Por estos días, Boris Quercia (45, tres hijas, en pareja con María Luisa Mayol) está como un futbolista antes de entrar a la cancha: concentrado. El actor, director de cine y televisión no tiene tiempo ni para contestar el teléfono, porque permanece casi internado en las grabaciones de la quinta temporada de Los 80.
En las últimas dos décadas ha estado en proyectos emblemáticos: fue el protagonista de La Negra Ester, dirigió y actuó en Sexo con amor, que hasta la aparición de Stefan versus Kramer, era la película chilena más vista. Como director ha participado en la creación de ese pequeño mundo que es Los 80, serie que se ha convertido en un ejemplo de que se puede hacer televisión con profundidad y masiva a la vez. El primer capítulo de esta nueva entrega, que se inició con la visita de Juan Pablo II en 1987 y el regreso de ‘la Claudita’ a casa de los Herrera marcó 29.6 puntos de rating, lo que significa que lo vio mucha gente, hombres y mujeres de distintas edades, barrios y estratos socioeconómicos.
El director no se ha mareado con el éxito. No da cátedra sobre la televisión de calidad, recalca el trabajo de equipo y destaca el papel del productor ejecutivo de la serie, Alberto Gesswein, quien recientemente contó las reticencias que tuvo que vencer inicialmente en el canal. “Yo soy un realizador y si me hubieran llamado de cualquier parte a hacer esto hubiera ido encantado, pero el Tito fue esencial porque creó las circunstancias para que pudiéramos trabajar de esta manera que no es común en la TV”.

Entre las cosas que Quercia cree que ayudan a la popularidad del programa, está su tono realista. Se ríe, por ejemplo, al recordar un capítulo donde Juan, medio enamoriscado de otra, llega a su casa y se encuentra de golpe con su mujer Ana con los pies metidos en una palangana y la piedra pome en la mano. Esa intimidad, según él, ayuda a humanizar a los personajes y a que la gente vibre con sus historias. “Cuando uno logra emocionarse con un producto, lo agradece mucho. El público premia eso. Otro es la nostalgia de una generación que fue joven hace 25 años y ve reflejada su historia ahí. Como la juventud es la etapa de la vida que más marca, obviamente les resulta interesante. Esa gente ya tiene niños y también quiere contarles su historia, que esos chicos vean cómo se vivía antes, que hagan la comparación con el presente. Además, no es un período cualquiera, son años en que el país estaba viviendo un proceso político social súper importante, y marcador en su historia”.

ESA GENERACIÓN TAMBIÉN ES LA SUYA. En la década de los 80 Boris entró a estudiar Teatro a la Universidad de Chile y empezó a formarse de manera autodidacta en la realización audiovisual. En esos años fue lana, pero también le tocaron los inicios del New wave, las performances en el Trolley. Y aunque nunca se mezcló mucho en política, participó en algunas protestas y acciones de arte contestatarias.
—¿Siente nostalgia de los años ’80?
—Sí clarooo… O sea… no nostalgia, no soy alguien al que le guste mirar para atrás, o sea miro para atrás pero…
Le cargan las preguntas personales. Su serie podrá tener un tono muy íntimo y emocional, pero a él no le acomoda entrar en ese terreno y aunque es un buen conversador, no quiere involucrar a sus cercanos o hablar de su vida privada. Y cuando eso pasa se enreda y ríe nervioso.
—¿Cuánto hay de sus ’80 en Los 80?
—Difieren en un montón de otras cosas, pero ¿sabes en lo que se parece un poco? En los tipos de estructuras familiares…
Aquí hay que detenerse para explicar que él viene de una familia grande. Es descendiente de italianos por el lado del papá, y de croatas por el de la mamá. Ambas culturas conviven en este clan de cinco hermanos que creció en Providencia rodeado de música y literatura. Hoy casi todos son artistas y muchas veces colaboran profesionalmente. Su hermano Antonio, por ejemplo, es director de fotografía de muchos de los proyectos que Boris ha dirigido, como Sexo con amor, El rey de los huevones, las series Geografía del deseo, Huaiquimán y Tolosa y las tres primeras temporadas de Los 80.
Hasta Benito Quercia, el padre de familia, un ingeniero agrónomo que hace algunos años incursionó en la actuación, como don Farid —el jefe y luego socio de Juan Herrera—. “En mi familia existió y existe harto amor. Nos queremos mucho, nos tenemos confianza y por eso hay un paralelo con la familia de la serie. Mi mamá se parece un poco a Ana en esa preocupación por los hijos, ese amor incondicional y en esa propensión a la tragedia, que también es bien croata. Además, está esto que nosotros en el equipo llamamos ‘la moral Herrera’…”.
—¿Qué es eso?
—Esta forma tan caballerosa de comportarse en el mundo. Tan respetuosa de la palabra del otro, de los tratos, del buen vivir en el sentido no de la farra, sino que de una manera correcta de ser. Eso se ha perdido un poco porque hemos entrado una cuestión del todo vale y donde el más vivo gana, eso no lo tiene Juan Herrera. El es capaz de perder, por sus convicciones morales, no políticas porque esta gente dentro de todo es bastante apolítica. Los hijos no, siempre los jóvenes están más involucrados, pero los mayores lo que están tratando de hacer es sacar adelante a la familia. Han vivido muchas pellejerías.
—¿Cómo conecta eso con su familia?
—Esa diferencia es también de época y tiene que ver con la manera de ser de nuestros padres. Yo igual veo a mi papá ahí, en su manera moral de ver el mundo, no en una cosa pechoña ni que tenga que ver con preceptos religiosos sino que en una convicción propia de no hacerle daño al otro y de saber que la palabra empeñada tiene el mismo valor que cualquier contrato. Esta temporada eso se va a ver muy acentuado y trabajado en el personaje de Juan, que es el que lleva eso como una bandera.
La moral Herrera es un tema sobre el que Quercia ha conversado muchas veces con otros integrantes de la serie, como Alberto Gesswein porque les recuerda a sus padres y a una generación de un Chile republicano y sobrio. “Pero eso se fue trastocando, vino un cierto auge económico y se perdió un poco. Herrera es de los últimos estandartes y yo creo que sus hijos van a aprender a vivir con nuevas reglas, a ser más vivarachos y van a velar por sus intereses más que por los del otro, aunque falten a su palabra. Ya estamos un poquito en eso”.

LA FAMILIA ES la PROTAGONISTA DE LOS 80 “y el antagonista es todo aquello que la hace resquebrajarse, que trae separación y desamor. Ese es el juego dramático de la serie”. Por eso es que las relaciones de este tipo son un tema que le ronda en este período en que tiene toda su energía puesta en el programa. “Pero siento que es bien pesado hablar de la familia cuando hay experiencias tan diversas y gente —a veces muy cercana— que ha vivido situaciones traumáticas y que cuando escucha de ‘la familia’, entendida solo como papá, mamá y hermanos, en una casa, les da náuseas”.
—¿Cómo entiende usted la familia?
—He llegado a la conclusión de que lo que hace que un grupo de personas sea familia es que entre ellos haya un lazo de amor incondicional. Punto. Da lo mismo si existen vínculos sanguíneos o no. Entonces los niñitos que se juntan a aspirar neoprén debajo de un puente del Mapocho, que se cuidan y están dispuestos a dar la vida por el otro pueden ser una familia. Un matrimonio homosexual que adopta un niñito y lo ama por sobre todas las cosas, también lo es. Por el contrario, también hay padres que han traumado o le han cagado la vida a sus hijos. Los Herrera son un grupito de gente que están enfrentados a este mundo turbulento y donde existe entre ellos un amor incondicional. Eso.
—¿Y cómo es en familia, con sus hijas?
—Mira, no sé cómo soy, pero intento quererlas mucho, y si uno trata de ser fiel a esa emoción, lo demás vendrá solo. Si uno quiere mucho a alguien hará cosas por esa persona y estará ahí cuando lo necesitan. Trato de mantener claras mis emociones y mi corazón dirigido hacia ellas. Esa es mi manera de encontrar el camino.
—¿Actúa guiado por la moral Herrera?
—Pucha, intento, pero uno también se equivoca. Está esa batalla diaria pero para ser sincero tampoco me he visto enfrentado a dilemas ni me ha tocado decidir frente a temas tan delicados, como sí le va a tocar hacer a Juan muchas veces esta temporada.

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