Muchos se sorprendieron con el anuncio del fin de Sábado Gigante tras 54 años, menos Mario Kreutzberger (74) que hace tres, ya venía masticando la noticia, preparándose anímicamente, ya que —reconoce— “fue un golpe duro”. No sólo porque la cadena Univisión ponía fin al espacio emblema que lo posicionó como el único animador del planeta con tantos años con un programa al aire. Un tiempo en el que se tejió un sinfín de mitos en torno suyo: desde el divismo hasta cierto poder de veto. También significaba el primer paso del retiro, enfrentarse a lo que temía: abandonar o ser abandonado por la TV. 

“Claro que golpea el ego”, confiesa mientras toma café y se acomoda en el sillón de una salita de su casa en la exclusiva isla Indian Creek; una residencia enorme, de decoración clásica-moderna, cuya terraza y jardines terminan  en el embarcadero, y donde desde hace un mes y medio está de ‘viudo de primavera’, ya que su mujer Temmy Muchnick —con quien cumplió 52 años casado— andaba en Chile visitando a sus tres hijos y nietos.

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El animador se instaló en Miami hace 29 años de la mano de Sábado Gigante (SB); un paso profesional que lo llevó a la gloria, pero que le significó dejar por años a su familia, ausentarse en fechas claves, pasar once días al mes en EE.UU., otros once en Santiago y ocho arriba del avión. 

Para el 19 de septiembre está contemplado el último capítulo. “Es difícil porque en esto no estoy solo. Con el programa representamos a mucha gente que aportó con su talento y trabajo, algunos por más de 40 años”.

Se resiste a cerrar su ciclo personal con la TV. De hecho, acaba de mostrar su poder de convocatoria entrevistando a los tres presidentes chilenos del siglo XXI; Ricardo Lagos, Sebastián Piñera y Michelle Bachelet. Aun así sabe que para continuar debe adaptarse a los nuevos tiempos. Dice que es momento de replantearse la vida completa, y mira su próxima etapa como una oportunidad para asumir desafíos. Pretende volver a las entrevistas y ya tiene en carpeta un programa de viajes con su nieto cineasta Ilan Numhauser. En lo familiar darse tiempo con su mujer, familia y amigos, y quererse un poco más.

“La idea era dejar un sucesor”, cuenta Mario quien estos tres años se abocó a buscar a su reemplazante en SB. “Sin embargo, en este proceso internet produjo un cambio salvaje en las comunicaciones. La TV, diarios, revistas y radios sufrieron esta dinámica y hoy miran a la web, aunque nadie sabe aún hacia dónde apuntará. Frente a esta realidad el canal decidió no seguir con el formato; son muchas horas, con una producción muy grande. También preferí que se cerrara ese ciclo con honor, con gloria”.

—¿Cuánto le ha costado hacerse la idea de cerrar su propio ciclo con SB?

—Difícil, es lo que he hecho los últimos 54 años, todos los días de mi vida. Quien me conoce sabe que no puedo hacer otra cosa que no sean las comunicaciones, en que he dedicado 38 años a la Teletón. Además, me siento capacitado para hacer este trabajo desde lo intelectual, aunque en lo físico se nota que no tengo 30. El problema de un animador es que tiene siempre la misma edad, no va al baño, no paga cuentas; aquí hay dos personas: uno el personaje público al que cada día hay que darle más combustible, y el que lo alimenta: Mario Kreutzberger.

—¿No será al revés la cosa?

—¿Que Don Francisco le dé combustible a Mario?, no, soy yo quien le entrega a ese personaje que cada vez quiere más, como la planta carnívora de Little shop of horrors. Nunca quise que la planta se comiera a este niño que con tanta ilusión hizo de la nada este programa transformándolo en excepción mundial. No hay ninguno en el mundo que haya durado 53 años.

—¿Qué pasa con su ego cuando aún capacitado, otros deciden que SB no sigue?

—Sin ego no puedes trabajar en esto, sin embargo, cuando llevas 50 años en algo, aprendes que el éxito y la derrota están al lado, en ese sentido creo que he podido manejarlo. Claro, al principio cuando me lo informaron, quedé como aturdido, después te olvidas, pero cuando se acerca la fecha vuelves a aturdirte… Pero soy un tipo positivo, la vida hay que vivirla a concho y todas las mañanas son una oportunidad.

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—Da la sensación de que no está contento… 

—No quería tocar más esto, quedé contento con el final, orgulloso. La TV está en crisis, ya no se presta para programas de tantas horas. Está en proceso de cambio, pero no se acabará.

—¿Hasta dónde se adaptará?

—Quiero aportar lo más posible, compartir lo que he aprendido y hacer programas de entrevistas. Estoy empezando a escribir un libro que se llama Lo que aprendí donde relataré todos mis aprendizajes en lo comunicacional. Ha sido fantástico vivir tantas cosas, entrevistar a más de 50 mil personas, a cinco presidentes norteamericanos, a más de una docena de candidatos. Ahora estoy haciendo un programa en Chile y tengo un proyecto con mi nieto cineasta llamado Usted no reconoce a Chile, en honor al segmento Usted no conoce Chile de SB, en que regresaremos a los mismos lugares que visité hace 35 años.

“Hay un replanteamiento de la vida completa”, confiesa Mario mientras prepara un trago. “Tengo uno de anís negro que te va a encantar”, asegura, y continúa reflexionando sobre la etapa que se aproxima. “En primer lugar soy bígamo, me casé con la televisión y mi señora a la vez, por lo que también será una oportunidad de más tiempo para nosotros. Ya quiero hacer otras cosas: pasear un par de días, viajar, compartir con amigos, dedicarme a mí, quererme un poco más. Me costaba salir de vacaciones, me tenían que poner un schedule con las actividades del día; no podía vivir sin horario. Es el momento para extraer de mí cosas nuevas o que quizá no sabía que tenía”.

—¿Por ejemplo?

—Quiero volver a escribir, dar charlas. Hace poco di una en la Universidad de Washington para estudiantes de raíces hispanas que se titulaban de abogados, ¡y me encantó! Alguien me habló también de hacer una película con mi historia. Puede sonar cachetón, pero que un grupo de chilenos se instale en EE.UU., hagan funcionar 30 años un programa que se exporta a casi todos los países de habla hispana, que llega a 54 años de vida, ¡es una epopeya!

—¿Y los chilenos se lo reconocen?

—No saben muy bien… En Chile hay una onda en que vale más criticar, donde el título tiene que impactar. Me preparé en la vida para algo distinto; busqué cumplir con un sueño que era construir una familia, aun cuando no sé si fui tan buen marido y padre. Quería un espacio familiar, que aglutinara, que sentara frente al televisor personas con ideas comunes, y así nació la Teletón. Otros optaron por la crítica, farándula, que es lícito… Yo busqué una  función social-familiar, y la pude realizar. No quisiera terminar haciendo un programa agresivo, escupiendo a la gente.

—¿A qué no está dispuesto en TV?

—A hacer cosas que no me aporten ni que yo no contribuya. Creo que me gané ese derecho.

—¿Siente que éste es el principio del retiro?

—La palabra retiro a uno no le gusta, pero es correcto, es el ciclo natural de la vida. De aquí a fin de año crearé un proyecto que trataré de cumplir en 24 meses; será un ciclo muy importante que en lo televisivo me permite un nuevo desafío, desde la Teletón, donde deberé compartir de otra manera para que cruce generaciones. Muchos me dirán: “hasta aquí llegaste”. Uno no se retira, ¡lo retiran! Quizás ahora no seré el jinete, pero pretendo enseñar a cabalgar…  hasta que me digan que no podré subirme más al caballo. Mis metas ahora son cortas; la de hoy es darte una buena entrevista y en la noche tengo la cena de los viernes del shabat en que con amigos revisamos la Biblia. 

—¿Por qué si se ha declarado agnóstico se volvió místico y celebra el shabat?

—Nada de místico ni religioso. Cuando se acabó mi programa de conversación que hice aquí en Miami durante 15 años, decidí seguir conversando, y el shabat me pareció una instancia interesante. Aquí vienen ateos, agnósticos, católicos, cristianos, judíos, y revisamos la Biblia que para los religiosos tiene inspiración divina; y para los no creyentes, aplica hasta hoy.

—¿Sigue agnóstico?

—Sí, creo en todo, sin estar seguro de nada…

—¿Qué lo transformó en el animador latino más influyente en EE.UU.?

—En Miami me contrataron para hacer un programa familiar para la comunidad latina, tomé el desafío y me transformé en un puente entre las inquietudes de la gente y el gobierno. Empecé a trabajar para una minoría a veces discriminada, entonces me preocupé de que sintieran orgullo de ver un programa bien hecho, de entregarles ánimo, y mantener los valores como amor, maternidad. Logré que los últimos seis presidentes estadounidenses tuvieran la confianza de darme una entrevista, y he estado en los últimos ocho cambios de mando en nuestro país. En Chile empecé igual, de cero; nadie me regaló nada ni me colocó en un lugar de honor. Hoy estoy donde busqué estar.

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—¿Cómo fue manejando ese poder? Se dice que usted decidía quién entraba a la TV.

—Nunca veté ni promoví a nadie. En un tiempo asesoré con ideas a don Eleodoro Rodríguez Matte, pero jamás le dije: “contrate a este o eche a este otro”, ¡te juro! Fui poderoso en SB, pero de la TV nunca me sentí ni el más ni el menos.

—¿Por qué terminó mal con colaboradores cercanos: Mandolino, Yeruba y ahora Leonardo Núñez (el chacal de la trompeta)?

—El Chacal debería avergonzarse de sus dichos. En qué cabeza cabe que un tipo cubierto con un capuchón, que va de un país a otro, no esté agradecido de eso, ¡está loco! Con Mandolino tuve una excelente relación en un 90 por ciento, así como con muchos. He trabajado con cerca de mil personas, y tal vez diez quedaron descontentas. A lo mejor en algunos casos pude tener responsabilidad, pero no quise hacer daño. Y te digo, la mayoría de los que han utilizado de manera disidente mi nombre, lo han hecho por dinero.

—¿Lo mismo buscaban quienes lo demandaron por acoso sexual y de paternidad?

—El ciento por ciento de esas acusaciones fueron por dinero, para extorsionarme. Lo importante es que mi conciencia está tranquila.

—¿Por qué entonces llegó a un acuerdo de confidencialidad con la modelo que lo demandó por acoso? Se rumoreó que pagó.

—¡Nunca he pagado un peso!, ¡jamás! Y si alguien dijo o publicó lo contrario, es incorrecto. Puede que los abogados hayan llegado a algún acuerdo, pero no yo, porque nunca lo acepté. Y te digo, se han alcanzado otros acuerdos de confidencialidad que no han sido públicos. 

—¿Con motivo de qué?

—Las extorsiones son de todo tipo en este negocio, especialmente en EE.UU. y ahora en Chile. La legislación norteamericana mejoró, y si hoy me demandas por acoso y mientes, puedes ir a la cárcel. Cualquier cosa que perjudique tu imagen en que no te sientes culpable, te daña el doble; hay que estar preparado. Quienes no lo están son tu mujer, hijos y nietos que terminan afectados por bullying y comentarios.

—Ahora The Guardian acusó a Sábado Gigante por misógino y racista.

—Lo de racistas no lo entiendo, será porque nos dirigimos a una comunidad discriminada, ¡una tontera! Ahora, que digan que utilizamos a las mujeres puedo entenderlo. Los latinos solemos piropearlas, lo que para otras culturas, es discriminación y menosprecio.

—¿Le molestaron esas críticas?

—Cuando alguien quiere destacarse dice esas brutalidades. Como animador cumplí un rol familiar social, y en tiempos de dictadura el programa jugó un papel humano, donde pusimos toque de atención a muchas cosas. Cuando había abuso de poder de alcaldes, intendentes o profesores, ¡lo decíamos! Por eso no éramos los preferidos de las autoridades. Recuerda que nos pusieron como competencia en TVN Por que hoy es sábado (con César Antonio Santis y Cecilia Bolocco), con un presupuesto gigantesco. En medio año usaron lo que nosotros gastábamos en tres. La idea era debilitarnos porque éramos audiencia nacional.

Dice que con Pinochet no tuvo relación.“Un día me invitó a un almuerzo en La Moneda, me pilló a la salida de un evento. Era un tipo cazurro. Mi posición siempre ha sido gobiernista independiente; tengo que estar con ellos, al servicio de sus necesidades, pero no formar parte”.

—¿Se puede ser gobiernista sin estar de acuerdo con las ideas del presidente?

—Pero es que no hago cosas políticas, las que realizo son de tipo humanas, familiares y de información. Ahora, si el gobierno me pide colaborar con una emergencia lo haré, pero jamás diré vote por tal cosa.

“Admiro a los que se dedican al servicio público, pero no tengo disciplina política, pertenecer a una tendencia, a un partido. A veces estoy de acuerdo con la más rancia derecha y luego con la más rancia izquierda”.

—¿Sabía de la estrecha relación entre políticos y empresarios?

—En eso nadie ha puesto el dedo en la llaga. En Chile, las personas más o menos informadas sabían que no había otra forma de financiar la política que no fuera a través de aportes, de partidos nacionales y extranjeros, y de personas que aportaban. Ahora, la manera técnica cómo lo hacían, lo desconocía.

—¿Tiene razón la ciudadanía de estar enojada, de desconfiar de las instituciones?

—Hay una crisis, una falta de credibilidad, y la gente siempre tiene la razón. Cuando hablo de la gente, me refiero a la mayoría, a los NN; aquellos que no están en los partidos políticos. Una manera de recuperar la confianza sería a través de un acuerdo donde todos queden contentos.

—¿Cuánto podría afectar la confianza hacia la Teletón que Carlos Alberto Délano, socio de Penta, haya sido tantos años presidente del directorio de la fundación?

—No creo que afecte. Carlos Délano fue un gran presidente e hizo un gran trabajo. No conozco de sus negocios, ni tampoco participé de ellos. La Teletón estará siempre agradecida por la labor que hizo. Afecta mucho ver preso a alguien que conoces. Es un juicio que está en proceso, no puedo opinar más ni anticipar cosas, ya que aún la ley no ha dictado su veredicto.