Para la joven y recién casada Elizabeth Keen (Megan Boone) es su primer día de trabajo. Su oficina es el FBI pero ella es sólo una analista, una empleada de escritorio.

Lo que no tiene cómo saber es que mientras ella se apronta a salir de casa, todas las alarmas de emergencia se han encendido en el cuartel central.
Raymond “Red” Remington (James Spader, “Sexo, mentiras y videos”; uno de los dos abogados de “Boston legal”), top ten entre los criminales más buscados por el FBI se ha aparecido por allá ofreciendo desbaratar los siniestros planes de otros personajes mucho más peligrosos que él, sobre quienes los agentes ni siquiera tenían noticia, con una sola condición: que Elizabeth Keen se haga cargo de estos casos.

De ahí en adelante, la vida de Liz se convierte en una montaña rusa.

Así parte “Blacklist”, la serie estrenada en 2013 por NBC (en América Latina la transmitió Sony) y que ya va por su tercera temporada.
El ritmo trepidante y las continuas sorpresas marcan esta serie de acción, suspenso y espionaje, en la que el espectador está, al igual que el FBI completo, en las manos de este astuto, elegante y cínico hombre, que alguna vez también fue un agente del Gobierno.

En una permanente carrera contra el tiempo Red le irá entregando pistas a Liz, quien nunca más recuperará su vida “normal” ni sus certezas.
Red tiene una lista de 10 peligrosísimos criminales internacionales -con mucho recursos y habilidades- a los que, les advierte, hay que detener ya.
Sofisticados planes, tecnología de punta y objetivos inimaginables se multiplican en cada capítulo. Como artista prestidigitador, Red siempre sacará debajo de la manga algo que descolocará a Liz, al FBI y al espectador.

Muy entretenida.

¿Dónde? Netflix
Tres temporadas.

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