Estuvo casi cuatro años intentando un segundo hijo. Amaya Forch (40) y su marido, el periodista Amaro Gómez-Pablos (45) probaron diferentes métodos, desde los espirituales hasta la estimulación hormonal, pero no lograban resultados. Incluso pensaron en concretar la idea que tenían desde hace mucho tiempo de adoptar un hermano para su hija mayor Julieta (7) —posibilidad que sigue abierta—, hasta que la actriz quedó al fin embarazada de un niño que nacerá en estos días, y a quien bautizarán Alonso, “en honor a Alonso Quijano, El Quijote, para que luche contra molinos de viento por cumplir sus sueños”, dice su madre con sus ojos celestes brillantes de emoción.

Amaya mira hoy con mayor distancia esa etapa de búsqueda de su hijo y comprende las razones que demoraron su embarazo. En el 2009, la actriz pasaba por un buen momento profesional. Era protagonista de los musicales El Quijote de la Mancha y My fair lady, “y mirando hacia atrás, embarazarme en esos días ¡era difícil! Estaba incursionando en un género nuevo, donde bailas, cantas, actúas, lo que te exige mucha energía, con alto nivel de estrés. Resultaba complicado programar una guagua con ese ritmo, y con un marido sujeto a las catástrofes del planeta, ¡menos! (ríe)”.

A eso se sumó una dolorosa salida de esta nueva faceta profesional que había iniciado. “Por mí habría seguido con los musicales, pero no me llamaron más. Según los rumores estaba muy vieja para el espectáculo que venía: Cabaret…”, recuerda. “Me entregué en cuerpo y alma a ese proyecto. Sin embargo en ese tiempo decidí sacar mis discos —de villancicos, boleros y cuecas—, que tenía pendientes hace quince años… Una vez que ordené mi vida, me realicé y cerré esos procesos, logré un estado que permitió que llegara mi guagua”.

Este hijo viene a consolidar su proyecto de familia con el hombre ancla de TVN, relación que partió cargada de emociones y prejuicios. Se conocieron el 2004 para un evento benéfico del tsunami asiático, en momentos en que el periodista comenzaba a dejar atrás la triste partida de su señora Pilar Ruiz aquejada de un cáncer. El amor entre Amaro y Amaya fue fulminante, al punto que a los tres meses ella estaba embarazada de Julieta; noticia que impactó a muchos y molestó a otros, por la imagen de ‘mala’ que ella había cultivado en su rol de jurado en el programa juvenil Rojo. “Me escribían cosas horribles”, recuerda con voz suave y apacible.

Ya han pasado casi diez años, y la actriz cuenta que formar familia con Amaro no sólo la ayudó a dejar atrás un carácter ‘enrollado’ y un cierto pesimismo para ver la vida. También le dio las armas y seguridad para desarrollar su veta de cantante y atreverse a sacar su trabajo discográfico. Ya tiene listo un nuevo disco de boleros que grabó con Valentín Trujillo —que es sólo voz y piano—, y que espera lanzar una vez nacido Alonso.

“MI GUAGUA LLEGA EN EL MOMENTO PRECISO. Julieta ya tiene siete años, además de sentir que viene su hermano, hay una complicidad femenina conmigo. Está más grande, entonces es más que jugar a las muñecas; es muy bonito vivirlo con ella. Tengo la suerte de ayudarla a comprender el nacimiento, la vida… Está súper pendiente, ansiosa, feliz, cariñosa, da gracias todos los días por Alonso”.

—¿Y Amaro?
—¡Rejuvenecido! A esta edad sentirte fértil, ver que tu cuerpo genera otras vidas, es importante. Me siento súper ágil ¡a pesar de la tremenda guata! Nos viene en un súper momento, nos reafirma que aún tenemos mucha vida. Somos padres estimuladores, nos gusta motivar a Julieta en distintas áreas, somos súper juguetones, ¡papás locos! Amaro tiene todo este cuento de la aventura, el deporte, esa cosa más extrema; yo en cambio, soy la mamá amiga, compañera que pone reglas.

—¿Pensaron en algún momento que no podrían tener más hijos?
—Nunca tuvimos miedo, sólo ganas de más niños. Estábamos disfrutando de Julieta y pasaban muchas cosas en nuestras vidas; no alcanzamos a angustiarnos. Pensaba que si resultaba sería fantástico, si no, estaba bien. Sí me emocionaba la posibilidad de adorar a otro ser como a mi hija. Quería que tuviera hermanos, y ayudarlos a que fuesen amigos y compañeros de vida. El rol de los padres es vital en esa relación. Pretendo enseñarles a ser familia para siempre.

—¿Alonso fue concebido naturalmente?
—Son secretos de alcoba que no revelaré…
—¿En qué momento pensaron en la posibilidad de la adopción?
—Desde que pololeábamos teníamos ganas; nos gusta la idea de hijos naturales y adoptivos. Ahora hicimos una pausa por el embarazo, pero está abierto para más adelante. La verdad es que hay tantos niños que necesitan cariño, protección y una familia, que con Amaro queremos compartirlo con uno de ellos.

—Como pareja partieron enfrentando prejuicios de la gente, ¿por qué cree que provocó tanto rechazo su relación?
—Eramos el yerno ideal y la mala de Chile… Con cualquier mujer iba a ser difícil por la imagen de Amaro, pero estaba tan enamorada, que lo asumí como el costo que debía pagar. Me molestaba sí leer por internet cosas tan fuertes como que ojalá muriera la guagua que esperábamos, ¡horrible! Fue injusto y doloroso, pero lo entendí como una reacción mediática.

—¿Cuándo empezaron a aceptar su relación?
—Como a los dos años; somos bien tranquilos, y se dieron cuenta de que no soy tan mala, ni Amaro tan bueno (ríe)… La gente opina de todo, e internet da pie para ello. Justo en esa época empezaron las redes sociales, y somos un país pelador. El programa Rojo —donde hice de jurado muy pesada— dañó mi imagen. También está esa cosa chilena de tratarte por detrás como una tal por cual, pero en tu cara son un amor…

—Tuvo que convivir además con el recuerdo de su ex esposa que murió de cáncer… ¿Cuándo se sintió oficialmente su mujer?
—Las dos somos mujeres de Amaro; yo soy la actual…

—¿Y puede convivir bien con eso?
—Sí, no soy celosa, menos de su pasado, porque su historia lo transformó en el hombre que es hoy. Ellos tuvieron un matrimonio muy bonito, con situaciones maravillosas y también difíciles, ¿cómo voy a rechazar eso?, ¡sería rechazarlo a él! Ni siquiera me lo cuestioné ni tuve problemas con las fotos de Pilar ni con su familia: el hermano menor de ella es muy regalón nuestro. Esto no es una competencia, formamos parte de la misma historia, y negarla sería absurdo.

Lea la entrevista completa en la edición del 26 de abril.