Alta, flaca, la figura inconfundible de Carolina de Moras llama la atención en el restorán de Vitacura donde nos juntamos para esta entrevista. Llega puntual, un tanto acelerada; recién tiene tiempo para almorzar después de una jornada que para ella comienza cada día antes de las seis de la mañana y que continúa atravesando Santiago rumbo a los estudios de Chilevisión en Machasa para animar La Mañana
de CHV.

Al momento de esta entrevista el programa sumaba casi un mes liderando en el rating —sólo un día empataron con TVN— con un promedio de 6 puntos. Logro al que se suma un mérito no menor: Rafael Araneda, el coanimador —y también su compañero en el Festival de Viña del Mar—, estaba de vacaciones cuando el tablero televisivo se dio vuelta y el canal del grupo Turner se encumbró como líder de la mañana. “Sí, podría estar con un reemplazante (de Araneda), pero he estado sola y ganamos por harto. Es es el resultado de un trabajo en equipo”.

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—También se cree que el ‘factor Salosny’ generó un reordenamiento del tablero tras ser relevada del matinal de Mega.

—Puede ser, aunque no tengo tanta claridad o seguridad de que el espectador siga a ciertos animadores; lo que de verdad le importa es el contenido, la empatía, la conexión, la verdad en el lenguaje. Carmen Gloria Lobo, nuestra productora ejecutiva, se integró hace un año con la idea de mostrar un lado más cercano, acogedor, con un punto de vista más femenino y no tan paternalista; antes era un panel de puros hombres y yo; me tiraban las típicas tallas simpáticas, pero de colegio de hombres. Ella vino a darle una estructura más abierta, cercana, sin cátedras, con una inteligencia más femenina.

La expresión de Carolina se ensombrece y pasa a la incredulidad cuando casi al terminar la entrevista se entera —vía un mensaje en su Whatsapp— del despido por parte del canal de cuatro compañeros de su equipo, entre ellos el director general del programa, Guillermo Cruces. “Es súper ingrato y duro ver que un equipo se desarma, cuando echan a un director tan importante… Son decisiones que no las entiendo, no las comprendo y no las comparto, pero corresponde a un período de ajuste, donde estamos viviendo un momento complicado para los medios de comunicación”.

En total, serían cerca de 30 los trabajadores exhonerados, la mayoría pertenecientes al equipo del Festival de Viña —entre ellos el director de la transmisión Alex Hernández—, luego de que este 2018 terminara el contrato que lo unía a la municipalidad. La entidad llamó a una nueva licitación y ganó la propuesta de Canal 13, TVN, FOX y el consorcio radial Iberoamericana (ADN y Corazón, entre otras), que en conjunto ofertaron 395 millones de dólares versus el 1.5 de CHV.

Cinco años en que Carolina estuvo al frente del mayor certamen musical del país, y aunque en un principio algunos no apostaban por ella, finalmente deslumbró con su trabajo en un escenario considerado difícil por la alta exposición y el frenético ritmo de trabajo. Logró conquistar al monstruo enfundada en vestidos de autores nacionales y que ella decidió mostrar casi como una declaración de principios: “Lo chileno es bueno y es bello”.

“Soy súper nacionalista”, afirma la diseñadora de interiores, nacida y criada en Osorno, amante de los paisajes del sur y el norte de Chile, fan de los productos de factura artesanal, materiales nobles y tradición milenaria. “Ese es para mí el auténtico lujo, mucho más que un vestido de Cavalli, Valentino o Dior que son hechos en serie. Me gusta sentir la calidez de una manta de alpaca o unas zapatillas de lana chilota, el diseño increíble de una lámpara de mimbre o una linda alfombra hecha a mano; llevar con orgullo piezas nacionales en cada festival de Viña del Mar es para mí un verdadero lujo”.

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Una mujer con opinión, de ideas firmes, que no se achica ni teme expresarse sobre temas complejos.

Del conflicto en la Araucanía, por ejemplo, considera que el problema “se ha politizado y existen grupos radicalizados que no representan el verdadero sentir de un pueblo, de una comunidad que pide respeto por sus derechos ancestrales (…) Lamentablemente hoy en Chile se gobierna para la popularidad, no por el bien común. Así resulta mucho más fácil aletargar la situación para que sea un próximo gobierno el que se encargue y así el conflicto sigue…”.

Respecto a los alegatos en La Haya, tema que se tomó las pautas de los matinales, dice: “No creo que en Chile haya aflorado una especie de patriotismo. En el pueblo boliviano hay una unidad en el discurso; todos traen la misma información que les dieron desde el colegio; hay una épica, la construcción de una historia. Evo Morales cambió la Constitución porque vio la oportunidad de proyectarse y eternizarse en el poder; encontró una bandera de lucha y la aplicó. En Chile, en cambio, con suerte logramos acordarnos del par de pinceladas que nos dieron en el colegio sobre la Guerra del Pacífico. Si no fuera por Jorge Baradit y tantos otros que escriben de Chile de forma amigable, nadie leería sobre nuestra historia. Así que no sé si estamos tan unidos los chilenos, al menos no desde el discurso”.

No duda en criticar a Evo Morales: “El podrá revictimizar a su población diciendo que su país no progresa por culpa nuestra, lo cual es falso porque Bolivia ha venido creciendo económicamente y tienen la opción de usar nuestros puertos, carreteras y ferrocarriles con tasas preferenciales. Pero bueno, aquí hubo una guerra, y si ellos hoy se sienten en desventaja no significa la revisión del tratado, ¿acaso habría que revisar los acuerdos firmados tras la Primera y Segunda Guerra Mundial porque alguien no quedó conforme?”.

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Carolina cuenta con una muy buena asesoría en cuanto a temas limítrofes: desde hace varios años es pareja del abogado, ex ministro de Sebastián Piñera (de Educación y Justicia), y ex agente en La Haya, Felipe Bulnes. Parece que tiene un buen coach…, le comento. Ella ríe pero no larga palabra. “De mi vida privada no voy a hablar, no sacas nada con intentarlo… Simplemente me gusta estar informada, hablar de lo que pasa en Chile, de las decisiones que se están tomando, para dónde va el timón… Siempre he sido inquieta intelectualmente”.

—¿Le gusta la política, haría carrera en este escenario?

—No sé todavía. Me atrae más el trabajo social, en terreno, en contacto con la gente. Pero aún hay tiempo y ganas de seguir trabajando en televisión.

—El nombre de Felipe Bulnes ha figurado como una posible carta como embajador de Piñera, ¿se iría con él si eso ocurriera?

—No voy a hablar de opciones y oportunidades que pudiera llegar a tener Felipe. Cada uno tiene su mundo y su trabajo.

Carolina cuida sus palabras tanto como su carrera televisiva. El camino no le ha resultado fácil. Ha enfrentado críticas, deslealtades, discriminación e incluso machismo. Ha tenido que defenderse prácticamente desde que empezó en TV. Cuando arribó al Buenos días a todos—para reemplazar el lugar que dejó Katherine Salosny, despedida “por vieja”, según se dijo entonces—, el público le hizo la cruz. Sobre todo cuando trascendió que había sido contratada a instancias de Felipe Camiroaga.

“Todo eso era falso. Nadie se preocupó de contar la verdad porque parece que eso no siempre es lo que vende más y los medios se van adaptando. Pero te repito: no fue así. De hecho el día que firmé el contrato me encontré con Felipe en el ascensor y me preguntó ¿en qué andai? El justo iba subiendo a una reunión donde le iban a informar de mi contrato”.

—Pero los odiaron; Felipe tuvo que resistir una gran pifiadera en la entrega del Copihue de Oro de ese año.

—¡Fue súper rudo, muy inmerecido! Me complicó, me costó, tuve que demostrar mucho.

Carolina estuvo casi un año en el canal estatal. “Todos los días me desesperaba y arrastraba los pies diciendo no puedo creerlo, tengo que ir al programa, de nuevo… De ser la promesa, la revolución de la TV, me convertí en la más odiada. Ahí dices ¿quién maneja estos títeres?, porque no entiendo…”.

Se fue luego a CHV donde animó un programa de matrimonios y otro de concursos infantiles antes de arribar al matinal, donde ingresó tiempo después de la partida de Eva Gómez y de Carmen Gloria Arroyo. “En el canal me venían pidiendo que me fuera al matinal desde el principio, pero yo no iba a pasar dos veces por lo mismo, no quería ser la reemplazante de nadie, la causa de que sacaran a alguien de forma abrupta. Aprendí. He aprendido cada una de mis lecciones”.

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MACHISMO EN TV

“Uf, si te contara…”, dice ahora sobre un tema en boga a nivel mundial: los abusos de poder en contra de las mujeres y que han comenzado a ser denunciados en todos los ámbitos de la vida social. “He visto y vivido el machismo en la televisión”, admite. Y da un ejemplo: “Una vez me dijeron que no me arreglara tanto para las entrevistas porque me veía demasiado mina y mi trabajo perdía credibilidad. Mido 1.78, no me puedo cortar las piernas y este es mi cuerpo aunque para algunos eso me haga menos seria. Lo más triste es que me lo dijo una mujer. El abuso hacia el género no es sólo de los hombres”.

—¿Qué visión tiene del feminismo? El tema ha generado un amplio debate a través de los medios de comunicación.

—Yo soy feminista, no feminazi, es decir, no estoy por las posturas radicales. Para mí todo está en el equilibrio, en entender que la igualdad comienza con la tolerancia. No se trata de imponerse ni declararse superior y al otro inferior.

—¿Cómo habría reaccionado si Antonio Vodanovic le hubiese dado una palmada en el trasero antes de enfrentar al público de la Quinta Vergara, su cábala por tantos años?

—Lo probable es que le hubiese pegado una palmadita también. O sea, si fuese algo simpático, porque si se trata de un agarrón libidinoso y siento su respiración agitada mientras me toca, la cosa cambia. Tampoco digo que esté bien; el mundo cambió y junto con ello nuestro país también lo hizo.

—¿En serio cree que nuestro país cambió?

—Bueno, la televisión sigue siendo machista; mis pares masculinos ganan más por la misma pega y les asignan la responsabilidad de tratar los temas serios, los asuntos importantes, y no a nosotras que se supone que debemos jugar el rol de contenedoras, de mediadoras… Tampoco podemos opinar mucho porque se supone que expones tu lado masculino y el público te rechaza porque cómo cresta puedes tener tanta opinión.

—Eso mientras se critica el uso del cuerpo por convertir a las mujeres en un objeto.

—Si te gusta el escote hasta abajo, cosa tuya, pero de ahí a pensar que eres un objeto, para mí eso no es más que falta de tolerancia.

—¿Se ha caído en un “feminismo puritano”?

—Es un feminismo radical, que se desvía de lo principal que es la igualdad; las mujeres que se ponen un vestido más o menos apretado no van a dejar de ser mujeres por el hecho de llevarlos. Si usas jeans apretados con corte colombiano para que se te vea más parado el poto, para mí ése no es el tema.

La animadora sabe de lo que habla. Durante mucho tiempo se sintió discriminada por ser modelo, un tema que le pesa hasta hoy, pese a que ya cumplió una década trabajando al frente de programas televisivos y en escenarios tan complejos como el Festival de Viña.

—En su última entrevista con CARAS Diana Bolocco dijo: “Nunca me han exigido favores para avanzar con mi carrera, tal vez porque tampoco hice carrera de modelo sino de periodista y de animadora; eso me resguarda un poco…”.

—Pero sabes que a mí nunca se me ha insinuado un ejecutivo ni nadie en ningún medio, ni siquiera en el mundo de la publicidad cuando fui modelo. Nunca (dice categórica).

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—Aunque se han destapado escándalos; Mario Testino, el gran fotógrafo de la moda, fue denunciado por acoso…

—Obviamente que eso sucede y es repudiable, pero afortunadamente nunca me pasó. Me siento orgullosa de esta profesión que me permitió viajar, recorrer el mundo, solventarme económicamente, construir mi vida mediante un trabajo que ejercí de forma seria y muy inteligente. ¿Qué tiene que haya sido modelo?

Hace una pausa y ella misma se contesta:

—Es un problema de nuestra sociedad, donde las modelos son consideradas tontorronas porque se ha establecido la idea de que provienes de un mundo más liviano, ligero, menos inteligente. Perdón, pero yo me fui de Chile a los 17 años, trabajé afuera y sobreviví siete años, incluso pasando por situaciones precarias, de gran exigencia, sin hablar muchas veces el idioma, y aún así alcancé mis metas, gané dinero, aprendí. Me pregunto si esas personas que se admiran tanto por no provenir del modelaje habrían salido adelante en las mismas condiciones que yo. No pues, ¡de tonta yo no tengo nada!