Hay series en las que el clima y el paisaje son un personaje más. Series como The Killing, en donde la lluvia y los bosques tienen una presencia tan relevante en la textura del relato que sencillamente no es posible disociarlos. Algo parecido ocurre en CSI y sus distintas versiones —Las Vegas, Nueva York, Miami— que se distinguen no solamente por los personajes y la trama sino por los filtros de iluminación que determinan el color de la ciudad en la que transcurre el relato. Breaking Bad, por su parte, es una serie sobre el desierto como una zona en donde lo fronterizo —cultural y éticamente hablando— sobrevive a la sequedad de un territorio permanentemente expuesto al sol y transitado sigilosamente por la criminalidad. Better call Saul, la recién estrenada producción tributaria de Breaking Bad, mantiene el hábitat reseco del relato que la precede de una manera tan apabullante que a ratos parece ser una escena más de la serie madre, o un capítulo extraviado más que un spin off. Existe, por así decirlo, una especie de cordón umbilical entre las dos producciones que no termina de cortarse y que le resta identidad a la historia de Saul, el abogado de los narcos.

Saul Goodman, el personaje protagónico, más que un sujeto distinto, con su propio lugar en el mundo, es una suerte de versión de Walter White, el antihéroe de Breaking Bad. Los dos son hombres blancos que encarnan estereotipos del fracasado. Los dos se involucran con el crimen empujados por las circunstancias y comienzan una larga travesía por el ancho mundo de la clandestinidad. Los dos tienen escenas en calzoncillos y una tendencia a coquetear con el patetismo. Las similitudes se agotan en un único rasgo: la oratoria de tinterillo de Saul es muy diferente a la torpe parquedad de Walter White. Pero incluso en ese aspecto puede establecerse una analogía, pues ambos exprimen su único talento para sobrevivir en medio de la violencia: Goodman la facilidad de palabra; White su destreza química.

La nueva serie de Netflix parece ser, más que un spin off de Breaking Bad, un antecedente anexo, algo así como un regalo para fanáticos y seguidores que pueden regocijarse buscando guiños a la serie original sin arriesgarse a entrar en un mundo diferente al del relato que le dio vida. Better call Saul es una criatura tan espléndidamente similar en sus virtudes a Breaking Bad, que parece estar destinada a fundirse en el relato que la vio nacer, sin alcanzar a tener una bitácora propia. Para compararlo con otros spin off célebres, Better call Saul es como si Frasier en lugar de haber ejercido como siquiatra hubiera instalado un bar al lado de Cheer’s o como si Melrose Place hubiera sido un colegio vecino a Beverly Hills 90210 y no un condominio sexy.