“¡Por supuesto que tuve la espada!”, asegura Catalina Edwards en un arrebato de nostalgia, “y también imité frente al espejo el peinado ‘con teléfonos’ de la princesa Leia”, dice esta periodista, para quien su relación con la histórica saga de George Lucas es uno de los recuerdos más queridos: su papá era fanático y hasta que ella cumplió 12 años, no se perdían estreno. A su lado, el periodista José Antonio Neme suspira: “Yo hablé al revés, como Yoda”, admite sobre el famoso personaje de La Guerra de las Galaxias.

La historia es demasiado poderosa, y la expectación por la séptima entrega de la serie iniciada en 1977 recorre el mundo, con el regreso a las pantallas de tres de sus más emblemáticas figuras: Carrie Fisher (Leia), Harrison Ford (Han Solo) y Mark Hamill (Luke Skywalker).
Y aquí están los dos conductores de noticias más jóvenes de la pantalla, una nueva generación de periodistas que se divierte frente a la propuesta de CARAS. Al momento de las fotos, José Antonio juega con los muñecos en su look de inspiración Jedi, y Catalina, con sólo verla vestida de blanco, recuerda a la valiente princesa. Claro que si Han Solo y Leia se conocen de toda la vida, la historia de Cata y José es harto más breve: están juntos hace algo más de un año, cuando debutaron en la conducción de Ahora Noticias versión matinal y tarde. Hoy destacan como una de las parejas más cercanas de los informativos, lo que se ha potenciado a través de su presencia en el matinal Mucho Gusto.

“Siempre he admirado a las personas que son capaces de construir micromundos, como lo hace George Lucas, o J.K. Rowling con Harry Potter. Mentes capaces de crear un mundo con todos los detalles que eso significa, con códigos cerrados, con sus propias estructuras y hasta lenguajes. Lo encuentro de una inteligencia tremenda”, dice de entrada José Antonio Neme.

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—¿Y ustedes, de dónde sacan la fuerza?

—Cata: Está en mi cabeza. Soy más racional, calculo mis tiempos, los momentos en los que hablo y en los que no. Planifico mis entrenamientos, lo que me da mucha fuerza física, pero todo parte acá (dice tocándose la frente). Necesito descansar una determinada cantidad de horas, hacer deporte una vez al día, aunque sea treinta minutos. Y eso lo tengo que planificar, me organizo. Soy muy estructurada. Mi fuerza viene de la mente.
“En cambio yo no —dice ahora José Antonio con cara de culpable—. Siempre creo que estoy al borde de perder la fuerza. En mi vida emocional, personal y profesional todo el tiempo estoy pensando que me voy a desgastar a mitad de camino. Es una sensación constante. Pero con sacrificio, deshidratado o como sea, siempre termino la carrera. Por eso para mí lograr un objetivo tiene siempre una cuota de misterio”.
Pero Cata no está de acuerdo: “No poh, si planificas tu carrera no tienes por qué perder la fuerza”.
“Es que tú eres muy matea, no te permites tirar la toalla y decir hasta aquí nomás llego. Para ti no existe esa opción”, le responde José Antonio, quien ya conoce bastante bien a su compañera. Y ella lo confirma: “Nada, cero posibilidad”. Porque detrás de la figura “matea” de Catalina hay una historia personal que ahora desclasifica inspirada en aquella célebre frase “yo soy tu padre”.
“Mis papás se separaron cuando yo tenía 12 años. A mi padre no lo veo mucho; él ahora tiene otra familia. Nos acercamos cuando nació mi hijo, que es su segundo nieto, pero no tenemos una cercanía diaria, constante, para nada”.
Para Catalina fue una época en que forjó su valor más importante: la responsabilidad. “Mi mamá, que era dueña de casa, tuvo que sacarnos adelante y trabajaba hasta muy tarde haciendo costuras. Su primera ayuda fue comprar un microondas, porque no había. Tampoco teníamos nana. Ella no podía preocuparse de esas tareas; no andaba encima de nosotros para que estudiáramos o pendiente de a qué hora volvíamos”.

Catalina era la mayor y la única mujer de cuatro hermanos, por lo que se transformó en una “segunda mamá”.
“Tuve que aperrar. Pero eso para mí fue muy enriquecedor. Templó mi fuerza. Nunca llegué tarde a mi casa, fui súper responsable, y mis hermanos también”.

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—Estudió en el Villa María, un colegio de buena posición social. Cómo sobrellevó esta historia entre sus compañeras?
—Todas sabían que yo era de una familia de harto esfuerzo. A mis hermanos los tuvieron que sacar del Cordillera, que era donde estudiaban, y se fueron a colegios municipales… Yo tuve la suerte de poder terminar en el Villa María, del que estoy muy agradecida; conservo grandes amigas y una formación súper progresista más allá de lo que muchas personas creen.

—¿Cómo es hoy la relación con sus hermanos?

—Se ríen de mí: “Tú que llegabas y nos mandabas que hiciéramos las tareas”. Era más bruja. Les transmití esa autoridad.
José Antonio también debió armar su fuerza tras una infancia solitaria, de muy poca contención. “He lidiado con el abandono… Conocí de muy niño algunos de los aspectos más feos de las relaciones humanas. Ahí la mente infantil saca fotografías y repite ese patrón cuando eres adulto. Por eso uno tiene que terapearse y yo me sicoanalizo hace mucho tiempo. Desde los dieciocho, diecinueve años, y tengo treinta y cuatro. Saca la cuenta”.

—Su tema es el abandono…
—La soledad, el abandono. De niño fui un poco retraído y saqué la personalidad después.

—¿No se sentía apoyado por sus padres?

—He indagado y quizás hubo falta de contención en algún momento. Mi papá (el periodista Antonio Neme) trabajaba muchísimo y resentí su ausencia. Mi mamá era joven… Entonces asumí la soledad, la falta de contención que había en mi entorno y crecí un poco aislado desde muy chiquitito. Y eso, uno se da cuenta después, trae una serie de consecuencias y vives permanentemente con una desconfianza hacia las relaciones personales.

—Se lo tengo que preguntar, pero ¿cuánto influyó en este abandono el reconocer ante sus padres que usted no era heterosexual?
—No fue tema. Las situaciones de angustia, de dolor, de tristeza no tienen que ver necesariamente con la sexualidad. Podría haberme quedado ahí y haber hecho un análisis sexualizado de mi situación, pero intenté ir más a fondo.

—¿Cómo se tomaron sus papás la revelación de su homosexualidad?

—Bien. En la adolescencia uno busca generar el mejor escenario, porque evidentemente no es fácil ser homosexual en Chile. Es una situación donde hay mucho dolor y también agresión. Se trata de una condición que despierta cuando eres niño y estás muy vulnerable, hay mucho temor, y para una mente infantil que no puede codificar lo que está pasando, es difícil… La sociedad chilena es poco contenedora en este tipo de casos. Ahora tengo una mirada más positiva, hemos hecho avances importantes, sustanciosos, pero todavía queda mucho para redefinir la familia, con libertad para decidir el plan de vida que cada cual quiera tener.

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—Cata: El Acuerdo de Unión Civil fue un paso súper importante.
—José: Pero no me parece suficiente teniendo aquí al lado el ejemplo de Argentina donde sí están instituidas las familias homoparentales. Hay que destruir el argumento de que el matrimonio homosexual daña a la familia, ¡es de una ignorancia gigantesca!
Y agrega:
“Hay un discurso en la centroderecha súper instalado que también se puede encontrar en sectores de la Democracia Cristiana. De una vez por todas debemos darnos cuenta de que estamos en un estado laico y que la religión es un tema privado, que las decisiones tienen que pasar por la redefinición de los vínculos y de la emoción humana. Y nadie me puede decir que el amor que yo sienta por una pareja es menos o más importante que el de la Cata por su marido”.

Y continúa:
“Este país ha defendido una serie de libertades económicas desde la dictadura en adelante, pero hay otras libertades básicas que aún no hemos reconocido; o sea, hoy en Chile tengo libertad para escoger un detergente o un cereal en el supermercado pero decir ‘ok, con él quiero formar familia… no existe. Chile seguirá quedándose atrás en los grandes debates mundiales mientras no se asuma que existen libertades que deben ser reconocidas para permitir la evolución social”.
—Cata: Pero desde otra mirada, hoy tenemos la posibilidad de cultivar marihuana medicinal, el único país de América Latina junto con Uruguay. Y aunque estoy en contra del aborto, estamos avanzando. Pero con una Iglesia Católica súper presente en los distintos ámbitos, ha sido difícil.
—José: Chile es un país monopolizado por la elite, han capturado la discusión nacional en todos los temas. Desde la dictadura en adelante, pasando por todos los gobiernos de la Concertación, los grandes temas país se han conversado entre cuatro personas.

—Pero usted hoy también es parte de una elite, una distinta, pero no menos influyente. ¿Ha tenido que pagar un costo por defender estos principios en un lugar donde la imagen es muy importante?

—He sido bien afortunado, y los costos han sido muy acotados. Los he administrado con mucha frialdad, pragmatismo. A lo mejor otros no han tenido la misma suerte.

—¿Asocian la elite al lado oscuro de la fuerza?

—José: Sí, absolutamente.
—Cata: ¿Por qué tan oscuro?
—José: Ahí tenemos una discusión permanente. En eso somos distintos.
—Cata: Es que, para mí, la elite no es definitivamente oscura, tampoco perversa. Hay casos, obviamente. Pero sacar esas ideas de la Iglesia Católica…

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—¿No sienten como un lado oscuro de la fuerza a figuras como Karadima, Francisco Javier Errázuriz, Ezzati y sus correos electrónicos?

—Cata: Son casos terribles, atroces, como lo ve todo el mundo nomás. Pero satanizar a un sector completo por un par de casos, tampoco me parece.

—¿No ven a Darth Vader escondido por ahí?

—José: ¿Sabes qué? Donde hay poder, hay un Darth Vader. La administración del poder tiene oscuras intenciones, nadie me saca eso de la cabeza.

“Siempre hay un contraataque, un contraataque al discurso, y ahí estamos, en un episodio de la Guerra de las Galaxias versión Chile. Que la fuerza nos acompañe”, dice José Antonio Neme sobre el rol que les ha tocado jugar en Mega, el canal de la clase media. “Hoy nuestra misión es escuchar a la gente y estar en sintonía, eso es lo primero”, dice Cata sobre una estrategia que le ha permitido a la estación del grupo Bethia estar en primer lugar de la sintonía. Y José agrega: “Mega está en la industria asumiendo como el rol de un imperio que contraataca. Con todas las fuerzas y todos los jedi, con todo lo bueno que viene por delante. Este es un sector que está abandonado desde todo punto de vista, incluso desde la focalización de políticas públicas. Es gente que nos dice ‘no nos llegan los beneficios porque piensan que somos acomodados, de clase media’.

—Cata: Además de esto, lo que pasa con los celulares es increíble, es impresionante. Hoy día la gente que nunca tuvo ni voz ni voto en nada, graba un video, lo manda al canal y nosotros lo podemos emitir.
—José: Emite un juicio en Twitter y puedes leerlo. Y ahí te das cuenta un poco hacia dónde va el debate, qué es lo que está tocando la fibra de ciertas personas. Ahí está la fórmula del éxito de Mega y de la crisis por la que atraviesa la industria. Quizás algunos dejaron de leer correctamente, se quedaron pegados en los paradigmas de los años noventa, y bueno, ahí están los resultados.


—Ustedes participan en el matinal como uno más del panel. Generalmente los conductores de noticias son bastante cuidadosos de la imagen. Ustedes, en cambio, se la juegan, se exponen. De hecho, aceptaron felices entrar en el juego Star Wars…

—Cata: Es que lo pasamos bien, yo voy al matinal… bueno, cumplimos un rol informativo…

—¿No es tema para ustedes desperfilarse?
—José: ¿Qué asocia uno con credibilidad? Hoy una corbata no es sinónimo de nada. De hecho, todos los empresarios coludidos usaban corbata y le mintieron a todo un país. Entonces me preguntan “¿por qué usas jeans en algunos noticieros?”; bueno, los noticieros centrales tienen unos códigos más estrictos y está muy bien, pero dentro del margen que queda, en la mañana, al mediodía, en el matinal, uno puede tener ciertos juegos y puede conectarse también con quien uno es. Nadie puede mentirle a la tele.