—¿No habrá una forma de saltarse la parte mala de la vida?
—¿Y dónde está la buena?
Hannah y Clay conversan distendidos en el patio soleado y amplio de la escuela secundaria donde son compañeros. Tienen 17 años, unos padres que los quieren y se preocupan por ellos, son chicos sanos, ella es linda.

¿No es esta la mejor edad de la vida? ¿No quisiéramos todos volver a los 17?
13 Reasons why, la serie original de Netflix que acaba de poner en su parrilla, nos responde —a ritmo de thriller in crescendo— que no. Que para demasiados adolescentes esa etapa es una pesadilla, que entre ellos mismos pueden ser de una crueldad selvática, aún dentro de cierta “normalidad” teñida las más de las veces de inocencia.
Basada en la novela de Jay Asher, la historia comienza en los pasillos de la secundaria de una ciudad pequeña, donde uno de los casilleros luce la foto de Hannah, rodeada de corazones, flores, frases “Village”. Algunas chicas se sacan selfies en esta suerte de pequeño memorial.
Se han cumplido dos semanas desde que Hannah se suicidara.

Clay, un chico tímido y taciturno que siempre observa asustadizo, al regresar a su casa encuentra un paquete a su nombre. Dentro hay 13 cassettes que contempla nervioso: se los ha enviado Hannah para que conozca las 13 razones que tuvo para tomar su trágica decisión.
El tono juvenil y liviano con que se desliza este drama también es capaz de alternarse con humor, muchas veces ácido y muchas veces de parte de la propia Hannah, una chica ingeniosa y aguda.

Divertido el diálogo de Clay con su padre pidiéndole “esa radio vieja que tú tenías” para poder escuchar los cassettes. No le resulta fácil: se le traba, la mamá lo interrumpe cariñosamente y él reacciona ansioso y alterado. (¿Habrá algo más inútil que preguntarle a un adolescente ‘estás bien’ sin que responda con un falso y huidizo ‘sí, bien’?).
Su amigo Tony tiene un walkman —otra rareza en estos tiempos— y con este aparato escuchará el relato de una Hannah con voz animada y no poco de ironía, que, como un diario de vida, irá desgranando los hechos que precipitaron tan trágica decisión. Cada uno de esos hechos tiene un nombre propio.
La narración está permanentemente haciendo racontos y flashbacks de manera que Hannah y Clay comparten protagonismo. Ella, desde el pasado o narrando en off, él, como el testigo que nos conduce por el camino a la verdad.

Porque Clay no es el único que ha recibido este set de grabaciones, pero es el que no ha sido capaz, emocionalmente, de escucharlos todos de una sola vez. Y Clay son nuestros ojos y oídos.
A partir del segundo episodio usted empezará a quedar atrapado. Y lo que parecían cuitas más o menos banales alternadas con fiestas, coqueteos, béisbol, clases y tareas, va abriéndose en un abanico de profundas heridas que involucran a un círculo de ex amigas, matones del curso, bullying tonto e infantil pero dañino. Uno que va subiendo de intensidad y violencia a medida que nos adentramos en el día a día de este puñado de escolares.
Clay sabe lo que es eso porque lo ha vivido.

Esas habituales pesadeces de los 4 años del High School, de pronto van girando hacia un punto de thriller y suspenso, que hace sentido con un accidente en bicicleta que ha sufrido Clay al comienzo del relato.
Y con ello van surgiendo los lados oscuros de este grupo de chicos a los que por turno va apuntando Hannah en esta acusación post mortem. Revelaciones que pondrán en riesgo a nuestro frágil héroe.

Más allá del dinamismo y el suspenso que van tomándose el relato, la historia es un interesante barrido sicosocial de estos grupos adolescentes que conviven con harto menos armonía de lo que se espera de una comunidad escolar con más privilegios que carencias. Grupos impenetrables para los adultos a su cargo: consejeros, entrenadores, profesores, padres, todos ocupados e interesados en ellos que no logran traspasar la superficie y no pueden llegar a sus miedos y dolores, esos del tipo que llevaron a Hannah al suicidio.

Hay algo muy conmovedor y muy bien expuesto en esta mirada a la habitualmente idealizada adolescencia, que hace singular a esta serie.
Aplicable a cualquier momento de nuestra vida gregaria, en que siempre estaremos funcionando en grupos, en relación a otros. Porque, como dicen en 13 Reasons why , “nadie sabe el verdadero impacto que tiene en la vida de los demás”. Ni cuán frágiles podemos ser.
Muy recomendable.

*Desde el 31 de marzo en Netflix.
13 capítulos de 52 min de duración, aprox.

DATOS
-La serie tiene a Selena Gómez como productora ejecutiva (que también hizo una canción).
-Los tres primeros episodios fueron dirigidos por Tom McCarthy, ganador del Oscar por Spotlight.

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