Los 7 enanos de la menopausia
Especial Belleza
Las mujeres de hoy no están dispuestas a que el climaterio les eche a perder ni un minuto de sus vidas. Empoderada en su papel de Blancanieves madura, la actriz Suzanne Somers identificó los siete males que intentaban atacarla. Su libro es un boom desde que apareció en la segunda parte de Sex and the city.

Las cuatro amigas más famosas de Manhattan están en una nueva etapa de sus vidas. Carrie en crisis matrimonial, Charlotte como una madre agobiada, Miranda ha bajado sus expectativas laborales y la sensual Samantha debe lidiar con sus cincuenta y tantos… y con la pérdida de deseo sexual, una verdadera tragedia para el personaje interpretado por Kim Cattrall. Es la segunda parte de Sex and the city, donde la rubia, dispuesta a cualquier cosa por “engañar” a su cuerpo, encuentra el libro The sexy years y lo transforma en su biblia.
En este best seller la actriz Suzanne Somers relata lo brutal que puede resultar la menopausia para una mujer que, después de años de ser delgada, tonificada y llena de energía, se encontró cara a cara con una serie de males que la torturaban. Decidida a enfrentarlos, los llamó ‘los siete enanos de la menopausia’: picoso, malhumorado, sudoroso, dormilón, hinchado, olvidadizo y reseco. ¿Se le olvidó a Suzanne el enano feliz? Es posible… muchas mujeres post-menopausia se declaran dichosas de haberse sacado un peso de encima. Para las que aún no llegan a esa etapa, estos son los consejos de la rubia protagonista de la serie ochentera Tres son multitud.
Picoso: ¡no soporto mi piel!
“Fue el primero de los enanos en llegar a mi vida. Comencé con una irritante picazón en mi pantorrilla derecha y no podía dejar de rascarme”, recuerda Somers. ¿La razón? Una disminución en los niveles de las hormonas durante la menopausia provoca sequedad cutánea, básicamente por una baja progresiva en el colágeno y el grosor de la piel, que se vuelve más fina y pierde elasticidad. También pueden aparecer acné o pequeñas venas que se asoman en las zonas más sensibles.
Obviamente, los síntomas pueden ser diferentes en cada mujer, pero las afecciones cutáneas se producen en casi la totalidad de quienes llegan a la menopausia. Apenas estas señales comienzan a hacerse evidentes, es importante tomar medidas, especialmente para evitar los daños de la exposición a los rayos del sol. El climaterio exige tomar ocho vasos de agua al día y usar cremas hidratantes, ojalá específicas para cada tipo de piel y, por lo tanto, recetadas por un dermatólogo.
Sudoroso: noches desagradables
“Ding dong… en la mitad de la noche apareció Sudoroso y se metió en mi cama. Trajo consigo desagradables bochornos y me introdujo en el mundo de los sudores nocturnos, haciéndome sentir que había un grifo en medio de mis pechos”, explica la actriz.
Descrito como una sensación súbita de calor intenso en la cara, cuello y pecho, enrojecimiento cutáneo, episodios de sudoración y aceleramiento del ritmo cardíaco, puede suceder varias veces al día y, sobre todo, en las noches. Su incidencia alcanza el 80 por ciento de las mujeres, puede durar entre dos y cinco años, y aunque su existencia está relacionada con la pérdida de hormonas, nada explica por qué afecta a algunas más que a otras.
Sí se sabe que quienes más sufren este mal son las mujeres perimenopáusicas, es decir, aquellas que aún tienen su ciclo pero están en proceso de terminar la producción hormonal. También pueden darse con mayor violencia en aquellas que están viviendo una posmenopausia quirúrgica (por histerectomía).
Malhumorado: drama permanente
“Hace muy poco mi síndrome premenstrual duraba uno o dos días por mes. De pronto comencé a sentir que vivía constantemente en ese estado. Podía pasar de la risa al llanto en sólo segundos… no dejaba de preguntarme qué estaba pasando conmigo”. Así relata la actriz la llegada a su vida del enano Malhumorado.
Es muy común que una mujer durante la menopausia comience a sentirse triste, ansiosa, irritable y de mal genio. Según los especialistas, esto es consecuencia de otros síntomas del climaterio como sofocos, fatiga y sudores nocturnos, sumados al sentimiento de pérdida de juventud, fin de la edad fértil y otros cambios que pueden llevar a una depresión.
Durante la perimenopausia el riesgo de padecer esta enfermedad aumenta diez veces respecto de los años previos, principalmente por la disminución de estrógenos, progesterona y de la hormona folículo estimulante. Es importante considerar que quienes han sido diagnosticadas con depresión postparto o que han mostrado marcados síntomas de angustia durante sus ciclos menstruales, están más expuestas.
Dormilón: bostezos a toda hora
Las fluctuaciones de las hormonas pueden interrumpir los patrones de sueño en la noche y en algunos casos, causar problemas de somnolencia. Además, los bochornos y sudores nocturnos suelen interrumpir el ciclo normal.
“Era evidente que después de Sudoroso iba a llegar Dormilón… ¡Estaba cansada todo el tiempo! Me despertaba muchísimas veces en las noches y no podía volver a dormir”, señala la protagonista de Tres son multitud.
Las alteraciones del sueño durante el climaterio incluyen frecuentemente sacudidas musculares y aparición de ronquidos, factores que inducen a irritabilidad, disminución de la capacidad de concentración, somnolencia excesiva y, obviamente, mal humor.
Es muy importante no mirar en menos estos síntomas. Si persisten por más de un mes, pueden causar problemas en la vida social, laboral o en las relaciones de pareja, por lo que siempre es recomendable consultar a un médico.
Hinchado: ¿dónde está mi cintura?
La experiencia de la mayoría de las mujeres sobre 50 años establece una relación entre la menopausia y el aumento de peso, lo que puede producirse porque, al dejar de ovular, el cuerpo produce mucho menos estrógenos. Pero además, a diferencia de las jóvenes, que acumulan la grasa en la parte inferior del cuerpo (especialmente en las caderas), durante el climaterio el lugar que más crece en volumen es el abdomen. Esto incrementa las posibilidades de sufrir enfermedades como diabetes, artrosis, hipertensión, insuficiencia venosa, además de un mayor riesgo cardíaco.
Con la edad, tanto hombres como mujeres tienden a disminuir los músculos y aumentar la grasa. Reducen la actividad física, el gasto de energía y, como consecuencia, el metabolismo se vuelve más lento. Pero no sólo se trata de ganar peso. Algunas experimentan hinchazón y retención de líquido en la primera etapa de la menopausia, síntomas que, afortunadamente, suelen ser temporales.
“La que alguna vez fue mi esbelta figura comenzó a desaparecer, sobre todo en la parte media de mi cuerpo. El enano Hinchado me hizo ver que todo lo que yo creía sobre seguir un programa de alimentación saludable y ejercicios había perdido validez”, dice Suzanne.
Olvidadizo: adiós memoria
“No puedo recordar cuándo apareció en mi vida, sólo sé que un día mi cerebro simplemente dejó de trabajar. Siempre me consideré una mujer muy centrada, pero desde ese momento no logré almacenar ningún pensamiento coherente. Me acuerdo de haber hecho una entrevista sin registro de ninguna de las preguntas que debía hacer. Llegué a creer que tenía Alzheimer”, reflexiona la actriz.
Investigaciones sugieren que los estrógenos mejoran el estado de ánimo de las mujeres, por lo que se deduce que el ánimo depresivo impacta negativamente sobre el desempeño de labores cognitivas, y el buen humor suministrado con estrógenos puede favorecer funciones neurosicológicas tales como la memoria verbal. Un estudio de Yale detectó una mayor actividad cerebral en las áreas asociadas con la memoria activa de las mujeres posmenopáusicas que deciden tomar estrógenos y concluyeron que esta hormona ayudaría a superar los problemas de memoria.
Existen dos tipos de memoria: la de largo plazo y la activa. La primera es la que nos ayuda a recordar un episodio ocurrido hace diez minutos, diez meses o diez años. La memoria activa, en cambio, es la que permite mantener en la conciencia varios datos al mismo tiempo y compaginarlos con la elaboración del pensamiento. Esta es la que puede fallar durante el climaterio, lo que se traduce, por ejemplo, en que una mujer pueda olvidarse de alguien que acaba de conocer o del lugar en que dejó sus anteojos, así como presentar problemas para expresar sus ideas con la rapidez y claridad de antes.
Seco: de la cama… ni hablar
“Fue probablemente el más desagradable de los enanos. Gracias a él, el sexo dejó de estar en el top de mis prioridades. Por décadas la sexualidad en mi matrimonio había sido espectacular… pero de un momento a otro sentí que estaba muerta por dentro. Por fin teníamos mucho tiempo para gozar y no lo estábamos aprovechando”, señala la actriz, casada por décadas con el productor Alan Hamel.
Existen varios órganos que dependen de los estrógenos, entre ellos los internos femeninos. Durante la menopausia éstos se vuelven más delicados, se afinan y pierden su humedad natural. Como consecuencia, se produce dolor durante la relación sexual. Esto, sumado a otras manifestaciones como irritación vaginal y sangrado frecuente, conducen a una pérdida del deseo sexual.
El secreto de Suzanne
Al igual que a millones de mujeres alrededor del mundo, los médicos le recomendaron a esta actriz una terapia de reemplazo hormonal. Ella había escuchado que las hormonas sintéticas aumentaban el riesgo de cáncer en algunas personas y que actuaban básicamente aplacando los síntomas, pero no el problema de fondo. “Fue entonces cuando me enteré del elíxir de la juventud, el que mandó a los siete enanos de vuelta a las minas de carbón para no volver jamás: las hormonas bioidénticas naturales”, dice.
Este tratamiento —definido como natural porque las hormonas se obtienen de elementos como la soya y el boniato— entrega a las pacientes sustancias que poseen una estructura química exacta a las que produce el cuerpo humano. Por lo mismo, el organismo las reconoce fácilmente y las adapta como propias.
Las hormonas bioidénticas, dice Suzanne, le devolvieron las ganas de vivir, de gozar los años de madurez y de sentirse plena en su vida amorosa y sexual: “Después de todo, éstos son los años más sexies…”.
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