Una periodista es asesinada de un tiro en un asalto a un supermercado. Se trata de una profesional reconocida en su círculo, pero alejada de los grandes medios.

Hasta su muerte vivía a duras penas ejerciendo su profesión desde un blog, en donde publicaba investigaciones que no lograban repercutir más allá de un cierto número de seguidores. Un trabajo modesto, hecho a pulso que la mantenían en paz con su conciencia y su ética.

Mientras tanto, sus compañeros de generación habían hecho carrera en distintos diarios. Uno de ellos, incluso, se rindió al atractivo de la farándula, una cantera que le dio buenos dividendos pero que abandonó después que un accidente lo dejó en silla de ruedas.

Entonces decidió utilizar el dinero logrado para fundar un medio electrónico de periodismo de investigación. El hombre en silla de ruedas —Mauro Murillo encarnado por Alejandro Goic— es el protagonista de Bala Loca (Chilevisión), una serie coral, en donde un equipo de periodistas intenta desentrañar la muerte de su antigua compañera producto de un balazo aparentemente azaroso. Lo que va encontrando este equipo en el camino, es nada más ni nada menos, que una oscura maraña de intereses políticos y económicos que ha estado royéndolo todo, desmoronando lealtades y pudriendo cualquier asomo de justicia.

Bala Loca sostiene varias cuerdas a la vez —historias íntimas y tramas de corrupción— de manera intensa y a cargo del que quiso, sea el elenco más brillante de actores y actrices del medio nacional. Desde Goic hasta Catalina Saavedra; de Trinidad González a Alejandro Sieveking pasando por Alfredo Castro y Aline Kuppenheim.

Un reparto que le brinda profundidad y delicadeza a un relato duro y difícil como la realidad misma. Porque aunque es una serie de ficción, de esas que al final advierten que todo lo que vimos es sólo fantasía, en Bala Loca reconocemos mucho de nuestro diario acontecer y de un pasado que nos sigue abrumando. Si en Los 80 una familia alejada del poder era arrastrada por los acontecimientos y lograba sostenerse en los afectos y en Los Archivos del Cardenal hay un enemigo claro y definido que acecha la vida de un puñado de justos, en Bala Loca el antagonista tiene muchas caras y puede estar en cualquier parte.

La serie, en sus distintas líneas, logra poner en escena la complejidad del poder, los recodos y ambientes en donde se toman las decisiones; vistazos a las trastiendas, las fórmulas con las que se amarran voluntades y trafican influencias. Nos sumerge en la basura con estilo y talento. Una serie de claroscuros, con personajes dañados y esperanzas secuestradas. Un lujo para nuestra televisión y un espejo quebrado de nosotros mismos.