Abrigada hasta la médula y aún con cara de sueño, Celine Reymond (33) se entremezcla en la multitud como si se tratara de una universitaria más. “Anoche me quedé viendo Mad Men ¡Pasadas las doce de la noche!”, explica tal y como lo haría una niña confesando sus maldades. Vestida en capas y de colores, la actriz que protagoniza Te doy la vida —la nueva teleserie de la tarde de Mega— está lejos de parecerse a su personaje, Isidora Valdés. Una sofisticada mujer del barrio alto que descubre que el hijo que acaba de adoptar junto a su pareja (Alvaro Espinoza), tiene leucemia. Desde allí, comienza una batalla que la llevará a conocer al verdadero padre del niño (Cristián Riquelme), un mecánico de quien se enamora. “En el fondo con Isidora somos iguales. Ella siempre sale adelante y yo también. Me puedo caer de un edificio y me vuelvo a levantar. Soy como un mono porfiado, pero a la vez frágil”, explica.

Espontánea, versátil y con sangre paisana en sus venas —su abuelo era palestino de primera generación—, Reymond suele ser definida como extraña, pero ella hace oídos sordos y sólo se centra en sus proyectos. Pese a todo, sus inicios no fueron fáciles. Cuando aún no cumplía 20, una nómade Celine partía a Francia a estudiar en el Conservatorio de París, pero sus planes no resultaron. Terminó trabajando como secretaria en una academia de baile, se casó con un francés, quedó embarazada y a los dos años volvió a Chile, en donde al fin las cosas mejoraron. Participó en series como Alguien te mira (2007), El señor de la querencia (2008) y Primera Dama (2010), consolidando su carrera en la pantalla chica. Hoy, su hija Alma tiene 12 años y Celine rearmó su vida junto al actor Diego Noguera.

celine2

—¿Te cuesta complementar el trabajo con la maternidad?  

—Hay que organizarse bien. Mi hija es lo máximo, es un ser luminoso. Si bien llegó a mi vida cuando yo era muy joven y no tenía un plan trazado, aun así me tomo el tiempo para acompañarla. A veces hacemos las tareas juntas hasta la hora que sea y después estudio para la teleserie ¡muerta de sueño! Con Diego todo es armonioso. Llevamos cuatro años y él es como su papá.

—En la teleserie se hace referencia a la donación de órganos y la adopción, ¿cuál es tu postura al respecto?

—Pienso que son dos valores que definen a una sociedad sólida. Yo soy donante y sé lo difícil que es este tema en Chile. La adopción, en tanto, es un acto hermoso, es la forma más visible de garantizar el derecho constitucional de un ser humano que sin eso sería invisible a los ojos de muchos.

celine3
Auténtica y directa, Reymond ni siquiera titubea a la hora de explicar sus convicciones. Más allá de la actuación, Celine es una enamorada de la música. Kali Mutsa es su álter ego, una gitana del valle de Pachacutec que, según los aimaras, es el mundo al revés. A través de su piel, la artista crea melodías que interpreta con un estilo que coquetea con la electrónica, el folclor, la cumbia y los ritmos nortinos. “Entre julio y agosto lanzaré mi nuevo disco. Es un EP que se llama Mesmer, inspirado en el padre del hipnotismo. Es algo que me tiene muy motivada”.

—¿Cómo es tu relación con la música?

—En las teleseries yo estoy al servicio de las ideas de otros, en cambio Kali Mutsa es algo mío, representa lo que yo quiero transmitir y eso me encanta, me llena mucho más.

—¿Por qué una gitana?

—Me encantan las culturas exóticas. La historia, el Medio Oriente y la arqueología. Supongo que es algo de familia. Mi tío —Carlos Aldunate— es el director del Museo Precolombino, así que es pura herencia.

—¿Cuáles son tus próximos proyectos?

—A fines de julio voy a entrar a estudiar producción musical. Después quiero aprender a escribir guiones y tomar clases de acuarela botánica. También quiero viajar con Alma y Diego. Tuve a mi hija cuando aún era una niña, así que ahora quiero recorrer el mundo, transformarme en gitana y ¡hacer cosas de joven!