Cuando uno creía que en el área de las intrigas político-policiales ya estaba todo más o menos dicho se aparece Ciudad Secreta, una serie australiana adictiva a más no poder, que ensambla conspiraciones políticas, intrigas internacionales y luchas de poder a distintos niveles, con asuntos familiares y personales, crímenes, misterios desde la “deep-web” y periodismo de fuste.

La serie australiana transcurre en Canberra, una urbe de no más de 350 mil habitantes, que fue construida especialmente para que fuera la capital del país, bajo el concepto de ciudad-jardín.

La cámara de Ciudad Secreta aprovecha gozosamente esta condición, con muchos exteriores donde la impresionante naturaleza, con grandes extensiones de verde, bosques, ríos y lagos artificiales, da un marco bucólico al accionar de siniestros e inescrupulosos sujetos.

Aunque tiene bastante de coral, el personaje principal es Harriet Dunkley (Anna Torv, Mindhunter, Fringe), una periodista comprometida y jugada por su profesión, reportera de un diario, The Daily Nation.

Haciendo su práctica de remo en el lago Harriet ve que la policía acaba de llevar a la orilla un cadáver. Ciertamente se acerca a averiguar. Las indagaciones de Harriet —una instintiva reportera que no suelta presa—, en torno a lo que parece un crimen policial cualquiera, la conducen hacia un largo y complejo hilo de intrigas internacionales y peligrosos juegos de poder, que la mantienen en constante (y real) peligro.

Como prólogo, previo a este hallazgo, en breves y dramáticas escenas  en China, nos han mostrado a una chica que se quema a lo bonzo en protesta por la situación de El Tíbet. Ella está relacionada con un grupo de activistas —chinos y australianos— basados en Canberra. Un asunto que estará omnipresente en toda la historia.

La redacción del periódico es solo un escenario. Porque la intriga se traslada al Parlamento y la sede de Gobierno, donde adquieren protagonismo la poderosa Catriona Bailey (Jackie Weaver, El lado bueno de las cosas ,nominada al Oscar), el Ministro de Defensa Mal Paxton (Dan Wyllie ), generales, jefes de agencias no muy transparentes, embajadores y toda una trenza de poder e intrigas que se van develando y profundizando a niveles insospechados a lo largo de los seis capítulos.

Las relaciones personales también entran en juego de una manera relevante —el ex de Harriet, el hijo adolescente de Paxton, la amante del ministro— y construyen una cercana ficción, con altas dosis de suspenso y el inquietante avance de una legislación de asombrosas derivas.

El diablo existe y su mejor carta es hacernos creer que no existe. “Hay una diferencia entre verdad y credibilidad”, nos dirá su encarnación en Ciudad Secreta. Pero eso, cuando ya ha hecho lo suyo.

Sumérjanse en esta intriga: cada episodio depara (variadas) sorpresas y tensiones.

Advertencia: es altamente adictiva.

Consejo: pizarrón para anotar los personajes; además de los protagonistas, son muchos y muy relevantes.

En Netflix.
Australia, 2016.
6 episodios de aproximadamente 50 minutos cada uno.

DATOS:
— Inicialmente fue pensada como una miniserie, pero fue tal su éxito que a principios de 2018 se comenzó a grabar una segunda temporada Secret City: Under The Eagle.
— Está basada en dos novelas: “The Marmalade Files”, de Chris Uhlmann y “The Mandarin Code”, de Steve Lewis.

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