“El hombre que me gusta es el tipo serio, pero me juega en contra ser una figura pública. ¡Me tienen susto, qué lástima! Deben pensar que vivo en fiestas y lugares vistosos. Es que mi imagen pesa mucho…”, confesó Cecilia en 2010 para la portada de CARAS desde Nueva York. Cuatro años después, resignada señaló desde Tahíti: “Hasta hace un tiempo estuve con la ilusión de encontrar a ese compañero… pero ya no. Si llega bien, si no también”. Entonces fumaba sin parar y a pesar del entorno idílico y las playas cristalinas, una profunda desazón se apoderaba de nuestra única Miss Universo. Hasta que el 2015, a días de cumplir los 50 años, su enfoque cambió: “Cada día me siento más agradecida. Tengo un hijo maravilloso, una familia que me entrega un enorme cariño, me rodea gente preciosa. Si conozco a la persona adecuada, feliz, pero estoy plena y lo seguiré estando con o sin pareja”.

Después de tantas entrevistas, de innumerables portadas, de reconocer sus triunfos y fracasos, al fin se produjo lo inesperado. Cecilia Bolocco está enamorada. Cuando menos lo imaginaba apareció el empresario José Patricio Daire, el hombre de su vida. “Todo esto que estoy viviendo no me lo habría imaginado ni siquiera en mis sueños más locos, no se me habría ocurrido jamás, jamás, jamás. Este amor es un milagro”, repite emocionada aún sin poder convencerse del tremendo vuelco que ha experimentado su vida.

Sonríe, le brillan los ojos y al rato, como en un arranque de pudor, sube las barreras y pide cambiar de tema… “Siento que tengo que cuidar esto tan precioso”. Pero por más que lo intente, es tanta su felicidad que no puede evitarlo. “Imagínate, antes éramos los dos solitos con Máximo. Nos íbamos a nuestra casa de Cachagua, hacíamos viajes juntos, siempre los dos. Pero este fin de semana, sin ir más lejos, partimos al campo con Pepo y entre la familia de él y nosotros ni te digo el choclón. A mí que siempre me han gustado las familias grandes. Y ver a mi cachorro tan feliz es algo que no deja de emocionarme”.

—Recuerdo cuando la entrevisté hace algunos años y muy desilusionada me dijo: “Los hombres más jóvenes salen conmigo para decirles a los amigos que están con la Bolocco. Y los que tienen sobre cincuenta años, lo único que quieren es que nadie sepa… porque se mueren de susto”.

—Imagínate el cacho… Pero él me dice: ‘tú eres la más normal que he conocido en mi vida, la más maravillosa, la más normal de las normales’.

—¿Eso le dice?

—¡Claro! Porque en el fondo lo soy. Pero lo que me rodea es una cosa tan potente, tan difícil de cruzar… Y él lo logró así, ¡pum! Y al hacerlo dijo: ‘¡Qué me importa todo lo demás!’.

Sentada en la azotea del recién estrenado hotel Luciano K, conocido por su fachada custodiada por gárgolas —obra del célebre arquitecto Luciano Kulczewski—, Cecilia empezó el año con el pie derecho. En el Festival de Viña se robó los titulares de la prensa de la mano de su nuevo amor, condujo un capítulo de La Movida y volvió a la televisión en marzo como animadora —junto a Sergio Lagos— del estelar Bailando, dedicado precisamente a lo que más le gusta: la danza. Ahí, vestida con transparencias y trajes de infarto —la mayoría del diseñador Juan Failer—, presenta las coreografías donde compiten famosos y son evaluadas por el jurado liderado por el exigente bailarín Neilas Katinas. Cecilia estará en pantalla hasta fines de marzo, en abril viajará a Europa a ver las tendencias y trabajar en el diseño de su colección primavera-verano para Falabella. Eso mientras sigue —por tercer año— como rostro de la multinacional Procter&Gamble y prepara con el sello Penguin Random House la edición de su primer libro, aún sin fecha definida.

bolocco450-1

Fue el 19 de diciembre cuando se produjo el flechazo, para el cumpleaños del empresario y amigo de ambos, Daniel Yarur. Esa noche Cecilia llegó con su hijo Máximo al Club de Golf Sport Francés. En una de las mesas la esperaban Diana, Verónica y junto a ellas se encontraba también José Patricio Daire, un viejo conocido de la familia y por años ligado al clan; el primer marido de Diana, Gonzalo Cisternas —padrino de Máximo—, es primo de la primera señora de Daire; al igual que Macarena Cisternas, mujer de Juan Pablo Bolocco. Pero si bien Cecilia y José Patricio se habían visto en múltiples oportunidades, esa noche se miraron por primera vez y la química fue inmediata. “No parábamos de conversar. Nos convertimos en inseparables”, reconoce Cecilia frente a una copa de champagne con sus dos cubos de hielo reglamentarios, mientras atardece en Santiago y el cielo se va tiñendo de rojo.

Luego del cumpleaños, Cecilia partió por unos días a Estados Unidos. “Empezamos a hablar por teléfono, nos daban las cinco de la mañana y seguíamos conversando, mirábamos la hora ¡y no lo podíamos creer!”.

Y deteniéndose en sus palabras, reconoce:

—Este amor ha surgido con tanta naturalidad. Ninguno se esforzó para que esto pasara. Simplemente se dio. Estoy muy feliz. Y con Máximo se adoran. El siempre ha sido un niño muy cariñoso, que ha recibido mucho amor pero también ha sufrido y eso lo ha vuelto una persona muy conectada con los demás. La relación que tienen es mágica.

—¿Son partners, amigos?

—No sé cómo describirlo, sólo te puedo decir que me fascina verlos juntos; se tienen un enorme cariño, una afinidad de compañeros. Hasta les gustan las mismas cosas. Se entretienen, se quieren.

No pretende decirlo tan anticipadamente, pero a sus 12 años, Máximo encontró al referente masculino que Cecilia esperaba para su hijo. Los dos deportistas y amantes de los caballos, José Patricio introdujo al adolescente en una de sus mayores pasiones, el polo. Pueden pasar horas juntos, los dos admiran el trabajo de Cecilia, son sus principales fans y la acompañan a todas. Así se les vio por ejemplo para el Festival de Viña y en el primer capítulo de la diva en el estelar Bailando.

—¿Eso es lo que quería para Máximo, formar una familia?

—Si había algo que no le pude dar era eso… Pero ya había dejado de pensar y me enfoqué en la maravillosa relación que tengo con mi hijo. Eso compensaba mi añoranza. Entonces esto es un regalo del cielo muy grande.

“En José Patricio encontré a mi compañero de vida. Yo no sabía lo que era tener a un partner. Nunca lo había vivido… Estuve muchas veces en pareja pero nunca tuve a una persona que te acompañara de verdad, que vibre en la misma frecuencia, que vea las cosas igual que yo, que se entusiasme y comparta desde la misma emoción. Uno puede tener un hombre que te diga sí, ya, te acompaño… Te puede apoyar, pero es muy distinto que vibren contigo. Esa sensación no la había sentido nunca, nunca, nunca. Me ha dado una paz, una templanza, una tranquilidad. Por primera vez siento que puedo descansar en alguien, que no estoy sola”.

bolocco450-3

Agrega:

“¿Quién iba a tener la sabiduría, la capacidad, la paciencia para ingresar a este circuito tan bien montado que era mi vida? Con lo aterrador que puede significar la exposición de estar con Cecilia Bolocco. ¿Quién iba a querer esa lata? Cuando salgo a comer con mis amigas siempre tengo que sacarme fotos y firmar montones de autógrafos. Para un hombre es complejo, pero Pepo no sólo lo entiende sino que feliz me dice: ¡Yo te saco la foto! No te imaginas la paz que me trajo”.

Su celular suena. Es José Patricio para contarle que su hijo está bien. Durante la sesión de fotos llamaron del colegio para avisar que Máximo se sentía enfermo y fue él quien partió y lo llevó a la clínica. Nada de qué alarmarse. Pero Cecilia, por años habituada a arreglárselas sola, estos gestos la conmueven profundamente. “Este amor ha sido un milagro. La verdad que no me canso de dar las gracias”.

—Además que él ha sido la primera pareja que da la cara. La acompañó al Festival de Viña y no se escondió de la prensa.

—Antes fue conmigo a Pucón al Women Fashion Style. Veníamos llegando de Miami con Máximo y me dijo: te acompaño y yo me quedo con él mientras tú haces tus cosas. ¡Lo pasamos bomba! Primera vez que la gente me veía en pareja después de tanto tiempo. Pero todo fue tan natural que la sensación era como si siempre hubiésemos estado juntos.

—Tan natural que apenas sufrió el acoso de los medios. No existe morbo.

—El mismo hecho de que él esté tan acoplado a mi vida, que me acompañe al trabajo y esté sentado en primera fila, lo dice todo. ¿Para qué más? ¿Por qué nos van a perseguir si no hay nada que esconder? Aquí todo lo que hay que saber, se ve, es cosa de que nos miren.

Como si las coincidencias no terminaran, José Patricio Daire proviene del mismo mundo en el que Cecilia se ha desenvuelto por años. Su padre fue el fundador de Chilefilms, todo un referente del mundo televisivo. En sus estudios se han realizado incontables teleseries, programas de concursos y comerciales. Y durante décadas los Daire fueron los dueños de los principales cines del país, negocio que después continuaron con Cinemark y Hoyts. “Pepo conoce las audiencias mejor que nadie porque compraba todas las películas que llegaban a Chile. Cuando me acompañó por primera vez a un programa de televisión, en La Movida, habló con el director y le dijo que no se escuchaba bien, que sería bueno que las cámaras… no sé qué. El mundo de la entretención, del espectáculo, de los grandes shows ha sido su vida. Entonces es increíble”.

—Y si se conocían de hace años, ¿cómo antes no se fijó en él?

—Yo vivía en Estados Unidos y estaba separándome del gringo. Él estaba casado. Lo increíble es que además tenemos muchos amigos en común. Nos movíamos más o menos en los mismos circuitos. El otro día estuvimos en el cumpleaños de un yerno de Pepo y estaba Gonzalo Cisternas, el primer marido de Diana, que me dijo: ‘Cómo nunca se me ocurrió presentarlos, ¡si ustedes son tal para cual!’. Y es verdad, los dos somos querendones, nos gusta pasar harto tiempo con la familia y los amigos, nos encantan las largas conversaciones junto a un buen vino. ¿Creerías que vivimos al lado, en dos casas muy parecidas en el mismo cerro de Lo Curro? Pero nunca me lo encontré; él siempre bajaba por Luis Pasteur y yo tomaba la Costanera Norte. Entonces claro, íbamos por caminos distintos. ¡Nuestros ángeles tienen que haber estado desesperados!

bolocco450-4

Sin esperar preguntas, continúa:

—Es la sincronía, las cosas llegan cuando estás preparada. Y aunque sé que son frases muy hechas, en el fondo es cierto: es la magia del universo; cuando estás pleno, cuando eres feliz, el universo te manda de vuelta todo aquello que has venido entregando para completarte más aún. La vida es demasiado perfecta. Y yo de verdad estaba tan feliz, tan contenta, tan agradecida que no esperaba nada, simplemente continuaba rigiéndome por mi ley universal: yo ya no me detengo en lo que me falta, sino que agradezco lo que tengo.

—Antes lo había pasado mal.

—Es verdad, ¿pero quién no ha pasado por eso? Hubo un período de mi vida donde no quería saber nada. Comprenderás que después de tantas desilusiones, del dolor, uno dice ‘ok, tuve un hijo maravilloso, ya lo intenté dos veces y me equivoqué, bueno, ya está…’. Tenía mi vida armada y ya llevaba mucho tiempo sola, siempre fui muy independiente y nunca nadie supo entrar en mis espacios. En las anteriores relaciones siempre hubo una dosis de incertidumbre, de drama, de tensión… Aunque decía: tal vez ese es el ingrediente que tiene que haber en una pareja para que se mantenga viva. Pero nunca fui buena para las estrategias, para ese jueguito tenso, ¡no sirvo! Y encontrarse con alguien que es igual, donde no hay ni una planificación sino que todo fluye… Para qué andar haciéndonos los interesantes, ¡al contrario! Aquí no hay tiempo que perder.

—Ahora que todo funciona armónicamente en su vida, ¿cómo se proyecta?

—Nuestra relación se está dando de manera muy natural. Estamos llenos de cosas entretenidas por hacer, pero no hay un plan estratégico. Por supuesto que me gustaría que lo nuestro fuera lo menos público posible para cuidarlo y protegerlo. Aunque después pienso: ¿cuántas mujeres se han sentido identificadas con esta lucha mía, esta sensación de levantarse todos los días, salir adelante, criar a sus hijos solas, sin un compañero? Hay muchas que viven esa realidad y que a veces estarán agobiadas, sufren. A ellas les digo que, en la medida en que uno agradece la vida tal como es, ella se empieza a manifestar de manera mucho más gloriosa. Ahí se produce el milagro.

—¿Le gustaría casarse?

—Es que esto es tan lindo, tan precioso como está que no necesito proyectarme. Además que llevamos muy poco tiempo aunque de repente parece que fuera de toda la vida… Quién sabe. Por ahora estoy muy feliz así. Si tiene que ser, que sea. En la medida que estemos felices se construirá todo.