En 1959 el líder soviético Nikita Krushev visitó Estados Unidos, en un paréntesis de la Guerra Fría. Krushev fue invitado a diferentes actividades para ilustrarlo sobre los beneficios de vivir en aquel país. Una de ellas fue una exhibición que incluía una representación de un hogar típico norteamericano. Krushev se disgustó y la prensa soviética se burló, llamando a la casa piloto “el Taj Mahal”: resultaba demasiado lujosa para las costumbres del otro lado de la cortina de acero. La Guerra Fría no era sólo un enfrentamiento bélico, tampoco meramente ideológico, era una batalla permanente en torno a dos culturas que, incluso en lo doméstico, estaban en conflicto.

El creador de la serie The Americans (Netflix y Fox Action) ha dicho que más que una historia de espías soviéticos viviendo en EE.UU., la serie es el relato de un matrimonio típico y sus conflictos. Una familia ideal de los suburbios norteamericanos —amplias calles, casas Georgian con garaje— con sus luces y sus sombras. La verdad es que The Americans es ambas cosas y más.

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La serie se ha consagrado en su reciente temporada como un éxito a la altura de Breaking Bad, pero con un toque extra: la representación de época y los conflictos políticos. Elizabeth y Philip son un matrimonio amable, padres de dos niños y propietarios de una pequeña agencia de turismo. Una postal familiar que, como hemos visto desde La Hechizada hasta Alf, esconde un secreto. En este caso no son los superpoderes de una bruja ni un extraterrestre, sino la identidad y el verdadero objetivo del matrimonio: son espías soviéticos entrenados para lucir como estadounidenses. Fueron infiltrados con identidades falsas en EE.UU. y ahora viven en Washington, con un ojo en Moscú y con el otro sobre el enemigo. Su trabajo incluye ser un matrimonio, con lo que eso involucra, incluso tener niños y educarlos en la mentira. Todo en esa familia es falso, pero al mismo tiempo verdadero.

The Americans recrea los ’80 de un modo diferente al habitual; no son los años de quienes eran adolescentes en esa época, sino de los adultos que se habían resignado a un mundo partido en dos y que trabajaban, en su mayoría, para el gobierno. Hombres y mujeres de trajes grises y vidas planas. Una camada de personajes, que como peones burocráticos, sirven a un poder mayor que los domina. Elizabeth y Philip mantienen en medio de todo, algo parecido a una relación romántica, frustrada por la desconfianza y limitada por el deber. The Americans es una serie de época, sobre espionaje y paranoia, pero por sobre todo es una serie sobre las lealtades bajo sospecha.