiera tenerla porque falta todavía; los caballos de carrera no están ni preparados. Habrá muchos cambios, algunos candidatos van a renunciar, otros nuevos se presentarán, no sé a cuántas bandas se va a correr… Sí el electorado será distinto: más informado, con más acceso, opinión y, por tanto, con muchas más posibilidades de participar. Está más violento en su crítica, en defender sus puntos de vista.

Lea la entrevista completa en la edición del 1 de marzo.

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