Está en proceso de recuperación. Amaya Forch (42) dice que recién empieza a levantarse tras la repentina y dolorosa separación del periodista y conductor del noticiero central de TVN Amaro Gómez-Pablos; que tomó por sorpresa a mucha gente a comienzos de año. Tras meses de un profundo duelo y “de llorármelo todo”, Amaya asegura estar retomando su vida: volvió a la actuación (debutará en la séptima temporada de Los 80), sigue dando conciertos de boleros junto a Valentín Trujillo y está con una rutina de ejercicios que no sólo la tiene delgadísima y tonificada; además llena de energías para enfrentar —dice— este nuevo período de separada, junto a sus hijos Julieta (8) y Alonso (1).

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El camino eso sí no ha sido fácil, menos cuando la actriz reconoce que “estaba enamorada hasta las patas”, que jamás intuyó que su relación venía mal y mucho menos que terminaría de manera tan abrupta tras casi diez años de matrimonio, a pocos meses de nacido su segundo hijo. Una historia de amor que partió el 2004 durante un evento benéfico y que fue fulminante, al punto que a los tres meses ella estaba embarazada de Julieta y que incluso despertó prejuicios en cierto público que veía en Amaro al “yerno ideal”; y a ella, como la “chica mala” por el rol que había cultivado como jurado del programa juvenil Rojo. 

En el 2006 se casaron por la Iglesia en Roda de Isabena; un pueblo español cerca de los Pirineos donde viven algunos parientes del periodista. De a poco, la gente empezó a aceptar la relación, y ellos a verse más consolidados, al extremo que él hablaba de lo extraordinaria que era Amaya, y ella hace pocos meses declaraba a CARAS cómo Amaro le había devuelto el concepto de familia, la seguridad y el optimismo. 

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Por eso impactó cuando en enero salió la noticia del quiebre. Y aunque Amaya no ahonda en las razones de la ruptura —por respeto a sus hijos y porque aún no las tiene claras—, los rumores apuntan a una supuesta infidelidad del hombre ancla de Televisión Nacional.

Ella se quedó con sus hijos en la casa familiar que compartían en Vitacura. Para la actriz, lo más difícil de continuar el camino sola ha tenido que ver con su propia rebeldía, con aceptar ser parte de las estadísticas en una sociedad donde hay cada vez más separados. “Hay un tema social fuerte, la necesidad de satisfacción inmediata, de quererlo todo altiro, que ha hecho perder el romanticismo, la poesía. Esa necesidad exagerada de comunicarse, el bombardeo de estímulos externos, la búsqueda de adrenalina y de nuevas sensaciones ha ido matando el amor. Miro para el lado, ¡y están todos separados! Y por mi lado punk, ¡me da pica ser parte de eso! Aunque, por el otro, saber que es una realidad “compartida”,  me da fuerzas y me hace sentir que ahora pertenezco aquí. Hoy siento una gran empatía por nuestro género… Mira, ha sido un proceso de aceptación largo, la verdad… Me ha costado acomodarme a lo nuevo que viene”.

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—¿Qué ha sido lo más difícil?

—Me ha costado dejar de relacionarme con la otra persona. Cuando vives en pareja te acostumbras a buscar el comentario, afirmación, confirmación y opinión del otro. De pronto, eso ya no está, y sentí el vacío. Buscaba ese feedback, pero mi impulso físico y emocional quedaba en el aire… y volvía a mí, y ahora era yo la que tomaba las decisiones. Fui recuperando lo mío, mis gustos y mis resoluciones. Muchas veces dejamos de lado nuestra opinión por validar la del otro, y ahora la mía es la que vale en todo momento. Eso me entusiasma; he vuelto a reencontrarme con quien era yo antes de casarme…

—Aunque ahora todo el peso de las decisiones recae en usted.

—Tendemos a pensar que hay un tipo de amor importante: la pareja y los hijos, pero en situaciones así aparece un abanico de otros amores con el que terminas compartiendo tus decisiones. Me he sorprendido con el cariño, con amistades que han aparecido no por la copucha, sino para acompañar. Lo mismo mi familia y gente que no conozco y que se manifiesta por las redes sociales, en las calles. Estoy abierta a recibir el cariño. 

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—Da la sensación de que el término de su matrimonio la pilló por sorpresa. ¿Nunca tuvo sospechas de que algo andaba mal?

—Estaba viviendo un proceso muy importante en lo familiar, de pareja y personal que era el nacimiento de nuestro segundo hijo. Un momento de máxima alegría, de concreción familiar, de reafirmación de ambos, de lo que significa tener otro niño, que  buscamos por años. Estaba sumergida en esa maravilla, en lo que significaba para Julieta tener un hermano, de enseñarles a quererse, descubriendo el lado masculino de la educación…

—¿Y qué pasó?

—No lo sé, esa respuesta no la tengo yo. Tampoco le he dado muchas vueltas; no sirve. Más que buscar razones, escarbar o esconderme en el pasado, me he centrado en el presente, en aceptar la realidad y vivir los procesos que tengo que vivir. No me gusta quedarme pegada.

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—¿Y acepta todo sin cuestionarse nada?

—Es el futuro el que da las respuestas. En momentos de incertidumbre, por más que busque, nunca encuentro explicaciones. Cuando logro calmarme, espero y vivo el día a día, éstas aparecen solas. Por eso ya no busco motivos, razones, momentos, culpas. Hacerlo sería una forma racional de calmar lo emocional. Mi mente buscaría y buscaría hasta encontrar algo que me pudiese satisfacer los sentimientos, ¿para qué?, ¿para engañarme? ¿Qué respuesta podría satisfacerme? Prefiero tomarme el tiempo y esperar. Me pasó, por ejemplo, con la serie Los 80. Llevaba meses buscando trabajo y hubo varias posibilidades que no resultaron. Y yo me preguntaba ¡¿por qué?! Hasta que llegó la invitación al casting de Los 80 y ahí entendí por qué lo anterior no funcionó. Todo lo que me ha pasado lo tomo como enseñanza, a la vida no se la peleo…

—Y cuando se trata de salvar su matrimonio, ¿tampoco?

—No entraré en eso… Sólo puedo decir que estoy tranquila, y cuando digo que no doy la pelea, me refiero a que no le peleo a la vida los acontecimientos. Cuando me he enfrentado a situaciones difíciles, me enfoco en lo que debo aprender, en entender por qué me está pasando. Vivo el proceso a concho, y avanzo. Para que la pena deje de ser infinita, hay que vivirla intensamente. Significa llorar todo lo que debes llorar, que te duela todo lo que tiene que doler, y si hay que despertarse llorando en la mañana, ¡que así sea!, no evitarlo; así solo se va limpiando… No hay que evadir las emociones, sino ¡vivirlas! Y si algo aprendí, es que debes aprovechar al máximo el presente y preocuparte menos del futuro; disfrutar lo que tengo, los afectos, porque nada es para siempre. Me costó entenderlo…

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—¿Cuándo terminó su duelo?

—Hace poco más de un mes, el primer día que volví a actuar en Los 80. Ahí sentí que me volvía el alma al cuerpo. (Con Amaro) estuvimos muchos años intentando que yo quedara embarazada, tenía mis energías puestas ahí, ahora es el minuto de salir. Mi regreso tiene que ver con volver, buscar, con tus energías, que la gente se acuerde de ti. Y si bien antes podía trabajar, no podía hacerlo en un ciento por ciento estando casada con una persona que por su trabajo y ante cualquier catástrofe mundial debía partir. Yo era la contención de mi casa, y aunque lo sigo siendo, hoy quiero volver con todo, tengo el tiempo, y porque creo que en la medida que mis hijos vean a su madre y padre felices, ellos también lo serán. Aún existe la creencia de que uno debe sacrificarse y mantener el matrimonio a toda costa por ellos. Creo que su felicidad radica en el cariño, contención y presencia de los padres, pero sobre todo en que estén realizados. Si esa felicidad es estando separados, pues bien.

—Se habla que una supuesta infidelidad de Amaro con una modelo venezolana habría gatillado el quiebre…

—No hablaré de eso… Es un tema que conversaré primero con mis hijos, ya que como padres debemos ayudarlos a que entiendan. Cualquier cosa que digamos públicamente al respecto puede dañarlos. En eso no transaré. Además, sean cuales sean los motivos de una separación, siempre en Chile la mujer es la culpable; un machismo que me impresiona. Si es por desencuentros o desamor, la culpa es nuestra por histéricas y brujas; si es por infidelidad de la mujer, es una suelta mal agradecida; y si es por infidelidad del hombre, la señora se dejó estar, ya no se hace la depilación brasileña, lo descuidó o la amante lo engatusó. 

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—¿Y no es mejor aclarar las cosas para evitar precisamente ese tipo de rumores?

—Las especulaciones siempre existirán. Y con todo el respeto que me merecen el público y los periodistas, no es a ustedes a quienes debemos una explicación, sino a nuestros hijos. Insisto, como padres tenemos que buscar la mejor manera para ayudarlos a entender y aceptar. Comprendo el interés que genera, sobre todo en este país tan copuchento, pero la exposición mediática de nuestras profesiones tiene límites, y éstos radican en el posible daño a los niños…

“He perdonado infidelidades, y de joven lo fui alguna vez… Todos estamos expuestos a serlo, el punto está en si uno permite o no esa infidelidad, en si eres capaz de llevar ese coqueteo a la cama y asumir las consecuencias. Es un asunto muy personal, y pocas veces tiene que ver con la pareja. Por lo general responde a la necesidad de llenar un vacío que puede producirse por estrés laboral o por la búsqueda de adrenalina y emoción. Hay parejas a las que les funciona vivir así, a quienes les da un nuevo impulso en su relación, y otras que incluso hacen swingers. No creo en generalizaciones ni clichés en el amor”, asegura la actriz.

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—¿Cómo es su relación con Amaro hoy?

Creo que bien… Amaro será siempre mi familia; es el padre de mis hijos, en ese sentido estaremos emparentados el resto de la vida. Hay mucho cariño por lo vivido juntos, es imposible ver a mis niños y no verlo a él; ¡Alonso camina igual! Es difícil no visualizarlo en todo lo que hago, en los rincones de la casa. Los dos estamos tratando de acomodarnos a esta nueva etapa, viendo cómo se hace. Nuestra relación está en un proceso diario de evolución. Refleja el dolor y pena de la realidad de no estar  junto a la persona que alguna vez amaste intensamente y con quien soñaste estar para siempre. Pero las relaciones cambian, se transforman, y estoy segura de que seremos especial en la vida del otro, por todo lo que vivimos y nos amamos.

—Usted confesó estar enamorada “hasta las patas”, ¿qué pasa con ese amor cuando no es correspondido?

—No sé a dónde se va el amor; me imagino que se guarda en algún rincón del alma, se atesora junto a las alegrías vividas…

—Es de las que cree que una pareja puede distraerse, necesitar un coqueteo… ¿No será éste un simple paréntesis?

—Solo el tiempo lo dirá. Como te decía, el futuro te da las respuestas, y hace que muchas cosas que te ocurren cobren sentido. Por eso hay que vivir el presente lo mejor posible. Y fíjate que la vida es curiosa; mis papás se separaron cuando yo tenía 8 años y mi hermana estaba recién nacida, ¡igual que mis hijos! Son sincronías en que dices “esto es más que casualidad”. Tengo la experiencia del otro lado, la empatía que me conecta conmigo, mis padres e hijos, y hoy puedo ponerme en el lugar de ellos y entenderlos mejor. Mi misión es formar a Julieta y Alonso.

—Ha reconocido que con Amaro recuperó el concepto de nido, la seguridad y el optimismo, ¿cuán frágil queda sin él?

—No, ya estoy armada, tranquila, segura, ¡ahora no me para nadie! Ya no soy tan tímida; lo era en todo sentido, hoy no tengo dudas ni miedos arriba de un escenario. Es algo que yo logré, ¡y sigue siendo mío! Y aunque suene poco creíble, siento que estoy empezando un súper buen momento. Un gran amigo (Juan Grau) siempre decía: “No es malo para la flor que se rompa el macetero”… Hacen bien los remezones para despertar, reaccionar y volver al centro. Ahora es tiempo de alegrías, satisfacciones y placeres. Quiero bailar hasta el amanecer, reír a carcajadas, disfrutar de las sorpresas positivas, de las cosas bonitas…

—¿No hay resentimiento con su ex?

—No, nada. Sólo cariño, pena y dolor. Creo que seremos grandes amigos…

—¿No lo culpa de que fracasara su proyecto familiar?

—Es que no es mi gran proyecto, es un aspecto, pero mi familia e hijos no son mi única razón en la vida. Es un puzzle donde se conjugan varias piezas, quizá por eso no se me cae el mundo a pedazos ni se me destruye la existencia. Es un momento difícil, se me rompieron muchos sueños, pero siempre aparecen otros caminos…

Está delgada, ultratonificada. Parte de su terapia ha tenido que ver con la actividad física y con volver a sentirse bien, atractiva. A los cuatro meses de nacido su segundo hijo comenzó una exigente rutina de ejercicios de tres a cinco veces por semana, con la personal trainer Denise Saure. “Siempre fui deportista, tenía la necesidad… Cuando nació Alonso quería sentirme con energías, que la sangre fluyera por mi cuerpo, y me puse a entrenar. Fueron tres meses de fortalecer mi espalda; tengo vértebras y el coxis quebrado, varias hernias, y la única manera de mantenerme en pie es con una buena musculatura que afirme la columna. Después seguí con ejercicios cardiovasculares y ahora hago de todo, incluso trotar; y eso que me habían dicho que nunca más podría volver a correr”.

—Está con un físico envidiable, debe andar con el ego por las nubes.

—No sé si por las nubes, pero a mis 42 ando bien. El ejercicio es una ayuda porque tiene que ver con superar el dolor, seguir adelante, lograr metas, generar endorfinas, que fluya la sangre, levantarse y practicar a pesar del clima… Y ahora que se acerca el verano, uno empieza a ponerse más obsesiva, quiere más y más…

—Además soltera, estará más vanidosa.

—Una amiga me decía el otro día: ‘Uy, pareces recién separada; estai bien mina; es un clásico que las mujeres se pongan así en esta etapa’. ¡Yo me reía sola!

—Se “vuelve al mercado”. ¿Preparada a conocer gente, iniciar una nueva relación?

—No tengo miedo a nada, ni a lo que pasó, ni a lo que estoy pasando, ni a lo que viene. Cualquier cosa la viviré cuando me toque, recién ahí sabré cómo estoy, si quedé desconfiada o no. Creo que el amor existe, no estoy desilusionada. Ahora quiero pasarlo bien, conocer gente, salir, hacer cosas entretenidas, que me regalen flores en la calle.

—¿Cómo debiera ser el hombre que la vuelva a enamorar?

—No tengo idea, poesía, que sea romántico, ¡que no me hable de la ex! (ríe) Por ahora no estoy buscando. Hoy no necesito contención. Estoy empoderada, no sé lo que necesitaré más adelante, lo único claro es que protegeré a mis hijos y no los expondré ni los ilusionaré con nada… Bueno, eso te lo digo hoy, a lo mejor en seis meses me vuelve la locura, ¡y los expongo a todos!

—¿Se casaría de nuevo?

—Hoy no, en el futuro, ¡qué sé yo! De Amaro me enamoré de un día para otro, ¡hasta las patas!, no sé si me vuelva a pasar, y si ocurre, ahí veremos. No tengo expectativas, miedo ni rencores, ¡no cargo con nada! No me gusta ser víctima de mi vida, cargar pesos, sólo te lleva a pasarlo mal. Me gusta ir tranquila, liviana, feliz, viviendo cada proceso a concho, creyendo que hay un motivo más allá y que los entenderé a futuro cuando mire hacia atrás.