Hay algo en esta modelo, actriz y conductora de televisión de 44 años que inunda los espacios. No importa que su estilizada figura y melena rubia resulten imponentes para quienes la ven por primera vez, la cercanía que establece con su cálida mirada elimina cualquier barrera. Angélica Castro no es una diva pero es fuerte y decidida. Puede brillar en las alfombras rojas, luciendo exclusivos vestidos de diseñadores del brazo de su marido Cristián de la Fuente o animar elegantes subastas donde asisten filántropos y empresarios,  pero sigue siendo esa chilena que llegó a Estados Unidos con la única pretensión de aprender inglés. “Hay muchos que vienen por fama o dinero pero yo me vine sin más expectativa que dominar una lengua en la que no podía hilar más de dos frases. Todo lo que ocurrió después fue una sorpresa. Soy una convencida de que cuando algo es para ti nada puede interponerse”, asegura, mientras toma una taza de té en una cafetería de Vitacura.

A cara lavada y apenas unas horas después de bajarse del avión que la trajo desde Miami, no muestra signos de cansancio. Derrocha energía, especialmente al día siguiente cuando se sumerge en una piscina para la sesión de fotos de CARAS. “Hay que agradecer la posibilidad de hacer lo que a uno le gusta y tratar de buscar la felicidad en cada momento. Por eso, además de meditar, una de mis rutinas diarias es darme un tiempo sólo para agradecer”, reconoce mientras sigue las instrucciones de la fotógrafa.  

Inquieta, Angélica no se conformó con llegar al matinal más visto por el público hispano de Estados Unidos, “Despierta América” de la cadena Univisión, sino que decidió el 2015 dar un salto y probar suerte en el teatro, donde nuevamente el éxito la acompañó. Primero vino la obra “Brujas”, con una gran recepción del público y  luego la prensa de Miami la llenó de elogios por su rol de Virginia en el thriller sicológico del argentino Eduardo Román, el “Beso del Jabalí”, interpretación calificada por la crítica especializada como uno de los puntos altos de una historia escalofriante que enfrenta a dos medio hermanas con un oscuro pasado. Algo que la tiene a pocos días de cumplir el sueño de cualquier actor: debutar en el circuito de la Gran Manzana. Un logro que estaba lejos de imaginar en los noventa, cuando era una más de la escuela de talentos de Canal 13. Pese a su obsesión por perfeccionarse, con cursos de actuación y dicción periódicos, llegar a las tablas nunca estuvo en sus planes.

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Aunque no lo busqué, este espacio se ha transformado en una instancia de introspección y crecimiento invaluable. Una suerte de viaje interno bien potente donde uno va descubriendo todas esas capas que se van acumulando a lo largo de la vida. Con este personaje me tocó enfrentar temáticas mucho más controversiales porque se trata de alguien que arrastra consigo fantasmas y demonios que de alguna manera lo mantienen atado al pasado. Un desafío actoral que ha sido muy bien recibido por los expertos que consideran a “El Beso del Jabalí” como una pieza clave en la reactivación de la oferta teatral de Florida, lo que es un tremendo honor para los que participamos del proyecto”, explica. 

— ¿Cómo ha logrado convivir con los egos y vanidades del mercado norteamericano?

—Eso uno lo encuentra en todas partes. El ser humano es individualista especialmente si hay posibilidades de éxito, quiere todo el brillo sólo para él y nadie más. Pero, yo siempre lo viví de un modo diferente, soy de las que agradezco las caídas. Mi manera de enfrentar ese mundo es vivir cada día como una oportunidad para crecer y aprender. No estoy evaluando si me reconocen o no. ¡Nunca ha sido ese mi norte! El éxito lo entiendo como sentirse más seguro, conectado y completo. Orgulloso de lo que uno es y del camino recorrido. Cuando miro mi trayectoria profesional me siento orgullosa, el mismo sentimiento que tengo al rememorar como fui con mis padres. No me faltó nada por hacer. Siento que he sido súper consecuente, lo más cercano a lo que ellos me enseñaron.

—¿Cómo se relaciona con el éxito?

—Para mí, esa palabra significa aprender. No creo en los sistemas, soy fiel a mí misma más allá de los dictámenes sociales. Mi lema siempre ha sido sé tú, identifícate contigo. Estoy tan agradecida de actuar en teatro, televisión, cine y de haber podido compartir con actores maravillosos. Si alguien me hubiera dicho todo lo que me iba a pasar, de verdad no lo hubiera creído. Mi verdadero éxito es no permitirme estar enojada y decirle a la gente que la quiero la mayor cantidad de veces que pueda. Vivo cada día como si fuera el único y nunca me voy a dormir molesta con mi marido aunque tenga que quedarme hablando hasta las cinco de la mañana (risas). Mi paz no la transo por nada.

—¿Cuál es el secreto para mantener tu matrimonio pese al asedio constante de la farándula y las tentaciones propias del medio?

—Siempre he sentido que la prensa ha sido respetuosa con nosotros. Aquí no hay otra receta que vivir el día a día y saber comunicarse. Uno tampoco sabe lo que va a pasar mañana. Pero, pienso que lo que a mí me inspira en la relación de pareja es pensar primero en el otro, en lo que a él realmente le hace feliz. La suerte es que Cristián es igual conmigo. Antes de enfocarse en lo que él quiere, piensa primero en mí. Eso ha hecho que los dos volemos muy lejos pero juntos. Nunca he dejado de hacer algo por estar casada o ser madre. Es más, tengo mil sueños por cumplir y sé que mi marido me va a apoyar en todo. 

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Aunque se define como “apolítica”, esta embajadora de la Fundación “Padres contra el Cáncer” y “Espiritualidad para Niños, tuvo que tener una postura cuando el año pasado su marido Cristián de la Fuente reaccionó frente a los dichos del candidato presidencial Donald Trump cuando criticó la presencia de latinos en Estados Unidos, en especial de mexicanos, a los cuales trató de traficantes y violadores.

Estas declaraciones motivaron una respuesta del ex actor de teleseries de Canal 13, quien dijo que el multimillonario era ignorante y discriminador y que, por lo mismo, no realizaría la animación de Miss USA, certamen que finalmente se suspendió. 

Angélica afirma que hoy el ambiente preelectoral en Estados Unidos está mucho peor y ha contaminado a la sociedad. “Esto se convirtió en un verdadero show de televisión, nada de gracioso y altamente preocupante. Los debates presidenciales que han obtenido niveles de sintonía impresionantes, se transformaron en verdaderas peleas de boxeo. Eso es algo que no puede dejar indiferente a nadie, menos aún si pensamos que se trata de la elección de la máxima autoridad de una de potencia mundial. Lo peor es que hasta los niños han quedado paralizados frente a los ataques y actos de discriminación que vienen de parte del candidato republicano”. 

—La comunidad artística ha cerrado filas contra Donald Trump.

—Es que la forma en que se maneja ha sido de una violencia máxima. Siempre de la mano con la agresión y desde tantos focos. Su maltrato verbal no tiene límites, especialmente hacia las mujeres. Si no es porque es gorda, la descalifica por el color de piel o el lugar de orígen. ¡Es un nivel de falta de respeto que no deja de sorprendernos!, y apunta en la dirección contraria de lo que quiere el mundo, donde la tendencia global busca la unidad, la igualdad y el respeto por encima de cualquier diferencia. Imagínate que hasta salió un video de Trump descalificando a la gente con discapacidad, algo que como educadora diferencial me toca directamente y de la peor manera. Estamos frente a niveles de discriminación hacia los inmigrantes y los latinos realmente absurdos. Es tan polémico que nadie esperaba que fuera así. De ahí, creo, viene esa mezcla de espanto y sorpresa que genera. 

—¿Considera que este es el momento más oscuro que le ha tocado vivir desde que llegaron?

—Sin duda que ha sido el más fuerte. Cuando uno ve hasta los niños expuestos a una violencia sexista y descalificadora claro que es chocante. Estados Unidos es un país con tasas de suicidio altísimas en los colegios, precisamente por el tema de la discriminación. Entonces, resulta inevitable pensar en el enfoque de lo que fue la elección anterior, en especial la de Barack Obama que tenía una visión completamente distinta. Ahí había un llamado a la unidad, a vivir con altura de miras y debatir sobre cuestiones claves para el futuro, como la educación, la salud y los derechos de las personas. En definitiva, un mensaje positivo, absolutamente ajeno a las descalificaciones que escuchamos ahora. El discurso de Trump violenta y la gente ya no quiere más violencia. Por eso, en el mundo de la cultura el apoyo a Hillary Clinton ha sido mayoritario. 

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Desde niña, Angélica Castro cultivó una preocupación especial por quienes sufren discriminación de cualquier tipo. Un rasgo que se acentuó luego de especializarse en el trabajo con niños sordos y enseñar en escuelas donde los recursos escaseaban la mayoría de las veces. Por eso, uno de sus lazos más potentes es su trabajo con la Fundación “Nuestros Hijos” que recientemente acaba de inaugurar el primer centro de rehabilitación para niños con cáncer de América Latina. “Antes tenías que ser muy elevado para conectarte con la idea de que somos todos uno solo, pero hoy con las comunicaciones es imposible no sintonizar y emocionarse con los problemas y necesidades que están viviendo  diferentes países. Por eso, trato de contribuir con mi granito de arena por un mundo mejor”, afirma.

—¿Qué le parece la campaña que ha cobrado fuerza #Niunamenos contra la violencia femenina que genera miles de muertes en el mundo?

—Me niego a que esto siga sucediendo. Si bien en Chile las cifras son abismantes, este es un fenómeno transversal que no reconoce fronteras. Los números son terroríficos. Una de cada tres mujeres sufre violencia y el 90 por ciento de los abusadores son personas cercanas. No puede ser que sigamos escuchando este tipo de noticias. Tenemos que alzar la voz, aprender a defendernos y protegernos en especial a aquellas mujeres que no tienen la fuerza para salir y contar qué es lo que les está pasando. Porque el drama de este fenómeno es que hay amenazas detrás y ese es el poder que tienen los abusadores para acallar a las víctimas. 

Angélica considera que el cambio es más profundo. Enemiga de los pelambres y del ‘que dirán’, llama a las mujeres a ser más unidas y respetuosas entre ellas mismas. “Somos tan buenas para hablar de las otras, que si están muy guapas o que engordaron, eso da igual. Hay que entender que si yo hablo mal de ti, es imposible que no te afecte. La mente del ser humano es muy poderosa, tenemos que aprender a ser más solidarias”, afirma convencida.

—¿Piensa que las movilizaciones ayudan a crear consciencia entre quienes no le toman el peso a este fenómeno?

—Hay que estar en sintonía con esa realidad todos los días del año para que las mujeres que están siendo agredidas entiendan que no están solas. El abuso termina destruyendo la siquis de sus víctimas, encerrándolas en un círculo vicioso que arruina sus vidas. Hace poco hicimos una subasta de arte en Miami precisamente para juntar fondos para las casas de acogida de víctimas de violencia doméstica. Se trata de un espacio donde las mujeres no sólo puedan llegar a refugiarse sino también reciben ayuda para crear microempresas y salir adelante. Ese es el mensaje que hay que transmitir, no hay por qué tolerar que nadie te ponga el pie encima, siempre se puede volver a empezar y salir adelante.

—¿Le ha tocado conocer casos cercanos ?

—Por supuesto que sí, hay que sacarse la idea de que esto ocurre sólo en determinados segmentos. Esta violencia se da por igual en toda la sociedad, por eso es obligación de todos combatirla.

 Antes de partir a una charla motivacional, Angélica hace un llamado a dejar atrás el pesimismo y tomar las banderas de la paz y la armonía en la cotidianidad. “Vivimos en una sociedad muy agresiva, violenta y superficial y es tarea de todos tratar de evolucionar. Si ocupáramos el cinco por ciento que dedicamos en hablar de los demás, en hacer un cambio interno por ser mejores personas tendríamos una sociedad muchísimo mejor. En Chile, cuando nos unimos tenemos un poder que va más allá de todo. Es cosa de ver lo que pasa cuando hay un aluvión o una Teletón. El país se detiene y somos uno solo. Como nación tenemos una fuerza extraordinaria que nos hace invencibles, pero siempre y cuando permanezcamos unidos”.