Las ha hecho todas. Una mezcla entre el modelo de los artistas del Renacimiento y maestro chasquilla chileno, Boris Quercia (49) es actor profesional de la Universidad de Chile, pero desde siempre le gustó el cine y filmaba cortos en video con sus amigos. Es así como en treinta años de trayectoria ha sido el protagonista de una de las obras más importantes del teatro chileno, el director de una de las películas nacionales más taquilleras de todos los tiempos y responsable de la serie de más impacto de la televisión local.

No está nada de mal. Pero ahora, el protagonista de La Negra Ester y realizador de Sexo con amor y Los 80, es también escritor. Y claro, aunque viene escribiendo hace rato, tanto para el teatro como para el audiovisual, de guionista derivó en autor de novelas. A su debut en 2010 con el policial Santiago Quiñones tira, se suma Perro muerto, una segunda historia del mismo personaje de novela negra que recibió el año pasado el premio más importante del género en Francia.

Pero Quercia, inquieto y entusiasta, no descansa en los laureles, mientras trabaja en publicidad, proyectos televisivos y en llevar a su personaje detectivesco a la pantalla, habla de su máximo sueño profesional: poder concretar una producción que cuente la vida del que fuera uno de sus grandes mentores, Roberto Parra. El hermano de la centenaria Violeta y autor de la hoy clásica La Negra Ester, no solo fue la inspiración y fuente de su personaje más icónico, sino que el responsable de que Boris recuperara el amor por la patria y el sentido de la chilenidad.

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“Es tan complicado escribir una novela, te empiezas a cuestionar muchas cosas. Te pones a leer lo que has escrito y te dices: ‘Bueno, ¿cuál es mi estilo? ¿Estaré a la altura? ¿Cómo escribo yo? ¿Esta palabra está muy ocupada?’, hay varias cosas que te achacan. Hasta que di con la idea de escribir en primera persona, y desde este personaje, el detective Santiago Quiñones, que es un tipo sencillo que no quiere nada más después de la pega que comerse un chacarero y llegar con plata a final de mes, y hace un trabajo que es una mierda, y que va describiendo lo que pasa, ahí se me fue dando más fácil la cosa”.

Así fue como dio en el tono para acometer la que fue su primera novela: Santiago Quiñones tira, que luego fue publicada en Francia, y donde su segundo libro, Perro muerto (Reservois Books) ganó uno de los premios más importantes de novela negra: el Grand Prix de Littérature Policière 2016. Boris, en esencia un actor, dio con el personaje del detective Quiñones, un tipo sencillo con un trabajo difícil, y lo abordó haciendo lo que ha sido la fuente de su trabajo artístico, que aunque multidisciplinario, surge de su primera pasión y oficio: la actuación.

—¿Sientes que en Chile se te puede tomar menos en serio como escritor por ser famoso por la televisión o por las películas?

—La verdad no sé. Puede ser que te encasillen, es normal, es la costumbre, sobre todo en tu país. Ahora, a mí me gusta pasearme por todos los géneros, me gusta la comedia. Los 80 era un melodrama, me encanta también la novela negra. No siento que haya que encerrarse.

Mientras Boris ya piensa en la tercera parte de su trilogía de novelas negras con el mismo personaje, paralelamente trabaja en una serie de tres temporadas, una por cada libro. El tamaño del proyecto dependerá de si lo hacen para un canal chileno o se convierte en una coproducción con alguna plataforma internacional. Pero el tira Quiñones terminará en pantalla.

—¿Cómo sientes tú, hoy día, el tránsito que has tenido como actor? Estuviste en una obra súper exitosa que fue un ícono en su momento, después fuiste director de cine y también de televisión. Ahora te dedicas a los libros. Pero, ¿cómo ves tú ese paso por cosas distintas? ¿Siempre quisiste ser director y actor?

—La verdad desde el principio me gustó ser director, pero era muy difícil hacer cine, así que después seguí haciendo teatro. Me apasionaba. Después hice La Negra Ester, que para mí fue más que nada vivir una utopía, porque yo estaba saliendo de la escuela, tenía 23 años, estábamos haciendo una obra que se llenaba, todos ganábamos el mismo sueldo, viajábamos por el mundo”. Pero lo más importante de haber sido parte de ese fenómeno, relata Quercia, tiene que ver con su encuentro con Roberto Parra.

Nosotros vivimos gran parte de nuestra juventud en dictadura, con toque de queda; entonces, era una juventud como la mierda. Cierta gente tomaba las armas, se unía a la resistencia y hacía cualquier tipo de trabajo así. Obviamente yo iba a algunas protestas, a las de la escuela que había todos los años, pero nosotros, o yo, tomé otra opción, que fue una negación de Chile. Tenía un desprecio por los valores patrióticos, por la bandera, el himno nacional, igual que por el 18 de septiembre… con las cuecas para qué hablar”.

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Y fue ahí donde vino el encuentro con Roberto Parra, que lo hizo abuenarse “con la patria, con la nacionalidad, con la identidad y con lo chileno más neto, más profundo”. A partir de ese momento, dice, surge en él una mirada mucho más amable y alegre del ser nacional, lo que queda de manifiesto en su trabajo: porque tanto en Sexo con amor, como en El rey de los huevones y claramente también en Los 80, de lo que Boris Quercia estaba hablando era de la chilenidad.

“De eso es lo que yo he estado hablando todo el rato. De nosotros como país. Con Santiago Quiñones es lo mismo: estamos hablando de Santiago y de Valparaíso… Y por eso, entre actuar, dirigir, escribir, mi proyecto más querido es poder hacer una película sobre Roberto Parra”.

Esa es su gran aspiración profesional, aún pendiente. Y que espera poder concretar para estrenarlo el próximo año, cuando se cumplen tres décadas de La Negra Ester: “Es una película biográfica. Es muy emocionante, cautivante, habla mucho de Chile, tiene cosas como Roberto partiendo de la casa materna, siendo lazarillo de una ciega a los 8 o 9 años, recorriendo el país. Estamos hablando de un Chile que no existe. Entonces, es alucinante”.

Quercia lleva años trabajando en esa idea, ya escribió una primera versión del guión con Lala, la hija poeta de Roberto, recibiendo apoyo de un fondo de Corfo para esa etapa. Pero por diversas circunstancias, el trabajo sigue entrampado.

“Pero lo vamos a hacer de todas maneras”, asegura. “Es un proyecto al que le tengo mucho cariño. Son nuestras historias. Parte con Roberto a los 8 años y termina cuando va a San Antonio a buscar a la Negra Ester y se entera que murió. Es un periodo que llega justo antes del golpe. El del Chile republicano, uno que dejó de existir y eso es lo que me gusta también”.