Alvaro Escobar, célebre actor, músico de rock, ex diputado, Licenciado en Ciencias Jurídicas, animador de radio y televisión… Es menos alto de lo que imaginaba, pero con mucha personalidad, encantador y, sobre todo, buena onda. Mientras caminamos por las oficinas de Mega, saluda y conversa con todo el mundo. Sus asistentes, que ya lo conocen, tienen que ‘lacearlo’ cuando lo quieren llevar de un lado a otro.

Empezamos hablando de su fanatismo por la Universidad de Chile, donde jugó como puntero derecho en la juvenil. En Estados Unidos —nació en Bethesda (Maryland, justo al norte de Washington)— fue campeón Sub-16 de soccer. Su padre, Fernando Escobar Cerda (hermano de Luis Escobar Cerda, el ministro de Economía de Jorge Alessandri y de Pinochet), era un destacado economista del FMI y del Banco Mundial. Primero salieron campeones de Maryland; después, de la Costa Este; luego de Estados Unidos, y al final derrotaron al campeón de Canadá en el estadio de San José (California). “¡Fuimos campeooones!, ¡fue bonito!, y transmitió ESPN”, recuerda.

Cuando regresó a Chile, venía con una fractura en tallo verde de un tobillo, “pero así y todo seguí jugando. Mi último partido fue contra Iquique y un esguince me llevó para la casa”. Tenía 18 años.

Cuando regresó a Chile, venía con una fractura en tallo verde de un tobillo, “pero así y todo seguí jugando. Mi último partido fue contra Iquique y un esguince me llevó para la casa”. Tenía 18 años.
Con el horario de trasnoche, se las arregla para sumar horas de sueño. Cada día el despertador suena a las 10:15. Con Modern Family tiene que estar en el set, en Chicureo, a las 12:00. “Me pasan a buscar a las 11:00. Entonces agarro otro ‘tutito’ en la van. Es bien frecuente que duerma entre cuatro a cinco horas. Depende del programa anterior. Kike Morandé a veces entrega tarde. La semana pasada varias veces salimos a las 2:45 ”.

—¿El late es por un plazo fijo?
—Tengo contrato por tres años.

—¡Debe ser como toda una vida!
—El contrato más largo que he tenido ha sido con el pueblo de Chile. Los cuatro años de mandato constitucional.

—¿Qué te parece la propuesta de que los parlamentarios no se puedan reelegir?
—Siempre se presentan proyectos de reforma constitucional… Renuncié al PPD el año que se rechazó la reforma al binominal. Yo mismo presenté un proyecto que limitaba la elección de diputados a dos períodos como máximo. A un ex parlamentario le cuesta insertarse en la civilidad. No tienen un sueldo de por vida. No hay ningún tipo de previsión.
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—¿Siempre has vivido en La Reina?
—Toda mi vida adulta. Vivo en una casa que debe haber sido del cuidador cuando acá había un fundo. Vendí el auto que me gané en Vértigo (un Mazda 2 que remató por Twitter) para hacerme una pieza. Entonces los dos con mi hija compartimos ese espacio en “la casa del verdadero bosque”, como le dice ella. Tendrá 80 ó 90 metros cuadrados, una casita de ladrillo sin alcantarillado: tiene fosa. Pero, ¡para qué más!

Estudió en la escuela de Derecho de la Chile, “nunca más volví a vivir esa diversidad. Ahí convivíamos desde los Lautaro que se escondían (y a los que les ayudábamos), Patria y Libertad, nazis, miristas, la Jota, liberales”…

—¿Qué eras tú?
—Siempre fui independiente. En el ’89, cuando más me acerqué a la militancia, fue con el PPD.

—Que era instrumental…
—Fue la primera gran cuchufleta que se mandan para inaugurar el período democrático: Velar por la transparencia del Plebiscito. Ganarle a la dictadura con un lápiz. Yo tenía 22 años, nunca había militado, pero sí tenía una cosa clara: que entre la democracia y la dictadura prefería la democracia, y eso me hizo sentido. Termina el Plebiscito, volvemos a la democracia, alcanzo a ser dirigente estudiantil… Iba como independiente. Me metían ahí porque todavía se comían el discurso ‘instrumental’. Hasta 1991. Estaba Jaramillo (Armando Jaramillo Lyon), que era liberal. ¡Bonito! En esa época cerraban las listas, entonces siempre era un DC, un PS y después metían a un independiente de oposición; ahí entraba yo. La militancia sí se hizo relevante para mí cuando, 17 años después, estoy animando un programa de la mañana en Radio Cooperativa, con Cecilia Rovaretti y una de esas ilustres visitas en tiempo de elecciones me ofrece ser candidato a diputado.

Carlos Ominami. Yo dije que estaba disponible. Me encerraron en el Comité Central del PS, en el Diego Portales, aprobaron mi nombre y al ratito descubren que tengo militancia en el PPD.

—¿Quién?
—Carlos Ominami. Yo dije que estaba disponible. Me encerraron en el Comité Central del PS, en el Diego Portales, aprobaron mi nombre y al ratito descubren que tengo militancia en el PPD. Al final, se arregló por dentro. Me presenté como PPD y, en agosto de 2006, siendo diputado por Maipú, Cerrillos y Estación Central, renuncié al PPD.

—Elegido con más de cien mil votos.
—Con primera mayoría nacional —recalca lentamente—. Si el PPD se la quiere atribuir, que lo haga, pero yo en el caso de ellos me pondría rojo.

También ganó la segunda elección. Obtuvo 21.81 por ciento y fue segunda mayoría detrás de Mónica Zalaquett (UDI), pero, por el sistema binominal, lo desplazó Pepe Auth (20.72 por ciento).
“Para hacer política hay que pasar por la militancia de base, y la verdad es que tuve muy poca paciencia. El nivel de peleas, de tonteras, es una verdadera pichanga”.

—Has sido futbolista, actor, músico, político, locutor, animador…
—El recuerdo que tengo de mi infancia es haberme preparado toda la vida para ser futbolista profesional—interrumpe Alvaro—. Hasta que salí del colegio.
—De todos estos medios, ¿cuál es el más chaquetero?
—¡Ah, sin duda el de la política! La de hoy, porque la de los ’80 era muy distinta. Uno no se perdía; el bien superior estaba clarito. Además, ¡no había cargos para pelearse!

—En la música igual el ambiente es complicado…
—Eso es amoroso, tierno al lado de esto otro que hace daño.

—¿Y en el teatro?
—Depende de con quién uno se vincule. Porque desde ese punto de vista uno igual puede encontrar parejas malas, odiosas. Entonces uno dice: ‘Oye, el matrimonio es insoportable. No, pues, ¡usted se casó mal, señor!’
Su matrimonio con la guionista Coca Gómez duró un año y medio; estuvo entre siete y ocho años con la productora Paulina Aguilar, con quien tuvo a su hija Aurora y hoy lleva tres con Raquel González, instructora de yoga iyengar.
El hizo dos niveles de reiki y ahora se prepara para la maestría. “Siempre tuve altar; no sé de dónde viene esto, porque mi papá y mi mamá no eran (religiosos)”.
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—Después de haber hecho tantas cosas, parece que lo que más te acomoda es la conducción en TV.
—Sí; me sale natural, lo que no quiere decir que sea bueno o malo. Me intereso mucho por la persona que tengo ahí. Encuentro que es milagroso, bonito, ponerse a disposición de alguien que tiene una historia, un recorrido vital.

—También le das un toque dramático, como en el caso de Ricarte Soto.
—Depende de los invitados. En el caso de Ricarte hay una delicadeza más subrayada. Por él y por el espectador. Que no haya nada que dé pie para pensar que uno está siendo morboso, sino que, al contrario, uno está siendo cuidadoso, delicado. Quiero mucho a las personas que tengo ahí.

—El programa es distinto: no tienen el típico escritorio; se fue la banda…
—El espacio se hace a sí mismo al aire. Una prueba de ello fue el enfrentamiento entre Francisco Vidal y Pedro Ruminot (de El club de la comedia) . Vidal estaba fuera de escena, sacándose el micrófono, y le molestaron los comentarios de Ruminot: “Son insoportables. Ver a Francisco Vidal con De la Maza es como ver pelear a dos hermanos gemelos”, decía Ruminot. Escobar alentó a Vidal a que regresara, y éste encaró a Ruminot: “¿Sabís quién te aplaude a ti? La derecha”.
Le ha ido bien a Más vale tarde. En el horario (después de medianoche), marcan primeros o segundos. Los expertos dicen: ‘El principal competidor es el sueño’. Tienen cuatro auspiciadores y se mueven harto en redes sociales. “En el ‘Twitter meter’ estamos muy bien”.

Si tuviera música de fondo esta entrevista, sería de Los Blops. Son el grupo favorito de Alvaro, quien realizó el documental Memorias del rock chileno (nominado al Altazor).
Aprovechaba los momentos que había entre escena y escena para revisar los archivos mientras grababa sus últimas dos teleseries en Canal 13. Reunió una caja con 150 cintas grabadas y se las mostró a Paulina Aguilar, la madre de Aurora (su única hija). “Le conté que tenía entrevistas desde el Gato Alquinta hasta Humberto Lozán, pasando por Cucho Fernández y Camilo Fernández; quienes después todos murieron”. Incluso descubrió al primer roquero chileno: Williams Rebolledo, William Reb y Los Rock Kings, que hacían rocanrol en 1956 (¡antes de Peter Rock!).

Paulina obtuvo un fondo concursable y juntos armaron este gran documental. Años después, cuando Alvaro postulaba a su segundo período parlamentario lo presentó al CNTV, y también lo ganó.

Paulina obtuvo un fondo concursable y juntos armaron este gran documental. Años después, cuando Alvaro postulaba a su segundo período parlamentario lo presentó al CNTV, y también lo ganó. De allí salió la serie de cuatro programas que a veces dan en la señal del Cable del 13.

—¿Tu canción favorita de Los Blops?
—Probablemente Del volar de las palomas. No la cantó nunca Juan Pablo Orrego. La única versión que existe es la de Angel Parra. Otra súper bonita canción es Vértigo.
Ha tenido dos grupos de rock: Yunke y Todavía no es nunca. Le gusta tocar guitarra.
Finalmente, le avisan que el radiotaxi lo espera. Se ofrece a llevarme. En el auto vamos conversando de Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison; de poesía…