De la temporada 2 de 13 Reasons Why hay que partir diciendo que:

—13 episodios de 1 hora cada uno es demasiado y se nota su forzada prolongación. Nada que a l@s viud@s de la serie les vaya a interferir porque, asombrosamente y a pesar de todos sus numerosos baches, se deja ver (y uno quiere seguir viéndola).

—Se entiende esta extensión porque el maltrato entre pares, al interior de los colegios —bullying, acoso, golpizas, abuso sexual— es una dolorosa realidad universal que no puede menos que tocar a jóvenes, educadores, padres. Es decir, a la sociedad toda.

—Dicho lo anterior, y constatada la conmoción que provocó la serie, también se entiende la decisión comercial de Netflix por elaborar una segunda temporada.

SI NO HAY CASSETTES, HAY UN JUCIO… Y UNAS POLAROIDS  

Había cierto ingenio en esto de los 13 cassettes que Clay Jensen (Dylan Minette) recibe con la revelación, en la propia voz de Hannah (Katherine Langford), acerca de qué y quiénes la habían empujado al suicidio. Uno a uno se nos fueron presentando a los personajes principales de aquella pequeña comunidad, abriendo las zonas grises y las muy oscuras del Instituto en que los adolescentes cursaban sus últimos años. El mecanismo al que los guionistas recurren para organizar esta T2, que se inicia 5 meses después de la T1, es un juicio: el que entabla la madre de Hannah, Olivia Baker (Kate Walsh) en contra del colegio.

El juicio sirve para: ahondar en las historias de varios de los secundarios; encontrarse con sorpresas del pasado de los protagonistas; introducir nuevos personajes; organizar (o dilucidar) los romances pendientes. Como en los cassettes, por los tribunales circula todo ello. Así, Jessica (Alisha Boe), Tony Padilla (Christian Navarro), Courtney (Michele Selene Ang), Justin (Brandon Flynn), Alex (Miles Heizer), Tyler (Devin Druid) y el consejero Kevin Porter (Derek Luke), además de algunas madres y padres, tienen su propio arco dramático y un entorno que los erige como personajes relevantes.

¿Por qué Olivia Baker demanda al instituto y no se querella por violación contra Bryce Walker (Justin Prentice), el capitán del equipo, el aborrecible por excelencia? Complicado de responder. No solo por evitar los spoilers, sino porque esta es una de las tantas grietas del guión. Si bien circulan 13 voces relatando, Clay y Hannah siguen siendo el centro. Ella está muy presente en los numerosos raccontos con que se construye la narración y en un permanente diálogo presencial-fantasmagórico con Clay. Todo ello se sazona con misteriosas fotos polaroids que son dejadas, con mensajes escritos, en diferentes lugares para que Clay las vea.

También aparecen carteles, rayados, algunos destrozos y una serie de pistas que cumplen la función de mantener el interés del espectador que se verá tentado a poner flash forward en ciertas oportunidades a lo largo de los 13 episodios.

ADVERTENCIAS DE LOS REALIZADORES Y UNA ESCENA EXCESIVA  

Es sabido que los creadores de la serie debieron enfrentarse a airadas críticas por el efecto que esto tendría entre las comunidades juveniles. Por ello, en esta T2 todos los episodios incluyen una invitación a visitar una guía de discusión. También se ofrece el acceso a varios videos, en los cuales el elenco aborda temas que están en la serie, como el bullying, asalto sexual y abuso de drogas. Y se recomienda dirigir a los lectores al link 13ReasonsWhy.info “en caso de necesitar ayuda o apoyo”.

No bastando esto, hay al menos tres episodios que abren señalando que en las siguientes escenas hay contenidos fuertes y de alta violencia. Incluso se aconseja que de ser visto por adolescentes, lo hagan acompañados por adultos. De las secuencias mencionadas hay una particularmente brutal, de una violencia horrible, patibularia, completamente fuera de contexto, del todo inexplicable, que asalta a un espectador aletargado por un episodio más bien somnoliento. ¿Sería para despertarlo o para intentar construir una T3?

ALINEÁNDOSE CON LAS DEMANDAS DE LA ACTUALIDAD  

#MeToo Hay que darle el mérito a esta serie (basada en la novela de Jay Asher) de haber puesto el tema de los abusos al centro del patio del recreo y de las reuniones de padres y apoderados. Esta vez, los realizadores recogen lo acaecido posteriormente, y en la realidad, con las denuncias que partieron en Hollywood y no se han detenido. Uno de los episodios, casi en su totalidad, replica el #MeToo en una curiosa secuencia en el tribunal. Pero también se ahonda en la discusión acerca de la relevancia del consentimiento explícito en las relaciones sexuales.

—LGTB Si en la T1 ya habían aparecido en segundo plano chicos gay o chicas lesbianas, aquí sus historias tienen un importante desarrollo. (No. No hay Trans).

—Los temas adolescentes. Entre tanta pirotecnia, cuesta rescatar aquello que se prodigaba en la T1 (a pesar de que en ésa también se estiraban innecesariamente ciertos capítulos): aquellas reflexiones tan cotidianas pero relevantes en torno a la adolescencia.

Aquí están, por cierto, pero hay que bucearlas: La amistad como parte de la supervivencia; la urgente y desesperada necesidad de pertenecer a un grupo de pares; la dificultad casi innata de comunicarse con los adultos, pedir ayuda, aceptarla, verbalizar los dolores. Aquello de “están los que sufren y están los que hacen daño”. Porque así de radical es la adolescencia.

En Netflix desde el viernes 18 13 episodios de 1 hora de duración.

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