Los rayos de sol se cuelan entre los interminables ventanales del casino de las nuevas oficinas de Chilevisión, en la ex fábrica Machasa, sin que logren entibiar en nada a Alejandro Goic. Sentado en un pequeño sillón de cuero, el actor de 59 años que viste de riguroso negro y avisa que no se sacará los anteojos porque sufre “de fotofobia”, tampoco parece necesitarlo. Hay un fuego interno en el que nunca se apaga. Una aura de intensidad que lo blinda sin importar si está en personaje, tratando de arrancarle una sonrisa a alguna productora o bromeando con el fotógrafo.

“Me dediqué a esto porque soy el rey del hueveo. En mi época escolar, en el Instituto Nacional, contaba chistes y era el payaso del curso y todos me adoraban. Por eso estudié esto, si al final uno lo único que quiere en la vida es que lo amen”, confesará a modo de manifiesto, casi dos horas más tarde, después de posar ante las cámaras junto a Catalina Saavedra e Ingrid Isensee, sus coprotagonistas en la miniserie Bala Loca.

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Esa capacidad para reírse de todo es uno de los puntos en común que tiene con el rol de Mauro Murillo, pero no es el único. La decepción que en la ficción siente el creador del diario electrónico En Guardia al ver su decadencia expuesta en un estelar de farándula se asemeja mucho al sentimiento que lo embargó en la vida real a fines de 1989, cuando como integrante de la comisión política del Partido Socialista vio cómo a enemigos y partidarios de la dictadura pactaban la transición.

Por esto, no oculta la indignación que le provocan las críticas del presidente del PPD Gonzalo Navarrete a la utilización del logo de la colectividad en la serie. “Quiero mandarle un mensaje al compañero Navarrete, sólo para recordarle la palabra libertad que le costó la vida a varios amigos mutuos. Me duele que este intento de censura de una creación artística venga precisamente de él. Debería verla antes, seguro que lo va a ayudar a reflexionar”, cuestiona, con un dejo de ironía.

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A juicio del ganador del premio Altazor por su papel de un torturador adicto en la serie Volver a mí, no existe en Chile otro canal con la suficiente autonomía editorial para instalar en horario prime una historia como la creada por Marcos de Aguirre y David Miranda de Filmocentro. 

“Una de las ventajas que tenemos aquí es que Time Warner no tiene relación de ninguna naturaleza con la oligarquía chilena y por lo tanto se respira un grado de libertad distinta. Aquí no hay tejado de vidrio con respecto a los que toman las decisiones de programación ni compadrazgos trasnochados. Estoy seguro de que en ningún otro canal habría sido capaz de contener las presiones”. Algo en lo que coincide plenamente Catalina Saavedra, quien interpreta a la reportera Patricia Fuenzalida en la producción financiada por el Consejo Nacional de Televisión hace dos años. Su rol es clave en el desarrollo de la trama, pese a que tiene pocas escenas, ya que muere en extrañas circunstancias mientras investiga los negocios ocultos de un prominente empresario interpretado por Alfredo Castro

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“No tengo mucho rollo con el tamaño de los personajes porque de verdad creo en esa frase clásica que dice que no hay roles pequeños. Para mí este personaje es como una falsa protagonista que inspira a sus colegas a regresar a sus orígenes periodísticos”, cuenta. “Con Bala Loca la gente me para en la calle para decirme que es buena pero enredada. Eso tiene que ver con que los televidentes no están acostumbrados a pensar, a usar la mente para atar cabos y que no te den todo en bandeja listo. Hay algo ahí que opera en los canales. Hay quienes no se verían beneficiados si la gente comenzara a pensar y a exigir producciones más inteligentes. Por eso este tipo de trabajos no sólo son un lujo para los actores sino también un aporte para nuestra cultura. ¡Evidentemente la contingencia no debe ser muy grata para mucha gente!”

Para Ingrid Isensee, su llegada a la serie fue “un verdadero regalo”. Aunque se resiste a adelantar cómo evoluciona su personaje, sí está convencida de que la audiencia crecerá a medida que avance la trama. “No creo que se limite a hacer sólo una producción de nicho o culto. La gente es mucho más inteligente de lo que la tratan y esa es la razón de por qué cada día ve menos televisión abierta. Por eso se agradece que el canal no haya censurado ni metido mano en nada”, afirma, al tiempo que reconoce que una destacada periodista que escribe libros de investigación la ayudó a componer su rol. “Los periodistas que luchan porque sepamos lo que no quieren que sepamos son los verdaderos héroes modernos”